Los premiados celebran eufóricos el Gordo de la Lotería de Navidad en Palencia en 2010
Los premiados celebran eufóricos el Gordo de la Lotería de Navidad en Palencia en 2010 - EFE

Lotería de Navidad«Tapar agujeros» o «darse a la vida de rico»: la historia de alguno de los ganadores de la Lotería de Navidad

Desde agraciados que acaban en la ruina a librerías que regalaron felicidad; ¿qué fue de los premiados?

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Hay algo que inamovible cuando se acerca el final del año. Y es que cada Navidad, concretamente el 22 de diciembre, con la llegada del Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad, la vida de muchas personas cambia radicalmente, por lo menos en el ámbito económico. Después de que los niños de San Ildefonso canten los premios más jugosos, surgen cientos de historias curiosas de personas que estuvieron cerca de atrapar un décimo, o que lo adquirieron en el último segundo; también de gente que no tenía nada y ahora pasa a crear un esperanzador horizonte monetario. ABC reúne la narración de alguno de los premiados de la Lotería de Navidad a lo largo del territorio nacional.

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  1. «Te llena mucho más ver a la gente feliz» (País Vasco)

    Una vendedora sujeta el cartel del quinto premio
    Una vendedora sujeta el cartel del quinto premio

    Puede ser la librería que más alegrías reparta del mundo. Se encuentra en el municipio vizcaíno de Sestao, a cuyos vecinos ha «regalado» en los últimos años varios millones de euros. El «bombazo», como dice la gerente de la papelería Las Llanas, Naiara Somalo, llegó en el año 2016, cuando vendió 60 participaciones del Segundo Premio de la Lotería de Navidad. Ella misma se llevó un pellizco, aunque la sorpresa era tal que no llegó a «asimilar» lo que había sucedido.

    «Es un caos completo», explica Naiara, que asegura que no fue verdaderamente consciente de que la realidad hasta que vio el dinero en el banco. Al igual que ella, otros vecinos de la localidad vizcaína se beneficiaron de un premio que, además de para «tapar agujeros», también sirvió para algún que otro capricho: «Te pagas unas vacaciones, hay quien le compra un coche a su hijo o reparte el dinero entre la familia», explica la gerente de Las Llanas, que hace hincapié en que la alegría de vender el boleto ganador a sus allegados es mayor que la de recibir el premio.

    Una sensación que comparte también José Antonio Vadillo, cuya administración de Abadiño (Vizcaya) repartió el Gordo del Sorteo de Navidad en 2016 y el Segundo Premio de la Lotería del Niño de 2015. «Te llena mucho más el ver a la gente feliz», asegura el lotero, que todavía se emociona al recordar la sorpresa de vecinos que estaban «pasando por una mala época» y que pudieron salir adelante con menos dificultades gracias al empuje del Gordo.

    En el ámbito privado, afirma el que es uno de los gerentes de la administración Hiru, el premio «no te cambia mucho». «Es una alegría, pero no es que digas que te jubilas —explica—. Te da un poco más de tranquilidad, te llena más a la hora de seguir trabajando y los problemas los llevas de otra manera».

    Por otro lado, Vadillo hace hincapié en la suerte que tanto él como sus socios tuvieron en 2016, cuando consiguieron los boletos ganadores gracias a un intercambio con otro local de Madrid. Un trueque que realizan desde hace varios años y que dejó en el municipio nada menos que 20 millones de euros.

  2. Un giro de 360 grados (Comunidad Valenciana)

    Imagen de archivo de un inmigrante que obtuvo un décimo premiado
    Imagen de archivo de un inmigrante que obtuvo un décimo premiado

    Cuando se aproximan estas fechas próximas al sorteo de la Lotería de Navidad, en Torrellano, una pequeña población de poco más de 7.300 habitantes perteneciente al municipio de Elche (Alicante), muchos vecinos recuerdan la historia de uno de sus lugareños a quien la fortuna le sonrió en varias ocasiones. «Aquí en el pueblo le llamaban el millonario, porque le tocó varias veces la lotería. Le tocó e gordo y se comentaba que le tocó más de un décimo», explica una vecina de la localidad. Según cuenta, hace ya unos veinte o veinticinco años que a un joven camarero le tocó el premio. Sin embargo, de aquel tiempo a esta parte, «ha pasado de no tener nada a tenerlo todo, y otra vez a no tener nada».

    «Se dio a la buena vida (se compró un apartamento, un chalé, un coche; a su cuñado le compró un "Mercedes"... y le engañaron. Los propios vecinos del pueblo se aprovecharon», cuenta otra mujer que fue vecina de la hermana de este joven. El dinero que obtuvo pronto se esfumó. «La inmobiliaria le instó a comprarse un chalet, a arreglarlo entero, se gastó muchísimo dinero», añade.

    De su «vida de rico», ya no le queda nada. Ni el apartamento, ni el chalet ni los coches. El hombre, apuntan los vecinos, ronda los 50 años, ha vuelto a vivir con su hermana y a trabajar de camarero a su antiguo puesto.

  3. «Hacía mi ritual para cuando me tocara el ‘Gordo’» (Castilla-La Mancha)

    María Rosa Valera (2i) celebra el Gordo de la Lotería de Navidad
    María Rosa Valera (2i) celebra el Gordo de la Lotería de Navidad - EFE

    María Rosa Valera, de la pastelería «La Piedad» en Talavera de la Reina, repartió ocho millones de euros en 2016. 400.000 euros fueron para ella y su marido. Gracias al premio, ahora puede descansar los domingos y festivos

    María Rosa Valera lo había soñado miles de veces. Lo de meterse en la cama y dormirse pensando que un día le iba a tocar el Gordo de la Lotería de Navidad. Tanto es así que, en esos sueños, «hacía mi ritual y me arreglaba, me pintaba un poquito, por si venía la prensa que no me encontrara de cualquier manera…».

    Y entonces ocurrió. El 22 de diciembre de 2016, María Rosa encendió la radio mientras atendía a los clientes detrás del mostrador de la pastelería «La Piedad», en Talavera de la Reina, negocio que regenta con su marido. A las 11.57 horas salió el Gordo, y «escuché que había acabado en trece». Enseguida «subí el volumen de la radio, oí el número completo y me eché las manos a la cabeza». Efectivamente, ese año el Gordo fue el 66.513, el número al que en la pastelería «llevábamos más de 20 años abonados». María Rosa vendió 20 décimos del 66.513, es decir, repartió ocho millones de euros. Uno de esos décimos era suyo: acababa de ganar 400.000 euros.

    «Te empiezan a entrar escalofríos por todo el cuerpo y una emoción que no sabes si ponerte a saltar, a reír, a llorar… Me puse muy nerviosa, llamé a mi marido y ya empezamos a compartirlo con el resto de la gente a la que le había tocado», explica a ABC recordando ese momento. Y sí, «fue como lo había imaginado». Hubo gritos, hubo saltos, hubo champán… y vino la prensa a poner el micrófono y a hacer fotografías para que esa alegría quedara para la posteridad.

    María Rosa admite que el Gordo, en cierta manera, le cambió la vida. «Me cambió porque antes en la pastelería abríamos todos los días, domingos y festivos incluidos. Mi marido y yo no librábamos nunca. Además, con mis hijos estudiando, no me podía permitir cerrar. Ahora sí lo hago y no tengo esa ansiedad de pensar que un mes me va a venir algún imprevisto», relata con sencillez. Por lo demás, todo sigue igual: «No somos ostentosos, tampoco hemos cambiado mucho de vida».

    Pese a la fama que puede dar un premio así, en la pastelería no se han incrementado las ventas. «Lo que sí pasa es que la gente te mira, sobre todo en estas fechas, y pasan y te preguntan, pero creo que eso va a ser así para el resto de la vida», admite María Rosa, que sigue jugando al 66.513, como a otros cuatro o cinco números más. «Este año tengo la esperanza de que va a tocar el 17.439», añade.

    Talavera de la Reina es una de las ciudades con más paro de España. Con una tasa que ronda el 30 por ciento, solo la superan un puñado de territorios andaluces. «Talavera vive mucho del comercio. Antes funcionaba de la costura, de la construcción y del comercio en general. Con la crisis, el comercio bajó muchísimo porque, básicamente, no hay dinero», cuenta la pastelera de «La Piedad». De ahí que «el mayor orgullo es dar un premio a tu vecino, a tu hijo, ayudar a la gente a la que quieres. El anuncio dice que ‘lo más bonito es compartirlo’, y es verdad».

  4. La suerte sonríe a un inmigrante sin trabajo (Comunidad de Madrid)

    Los agraciados con el Gordo celebran su premio en la Administración Número 12 de Alcalá
    Los agraciados con el Gordo celebran su premio en la Administración Número 12 de Alcalá - DE SAN BERNARDO

    Tras tres años de desdichas, la suerte cogió de la mano a Voica Cristian en 2012. Residente en Alcalá de Henares, pero oriundo de Rumanía, el joven de 31 años llevaba tres en paro. Su mala época, inundada de tristeza y melancolía, terminó cuando la sonrisa empezó a asomar en su rostro gracias a la fortuna de un boleto premiado: el 76.058, el Gordo de ese año.

    La mayor parte del primer premio cayó en esa localidad madrileña, concretamente en la Administración Número 12, situada en el número 4 de la calle del Chorrillo, que fue la encargada de vender 130 series entre los vecinos.

    «Compré el décimo por casualidad. Me hacía mucha falta», aseguró Voica Cristian a Efe el mismo día que su cuenta bancaria se llenó con 400.000 euros, algo que cambió el duro futuro que entonces tenía por delante.

    Las preocupaciones terminaron también para los trabajadores de Kametal, una empresa que estaba a punto de echar el cierre, el 22 de diciembre. Manuel y Felipe no pudieron disimular su alegría. Llevaban cinco meses sin cobrar, la compañía estaba en concurso de acreedores. Saltaron y lanzaron champán al aire. «¡Ahora somos millonarios!», gritaron: «En total somos 25 trabajadores y cada uno se lleva un décimo. Se han terminado nuestras preocupaciones».

    En paro, o a punto de estarlo, la calle del Chorrillo se llenó de vítores y alegría y se inundó con el alcohol de botellas descorchadas por los agraciados complutenses.

  5. El quinto del Mercadona (Castilla y León)

    La imagen es de la celebración por un segudo premio en Salamanca
    La imagen es de la celebración por un segudo premio en Salamanca - Ical

    Cuando llegan estas fechas, en prácticamente todas las compañías españolas que juegan a la Lotería de Navidad se escucha la misma frase: «Coge el décimo de la empresa, que si luego toca vas a ser el único que no se lleve nada y te vas a arrepentir». Y el mejor ejemplo de que en las firmas también toca es el supermercado Mercadona de Torrelago, en Laguna de Duero (Valladolid). En este establecimiento «cayó» el año pasado un quinto premio que se llevó casi toda la plantilla de 60 trabajadores de la tienda.

    Angélica Carballo fue una de las afortunadas que se llevó el «pellizquito». La noticia le llegó justo al acabar su descanso. Al ir a su puesto de trabajo, la gerente del establecimiento estaba diciendo que les habían tocado 6.000 euros, lo que le supuso «una alegría tremenda». «Ese día fue súper divertido, porque estábamos todos muy contentos» afirma Carballo, que además explica que, como en el anuncio de este año del Sorteo Extraordinario, la felicidad fue doble «porque nos tocó a todos, fue totalmente repartida. Lo vives de otra manera si lo compartes con el resto de la gente». En cuanto al dinero, Carballo apunta de manera alegre que les «apañó los reyes» y se hicieron con caprichos «que sin el premio probablemente no los hubiésemos comprado».

    Gaspar Campesino fue otro de los empleados que consiguió el premio. En su caso, le pilló durmiendo, porque estaba de turno de noche. «Cuando me desperté esa mañana tenía como 15 llamadas y 20 mensajes que me decían que había tocado el número de Mercadona», afirma entre risas. Nada más levantarse, se fue para la tienda para celebrarlo con todos sus compañeros agraciados, que era «un día para ello». Campesino, que usó el dinero para disfrutar de un crucero con su familia, asegura rotundo que volverá a jugar de nuevo con el mismo número «que me pide ya muchísima gente. Y ojalá toque dos veces seguidas».

    Otra de las agraciadas fue Patricia Morales, que le llegó la noticia mientras trabajaba en el establecimiento y, al principio, no se creía que les había caído el quinto premio. «Pensaba que se estaban quedando con nosotros», pero nada más lejos de la realidad. Ese día, Morales asegura que los clientes «alucinaban un poco al principio, porque no sabían qué pasaba, pero luego ya se pusieron al corriente». Esta trabajadora de la tienda usó el «pellizco» para su viaje de novios y explica que volverá a jugar el número de la tienda, el 03.278, una cifra que ahora «nos la quitan de las manos» y que espera que, por un casual, vuelva a agraciarles este año.