El candidato del SPD, Thorsten Schaefer-Guembel (izquierda), saluda al primer ministro de Hesse, Volker Bouffier, tras las elecciones regionales
El candidato del SPD, Thorsten Schaefer-Guembel (izquierda), saluda al primer ministro de Hesse, Volker Bouffier, tras las elecciones regionales - Afp

Las urnas asestan en Hesse otro duro golpe a Merkel y su coalición de gobierno

Batacazo del CDU y el SPD en las elecciones regionales, mientras Los Verdes suben con fuerza y AfD entra en el Parlamento

Corresponsal en BerlínActualizado:

Cerveza, proseco y champán quedaron sin consumir anoche en la sede de la CDU de Wiesbaden. La Unión Cristianodemócrata de Angela Merkel obtuvo el 27% de los votos en las elecciones regionales de Hesse, desde el 38% que había conseguido en las anteriores de 2013. El presidente regional, Volker Boufier, podría volver a formar gobierno con Los Verdes, que con el 20% fueron los grandes ganadores de la noche y salvar por la mínima la gran coalición de Berlín, pendiente de estos resultados para decidir su futuro. Sería un gobierno de 72 escaños de un total de 126 y permitiría una lectura de supervivencia para Merkel.

El resultado de Hesse se parece mucho al de hace dos semanas en Baviera, pero tiene mucho más significado, porque en Hesse no está la CSU para poder echarle la culpa. A la Unión Socialcristiana bávara pertenece el ministro de Interior alemán Horst Seehofer, expresidente regional y cuyos pulsos al resto de partidos de la coalición han dañado gravemente la reputación de este gobierno. Su dimisión es esperada con cierta ansiedad, no solo el resto de los partidos, sino también por buena parte del suyo propio.

Pero en Hesse no hay ese elemento de distorsión. Este Bundesland, que alberga la sede financiera de Fráncfort, ha estado gobernado durante la última legislatura, junto con Los Verdes, por Volker Boufier, uno de los últimos hombres de confianza de Angela Merkel y del que la canciller ha dicho durante esta campaña electoral: «No conozco a un mejor presidente que él».

Fuentes internas de la CDU habían adelantado que si Boufier no conseguía formar gobierno de nuevo, la CDU entendería que el mandato de las urnas es un giro radical y seguramente Merkel perdería el apoyo de su partido de manera definitiva. Pero si logra formar gobierno, de acuerdo con esas mismas fuentes, «la lectura del partido es que se puede seguir adelante con la Gran Coalición, aunque con visibles cambios».

Las primeras reacciones respondieron al guión y la presidenta de la CDU, Annegret Kramp-Karrenbauer, compareció restando importancia al «típico ajustado resultado de Hesse» y para decir que, a pesar de la «dolorosa» pérdida de votos, las urnas de Hesse habían vuelto ha emitir un mandato a favor de que Boufier forme de nuevo gobierno y definió como un «éxito» el hecho de que la CDU haya logrado evitar que gobierne una coalición de izquierdas, una amenaza que se reproduce a escala federal como consecuencia de la caída en picado de los grandes partidos.

Volker Boufier echó un capote a la continuidad de Merkel diciendo que «merece la pena luchar» y que «el mandato de las urnas es claro, la gente quiere menos broncas y más resultados, hay que continuar pero debe haber cambios».

La «amarga derrota» de los socialdemócratas

Por su parte el candidato del SPD, Thorsten Schäfer, habló de «amarga derrota», «la peor desde 1946» y pasó la pelota a la dirección del partido en Berlín. La presidenta del SPD, Andrea Nahles, difícilmente podrá ya mantener ante los suyos el mantenimiento de la gran coalición yun paso atrás del SPD obligaría a repetir las elecciones. «Debemos reflexionar sobre si nuestro lugar está en esta gran coalición», fue la escueta reacción de Nahles.

El caso es que, independientemente de la lectura que hagan los partidos, la pérdida de votos es dramática, tanto para la CDU como para los socialdemócratas del SPD. Ambos partidos pierden 10 puntos porcentuales cada uno. Entre los electores de Hesse había esta vez cerca de 62.000 jóvenes que ejercían su derecho al voto por primera vez. Y ese voto parece haberse dirigido con fuerza hacia Los Verdes.

Parte del éxito se debe sin duda al candidato local, el carismático Tarek Al-Wazir, hijo de un diplomático yemení y una profesora alemana, icono de la integración multicultural y del pragmatismo verde que en otros tiempos fue conocido como el ala de los «realos», dispuestos a abandonar posiciones radicales en aras de poder entrar a formar parte de gobiernos. «Este voto significa que la sociedad alemana se está dejando llevar por el populismo y que los votantes no quieren eso», decía Robert Habeck, uno de los líderes del partido, «en el centro de la sociedad alemana hay un gran deseo de moderar tanto el contenido como el tono de la política y por eso votan verde».

El mero hecho de que el partido ecopacifista Los Verdes se presente como la opción moderada es una señal de la desorientación política que afronta Alemania, aunque el más serio de los síntomas de cambio es el ascenso del partido radical Alternativa para Alemania (AfD), que había denominado estas elecciones regionales como «un referéndum sobre la Gran Coalición de Berlín» y que logra entrar en el único parlamento regional en el que todavía no tenía presencia con el 13% de los votos, más incluso de lo que auguraban las encuestas.