El último embuste de Sánchez

Un mentiroso a la cara

Álvaro Martínez
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Malos tiempos para la palabra dada en política, muy malos. Y desde ayer bastante peores (a que sí Garrido, a que sí Rivera...). La verdad, a qué negarlo, nunca termina por ser palabra de Dios para un político y menos aún cuando este se halla enfrascado en la batalla de las urnas, en ese complicado combate por ganar el poder donde uno se arremanga y ya no conoce ni a su madre. Seguramente, en los dos debates televisados los candidatos litigantes exageraron o deformaron esto o aquello con el fin de teatralizar el apocalipsis que supondría la victoria del rival, mentirijillas piadosas a beneficio de inventario y propias de ese guiñol de cachiporra que nunca deja de ser la palestra

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