La reina Isabel da la bienvenida a Theresa May - REUTERS
Reino Unido

May, primera ministra: «Gobernaré para todos, no para los privilegiados»

Fuerte contenido social en su primer discurso ante el Número 10 tras ser designada por la Reina

LONDRESActualizado:

A las 18.07 de esta tarde (una hora más en España), la puerta del Número 10 de Downing Street se cerró a las espaldas de Theresa May y su marido Philip, un risueño alto ejecutivo de banca. May, de 59 años, ya está en el que en principio será su hogar hasta 2020. Solo un cuarto de hora antes había salido de Buckingham, donde la Reina, muy sonriente, le encargó formar Gobierno y ella aceptó besando las manos de la soberana.

La nueva primera ministra y primera lord del Tesoro (pues tal es el título oficial), la segunda mujer en la historia 26 años después de Thatcher, se dirigió luego al Número 10. La aguardaban las verjas de la calle abiertas, y ofreció en el atril frente a la puerta de la residencia su primer discurso, que sorprendió por su carga social y por un tono muy alejado del que ha empleado en los últimos años, por ejemplo, el ministro de Economía, el altivo George Osborne. «Quiero una Gran Bretaña que funcione para todos, no solo para los privilegiados», dijo May, que hizo suyo el eslogan «Un Gobierno para Una Nación», con el que Cameron ejemplificaba que quería llegar a todas las capas sociales, aunque su política fiscal en la práctica a menudo privilegió a los más pudientes.

May, una dama que cuida mucho la vestimenta y más todavía el calzado, iba de negro, pero con la parte baja de su chaqueta de llamativo amarillo, engalanada con un collar de categoría y con unos mocasines de estampado de leopardo. Se la veía inmensamente contenta, a pesar de su conocida austeridad emocional, y la sonrisa no abandonó su rostro.

Destacó que su formación se llama en realidad Partido Conservador y Unionista y recordó que el segundo adjetivo es importante para ella; todo un aviso a los separatistas escoceses. Pero el meollo del discurso fue su promesa de un país más igualitario. Arrancó elogiando a Cameron como un primer ministro moderno, que estabilizó la economía y trajo justicia social. Pero en realidad parecía como si con su discurso estuviese marcando un rápido giro en el timón de lo que han sido los últimos seis años.

Recalcó que el Gobierno que ella dirigirá no estará dirigido por los intereses de unos pocos privilegiados y que cuando tenga que hacer las «grandes llamadas», pensará siempre en «la gente común».

«Si tú eres de una familia de clase trabajadora, la vida es más dura de lo que cree mucha gente que está en política. Tienes un trabajo, pero no siempre la seguridad de conservarlo. Tienes tu propia casa, pero te preocupa que te suba la hipoteca. Te preocupa el coste de la vida, la calidad de la escuela, local, porque para ti no hay otra opción». Frente a esas angustias, dijo que trabajará para que «la gente pueda tener el control de su propia vida».

Poco antes de la llegada de May, dejaban el Número 10 Cameron, su esposa Samantha y sus tres hijos pequeños. El ex primer ministro se dirigió al atril, dio las gracias a todos y dijo que servir en el puesto había sido «el mayor honor de su vida». Cogidos de la mano, pero sin el gato Larry, se fueron rumbo al piso que han tuvieron que alquilar con urgencia en la noche del lunes. La historia de la vieja y acrisolada democracia británica continúa.