Ramón Pérez Maura

Edward Snowden: de aquellos polvos, estos lodos

Saben que España es una mala ruta de penetración en la Unión Europea y buscan vías alternativas como Turquía

Ramón Pérez Maura
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Ayer la onfensiva islamista se manifestó en el Radisson Blue de Bamako, un hotel de una cadena con sede en Minnesota y que toma su nombre del explorador francés del siglo XVII Pierre-Esprit Radisson, buen amigo de los jesuitas. No puedo ocultar que el haberme alojado en el Radisson Blue –de Berlín– el pasado martes produce un extraño cosquilleo en la columna. El miércoles la ofensiva islamista se manifestaba con la detención de ocho yihadistas marroquíes en Estambul; pretendían emplear la ruta de los Balcanes para llegar a Alemania. Este éxito policial tiene un segundo magro consuelo: saben que España es una mala ruta de penetración en la Unión Europea y buscan vías alternativas. Y en ese movimiento hay una manifestación de los cambios que se están produciendo en el proceder de esta guerra yihadista.

Después de un tiempo empleando la táctica de los «lobos solitarios» –como hicieron en el maratón de Boston, por ejemplo– el Daesh empieza a realizar ataques más complejos, desplegando sobre el terreno «comandantes» que han sido entrenados en el territorio controlado por la organización terrorista y enviados después a ejecutar las masacres. Es decir, el objetivo del Daesh no ha cambiado: desde los territorios que controlan en la actualidad en Siria e Irak buscan crear un califato universal con una visión salafista del islam. Para ello, desde la retaguardia de Raqqa, buscan lanzar ataques sobre Occidente, sus aliados y sus intereses. Pero lo que vimos el 13 de noviembre en París demuestra que esta guerra ha entrado en una nueva fase. No se inspira a islamistas locales como hizo Al Qaida en Madrid el 11-M. Ahora se desplaza jefes terroristas entrenados meticulosamente.

Desde el punto de vista de la inteligencia, esta nueva forma de perpetrar atentados puede facilitar su detección. Cuanta más gente se vea involucrada en un atque terrorista, cuantos más viajes hagan y fronteras crucen, más fácil debe ser detectarlos. Y recordemos que hogaño cruzar fronteras es ir a Siria o al Líbano o a Turquía. No de Bruselas a París. Nos hemos acostumbrado tan rápido al espacio Schengen que hace una semana todos los medios de comunicación hablaban de que Francia había cerrado sus fronteras, cuando lo único que hizo fue poner controles fronterizos como los que había toda la vida. No se cerró nada. Y eso después de los graves fallos habidos en la inteligencia francesa. Sabemos que tenía al menos a uno de los terroristas de Bataclan, quizá a más, bajo observación y seguimiento. Pero o bien les perdieron la pista o no supieron interpretar correctamente la información que recopilaron.

Lo que nos hace recordar a otro héroe de la progresía occidental y huésped de Vladimiro Putin: Edward Snowden. Cuando esta semana el director de la CIA, John Brennan, afirmaba que ahora es más difícil identificar terroristas y desmantelar sus conspiraciones «a causa de ciertas revelaciones no autorizadas», el señalamiento a Snowden era más que evidente. Este traidor que sigue amparado en Moscú huyó a Rusia con múltiples detalles de los programas de seguimiento a estas organizaciones terroristas. Al hacerlos públicos dio la oportunidad a los islamistas del mundo entero de cambiar sus procedimientos de comunicación y hacerlos menos penetrables. Las familias de los muertos de París podrían tenerlo presente.

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