Abucheos al Rey Sol

El periodismo izquierdista no podrá ocultar las vergüenzas de este Gobierno

Hermann Tertsch
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Ha sido en Sanlúcar de Barrameda. Allí han recibido Pedro Sánchez y su mujer, la eximia africanista Begoña Gómez, algunas de los abucheos más tremendos recibidos nunca por un jefe de Gobierno español. Hay decenas de vídeos. En unos les pitan con Angela Merkel, en otros los abuchean e insultan sin Merkel, en todas se repiten los ¡Fuera, fuera! ¡Elecciones, elecciones! además de epítetos irreproducibles. Entre los más inocentes resonaba con fuerza ese «sinvergüenzas» que se ha extendido por toda España como única forma de calificar la operación de asalto al Estado, a sus cargos, sueldos, recursos y prebendas, organizada en dos meses bajo Sánchez para sus amigos, su familia, sus compañeros de partido y sus socios. La portada de ayer de ABC lo reflejaba. En cuarenta años de democracia no se ha visto jamás semejante impudicia a la hora de relevar a responsables en muchos cientos de cargos públicos con el único criterio de colocar a personas afines al presidente. La obscenidad con que han irrumpido en la administración para echar a profesionales y sustituirlos, sin escrúpulos, por gentes absolutamente ajenas a la tarea que deberán asumir, no tiene precedentes.

Los abucheos y las pitadas han sido un inmenso bochorno y son reflejo del ánimo de los españoles más auténticos que los fantasmales sondeos de un CIS definitivamente prostituido y desprestigiado bajo la dirección de un cocinero aparachik socialista especialista en potajes tóxicos.

El problema de las imágenes de los abucheos a Sánchez está en que muchos españoles no las habrán visto. En las redes sociales han arrasado porque millones de usuarios las han difundido como pequeña reparación ante la ofensa permanente que es la prepotencia de quien nada ha ganado nunca y de todo quiere hoy disponer. De un jefe de Gobierno con 84 diputados y el único apoyo de los enemigos de la Constitución que se atreve a decir que «hay sintonía entre este Gobierno y el pueblo». O que «Ciudadanos y PP deberían dejar de hacer oposición al Estado», en este delirio de parafrasear al Rey Sol. Y ver oposición al Estado donde solo la hay a su persona, gobierno, partido y siniestros socios. Sánchez no es el Estado sino el cabecilla y el lacayo a un tiempo de todos los enemigos del mismo. Por legal que fuera su artimaña para hacerse con el poder, favorecida por la desidia y cobardía de su oponente.

El problema está en que RTVE no ha dado las imágenes de mayor interés habidas en España en estos días. Como no las han dado otras cadenas de un duopolio, ya monopolio publicitario e ideológico, que mantiene secuestrada toda la información televisiva en España. La televisión pública bajo la dirección de la supuestamente impecable Rosa María Mateo oculta los abucheos y tantas otras cosas. Hace unos meses se anunciaban mil catástrofes. Ahora hay guerra oficial al catastrofismo. Y se callan las nuevas llegadas de inmigrantes, pasado el momento de presumir de ellas. Hablan de corrupción del alcalde de León, pero no de la mujer del presidente, hazmerreír y escándalo supremo por el cargo inventado a su medida en el Instituto de Empresa. Ni se habla del hermano de Sánchez, un mediocre músico enchufado en una diputación. Los medios hablan de Franco y del máster de Pablo Casado, no de los másters de las ninfas milicianas del Gobierno ni de la tesis doctoral fantasmal del presidente. Habrá que ver si el bloqueo informativo y la mentira permanente de los medios que protegen a Sánchez no acaba engañando más al propio Sánchez que a una población que tarde o temprano acaba viendo el vídeo de Sanlúcar. Sánchez se mostró sorprendido por los abucheos. Los españoles no.

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