La canciller alemana, Angela Merkel
La canciller alemana, Angela Merkel - REUTERS

Merkel llamó por teléfono a Rajoy para interesarse por los detalles de su retirada

La canciller quiere seguir al frente del gobierno hasta que se agote la legislatura, que termina dentro de tres años

Corresponsal en BerlínActualizado:

Merkel cambió ayer el guion de reacciones al pésimo resultado electoral en las regionales del Hesse del domingo, al anunciar en la reunión de la directiva de la CDU que no se presentaría como candidata a seguir dirigiendo el partido durante el congreso programado para diciembre en Hamburgo. La canciller alemana eligió este momento para abrir la puerta de un proceso de sucesión lo más ordenado posible y su decisión, apenas fue filtrada al exterior de la Casa Konrad Adenauer, era percibida desde todos los partidos alemanes como un acontecimiento que marca un cambio de era política en Alemania. Al fin y al cabo, Merkel está al frente de la CDU desde 2000, cuando un escándalo de financiación se llevó por delante a otra figura histórica, Helmut Kohl, y su visión ha marcado el conservadurismo alemán y europeo durante las dos primeras décadas del siglo XXI.

Fiel a sus principios, trató de revestir el anuncio con todos los signos posibles de estabilidad. Desdramatizó el paso afirmando que «sencillamente, ha llegado la hora de pasar a otro capítulo» y recordando que «siempre he dicho que no nací canciller y que nunca lo he olvidado, mi objetivo era ocupar con la mayor dignidad los cargos públicos que se me encomendasen y después marcharme». Quienes trabajan a diario con la canciller alemana recordaban ayer cómo, hace meses, Merkel expresó su agrado en privado por las formas de la retirada de Rajoy e incluso habló personalmente por teléfono con él para interesarse por los detalles. Su oficina precisó más tarde que la canciller no tiene ninguna intención de ocupar puesto alguno en Bruselas o en organizaciones internacionales, lo que sugiere un mutis por el foro de la política tan discreto como el de su colega español. Pero hasta que eso llegue, y esto se encargó la canciller de subrayarlo muy intencionadamente en la rueda de prensa, seguirá al frente del gobierno hasta el final de la legislatura, lo que significaría tres años más.

Posibles sucesores

Eso, de todas formas, está por ver. El portavoz en materia económica de la CDU, Joachim Pfeiffer, pidió públicamente en la tarde de ayer la dimisión de Merkel no solamente de la dirección del partido, sino también de la Cancillería de Berlín. «Necesitamos nueva gente y nuevo programa, no seguir como si nada pasara», dijo, acertando a traducir la decisión que tanto revuelo estaba causando. Con paso atrás en el partido y el anuncio de que no volverá a ser candidata en las elecciones generales, Merkel no cambia nada. Eran decisiones que caerían por su propio peso después de cuatro legislaturas. Lo que cambia es que dentro de la CDU, los candidatos a suceder la resistente Merkel estaban haciendo guerra de guerrillas de puertas adentro del partido y ahora se verán obligados a salir a la luz. Solo en las horas posteriores al anuncio se postularon la actual secretaria general y persona de su confianza, Annegret Kramp-Karrenbauer, el ministro de Sanidad, Jens Spahn, y el presidente de Westfalia Norte, Armin Laschet. En los aplausos a unos y a otros, en la sede del partido, comenzaron a percibirse preferencias. Otro posible candidato con posibilidades es el jefe del grupo parlamentario Friedrich Merz, que compareció junto con Merkel en la rueda de prensa. Y es más que probable que haya además otros candidatos tapados, seguramente con más peso de partido, que esperen a lanzar su candidatura el momento propicio y más cercano a las elecciones, para evitar desgaste innecesario.

Marcando esta agenda, Merkel también ha cambiado el paso del Partido Socialdemócrata (SPD), socio de la gran coalición, que planeaba presentar a la canciller un pliego de exigencias como condición a la continuidad del pacto, un chantaje en toda regla con el que tapar la propia pérdida de votos, mayor aún que la de la CDU. Poniendo el listón tan alto, la canciller ha deslegitimado cualquier exigencia de un partido que pierde apoyo electoral sin remedio y que se niega a asumir consecuencias personales. Su presidenta, Andrea Nahles, presentó ayer efectivamente un «borrador de documento de discusión», cargado de medidas de lucha contra el cambio climático y ciertas mejoras sociales, e insistió en que no habrá dimisiones en el SPD. Pero el jefe de las juventudes socialdemócratas, los irreverentes Jusos, llamaba anoche abiertamente a abandonar ya la gran coalición.

Alegría para AfD

También llamaban ayer a la dimisión total de Merkel y al final de la gran coalición los líderes del partido antieuropeo y antiextranjeros Alternativa para Alemania, cuyo copresidente Jörg Meuthen declaraba que «ella ya contaba con que no sería reelegida, así que de nada sirve que no se presente, lo realmente necesario es que deje ya el gobierno, porque estamos ante el declive de una estructura de poder» y, aunque reconoció que la había recibido como «una buena noticia», dejó claro que «lo uno sin lo otro no tiene mucho sentido». El también copresidente de AfD, Alexander Gauland, subrayó por su parte que «si Merkel deja el partido, la CDU no estará cambiando realmente, porque no es la única que ha defendido una política errónea».

«Es una retirada a plazos, anunciada en el último momento. La larga e impresionante carrera política de Angela Merkel amenazaba con terminar en una tragedia», hacía ya balance el historiador Tilman Gerwien a propósito de las tensiones sufridas por la canciller en los últimos meses. «Podría haberse marchado con tiempo suficiente antes de las últimas elecciones, victoriosa e invicta», pero «ha preferido luchar hasta el final y saborear, si es necesario, el sabor de la derrota», leía por su parte el coeditor del semanario Der Spiegel, Jakob Augstein, «eso no es una vergüenza en democracia, pero es amargo para una mujer que siempre ha dado la imagen de alguien que se hizo a sí misma».