Foto archivo de un avión de la aerolínea Germanwings - EFE

Violencia y humillaciones en un vuelo alemán de deportación de ilegales con destino a Madrid

Los Verdes y Die Linke exigen al gobierno de Berlín que aclare lo sucedido en el «vuelo del horror»

Corresponsal en BerlínActualizado:

«Se trata de acusaciones muy serias, por eso esperamos que el ministro de Interior brinde toda la información cuanto antes y tome postura», ha dicho la presidenta regional de Die Linke (La Izquierda) Katina Schubert, tras la presentación de una petición de comparecencia parlamentaria, «si las acusaciones son ciertas, la Oficina de Inmigración estaría actuando completamente fuera del marco de actuación de la coalición y en ese caso debe ser la coalición la que lo discuta, para erradicar estas prácticas inhumanas». Se estaba refiriendo al vuelo del pasado 6 de junio, que salió desde el aeropuerto de Schönefeld de la capital alemana rumbo a Madrid, llevando a bordo 90 extranjeros de diversas nacionalidades, 24 de ellos menores de edad, que eran devueltos a la fuerza a territorio español en cumplimiento de la normativa Dublin III, que establece que los extranjeros deben solicitar asilo en el primer país de territorio europeo que pisan.

Según ha confirmado el Senado de Berlín tras la correspondiente consulta por vía parlamentaria, 49 agentes de policía, dos médicos y dos sanitarios, además de un traductor, acompañaban a los deportados. El Ministerio de Interior, por su parte, informa que a bordo volaron 83 policías. El Consejo de Refugiados de Berlín ha denunciado este «vuelo del horror», informando acerca de violencia y malos tratos contra los deportados, además de medicamentos que fueron suministrados a la fuerza durante el vuelo.

Varios de los deportados han testificados que un hombre mentalmente discapacitado fue sedado con una droga y varias otras personas fueron atadas a sus asientos, entre ellos una mujer que volaba con varios hijos pequeños y que estaba siendo separada de su marido, por lo que durante el despegue gritaba y lloraba desconsolada. Los mismos testigos aseguran que varios policías se rieron de ella y se burlaron también de otros inmigrantes que lloraban ante la escena.

En respuesta a una pregunta parlamentaria de la diputada de Die Linke Ulla Jelpke, el Ministerio de Interior ha informado que uno de los inmigrantes fue introducido a la fuerza en el avión y que cinco de ellos volaron con cinturones inmovilizantes abrochados, que mantienen los brazos pegados al cuerpo, debido a su resistencia, pero que nadie resultó herido. También ha informado que las acusaciones generalizadas de violencia física durante el vuelo no han sido confirmadas, aunque la negativa de los deportados obligó en casos individualizados al uso de la coerción inmediata. «Las deportaciones forzadas son solo el último medio, siempre se da prioridad a las deportaciones voluntarias», se esfuerza por subrayar el Ministerio, que insiste también en que en el aeropuerto de Schönefeld hay un «observador» independiente que supervisa los procesos y que todos los trabajadores públicos implicados son «sensibilizados» para afrontar la situación. Pero las cifras demuestran que las deportaciones están cobrando un ritmo mecanizado que dificulta el control pormenorizado sobre el proceso.

Expulsiones de migrantes

En los primeros seis meses de 2018, Alemania ha expulsado en vuelos colectivos a otros países de Europa más del triple de migrantes que en el mismo período de 2017, según datos publicados por el Ministerio del Interior. Entre enero y julio de 2018, la Policía alemana envió a estados vecinos a 485 personas en un total de 17 expulsiones conjuntas. El año anterior, el número de migrantes devueltos a otros países del viejo continente fue de 153 en siete vuelos colectivos y en 2016 de tan solo 26 en dos vuelos. El destino principal de estos ciudadanos extranjeros fue Italia, según indican las cifras oficiales, aunque también son expulsados a menudo solicitantes de asilo a España o Grecia.

Este tipo de expulsiones a la fuerza habían dejado de aplicarse desde que estalló la crisis de refugiados en 2015 y se han reactivado más recientemente con el objetivo de sacar del sistema de ayudas sociales a cuantos extranjeros sea posible. A esos 485 se suma otro número indeterminado de extranjeros expulsados en vuelos regulares o que abandonan el país por su cuenta después de recibir la notificación de las autoridades de Extranjería. El gobierno no publica esa cifra. Tan solo entre marzo y junio de este año, Alemania expulsó a otros países miembros de la Convención de Dublín a 2.422 personas, según indica una respuesta del Gobierno alemán a una pregunta formulada por el grupo parlamentario del partido de la oposición La Izquierda.

Durante 2016, según una información publicada por Süddeutsche Zeitung citando datos de la Oficina Federal para Migraciones y Refugiados, fueron expulsados 25.000 extranjeros irregulares sumados a los 55.000 que abandonaron el país de forma voluntaria.

Cerca de un 90% de alemanes quiere que se aceleren las expulsiones de migrantes en situación irregular, según un sondeo publicado el pasado verano por la cadena de televisión pública ARD. Un 86% de los encuestados quiere que se acelere la expulsión de migrantes que no han obtenido asilo y el 62% considera que los extranjeros sin documentos que llegan a las fronteras de Alemania deben ser rechazados.