Una mujer lleva unas flores al memorial de la sinagoga
Una mujer lleva unas flores al memorial de la sinagoga - Reuters

Trump, atrapado entre su mensaje agresivo y la violencia previa a las elecciones

El presidente trata de navegar su reacción a los crímenes perpetrados por fanáticos alimentados por el ‘trumpismo’ a una semana de las legislativas

Corresponsal en Nueva York Actualizado: Guardar
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EE.UU. vive en un clima de alta tensión social y política cuando falta apenas una semana para que el país vaya a las urnas en las decisivas elecciones legislativas. A comienzos de la semana pasada, Donald Trump estaba metido hasta el cuello en la campaña, con mitines multitudinarios casi diarios en distritos clave, con el objetivo de que sus aliados republicanos mantengan el máximo poder posible en el Congreso, donde ahora gozan de mayoría en ambas cámaras. El presidente de EE.UU. es consciente de que las elecciones son un referéndum a su persona y que la segunda parte de su mandato estará condicionada por la configuración del Congreso.

Trump llegaba espoleado por la agresividad de su mensaje antiinmigrante, con el trampolín de la caravana de centroamericanos que se dirige a EE.UU., con los buenos números de la economía y con la promesa de más recortes de impuestos.

El envío de paquetes bomba a enemigos políticos de Trump, perpetrada por un seguidor fanático del presidente, y la matanza en una sinagoga de Pittsburgh, ejecutada por un extremista de la ‘alt-right’ impulsada al calor del ‘trumpismo’, le han cortado su mensaje electoral y le han obligado a negociar la agresividad de su retórica.

Parte de la opinión pública denuncia que los insultos a sus enemigos políticos, las amenazas, la incitación a las agresioines y la confrontación identitaria que ha acompañado a Trump en su ascenso al poder son el caldo de cultivo de la violencia vivida en los últimos días.

Ante ambos episodios, Trump ha reaccionado inicialmente con el tono presidencialista en el que, incluso buena parte de sus seguidores, se espera que se instale algún día. Tras la aparición de paquetes bomba destinados a Barack Obama, Hillary Clinton, Joe Biden o Eric Holder, el presidente ofreció un mensaje de unidad ante la violencia y las amenazas políticas. Pero, pocas horas, después se quejaba de que el asunto era una distracción que estaba «ralentizando» el impulso de los republicanos y parecía abrazar teorías conspiradoras de comentaristas de extrema derecha cuando lo calificaba como «esto de las bombas». Después, en un mitin bromeaba con sus propias voluntad de no enfrentar al país: «¿Véis lo bien que me estoy portando hoy?», bromeaba con sus seguidores.

El atentado de Pittsburgh, el peor sufrido por la comunidad judía en EE.UU. en su historia, es mucho más grave y Trump, cuyo lo condenó sin ambages como un «crimen antisemita» y volvió a pedir unidad. «El ‘modus operandi’ del presidente es dividirnos», replicó ayer en la CNN el senador demócrata Adam Schiff. «No es suficiente que en el día de una tragedia diga las palabras adecuadas, si el resto de días dice cosas para crear conflicto entre nosotros».

Schiff acusó a Trump de buscar un tono de «división, muchas veces de odio, en ocasiones de incitación a la violencia contra los periodistas» y defendió que lo que importa es «qué tipo de clima político se está creando en el país» y que el presidente tiene «un papel central en ello».

Trump lamentó la violencia pero, a pocos días de las elecciones, no puede evitar seguir en campaña. El sábado, después de la tragedia, decidió no cancelar un mitin previsto esa noche en Illinois. «Si no os importa, voy a bajar un poco el tono», anunció a sus seguidores. «¡No!», devolvió la muchedumbre desde las tribunas. «Tenía el presentimiento que ibais a decir eso», reaccionó el presidente, que ha alimentado con retórica agresiva a sus bases desde que anunció su candidatura a la Casa Blanca.