El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini
El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini - EFE

Libia rechaza el plan de Salvini de crear campos de refugiados en su desierto

El ministro italiano del Interior admite en Trípoli que tendrá que negociar los centros de internamiento con otros países africanos

Corresponsal en RomaActualizado:

El vicepresidente del gobierno y ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, realizó ayer lunes un viaje a Trípoli, considerado de gran valor estratégico y político, con el objetivo de frenar los flujos migratorios hacia Europa. En su rueda de prensa al regreso de Libia, elevó el tono de su enfrentamiento con Francia y su presidente Emmanuel Macron, al que Salvini definió en el fin de semana como «un señorito que bebe champán». Ayer, el nuevo dardo: «Macron es peor que el presidente húngaro Orban. Por lo que se refiere a la recolocación de inmigrantes (según acuerdo de la UE en 2015), Orban no ha cumplido porque no ha acogido a 300 refugiados, mientras que Macron no ha recibido a los 9.000 que le correspondían. Por tanto, si Orban es malo, Macron es quince veces peor».

Lanzada la estocada a Francia y su presidente, Matteo Salvini quiso mostrar que Italia está adquiriendo ahora un nuevo protagonismo en la Unión Europea: «Finalmente Europa, después de años, discute una propuesta italiana sobre la superación del acuerdo de Dublín», el convenio que establece que el primer Estado en el que son recogidas las huellas y los datos de un refugiado o viene registrada una petición de asilo -es decir, el país de primer contacto- se hace responsable de la petición de asilo.

«Italia -continuó Salvini- ha vuelto a ser protagonista, en 23 días en que estamos nosotros en el gobierno, el país ha reconquistado su orgullo y centralidad en Europa».

En relación con los centros de acogida en Libia, sobre los que se ha hablado en las últimas semanas, Matteo Salvini precisó que esos centros de «protección e identificación» tendrán que establecerse «en los confines externos de Libia». Las autoridades de Trípoli no los quieren dentro de su territorio. A este propósito, Salvini dijo que «Italia pide la protección de las fronteras externas de la UE, y Libia, justamente, solicita también la protección de sus fronteras».

Matteo Salvini habló concretamente de la hipótesis de «campamentos de protección e identificación en Níger, Mali, Chad y Sudán». Era obligada la precisión sobre los países, teniendo en cuenta el rechazo de Trípoli a acoger esos centros, por considerar que la situación del país es inestable y económicamente desastrosa.

Salvini se entrevistó con su colega libio, Abdulsalam Ashour, y el vicepresidente Ahmed Maitig. Precisamente, sobre los centros de inmigrantes, Maitig realizó una precisión a la UE: «Rechazamos categóricamente la propuesta que ha circulado en ámbito europeo de realizar campamentos de inmigrantes en Libia: no está permitido por la ley de nuestro país».

País estratégico

Italia ha considerado siempre a Libia un país estratégico para sus intereses y ve con recelo la pretensión de Francia de influir en ese país, de gran importancia por sus recursos petrolíferos. Matteo Salvini elogió en el pasado la relación que su antecesor en el ministerio Marco Minniti, del Partido Democrático, centro izquierda, estableció con las autoridades libias.

Gracias a esa relación, con las ayudas financieras y de medios logísticos ofrecidos por Italia, la inmigración ilegal desde ese país se redujo en el último año un 80 por ciento. La prensa internacional, incluyendo los diarios más prestigiosos, como el «New York Times», destacaron que Italia estaba pagando a traficantes de seres humanos para que disminuyeran su actividad y se redujera el flujo de inmigrantes. A uno de esos traficantes, identificado en la prensa, se le recompensó con 5 millones de euros.

Al igual que hizo Marco Minni, su sucesor Salvini ha señalado que «Libia representa una oportunidad de desarrollo. Estaremos cercanos a las autoridades libias con los necesarios apoyos técnicos y económicos para garantizar juntos la seguridad en el Mediterráneo y reforzar la cooperación de investigación en temas de seguridad».

Ataques a las ONG

En Libia se le presentó a Salvini una nueva ocasión para atacar a las ONG dedicadas al salvamento de inmigrantes frente a las costas libias: «Tenemos que bloquear la intervención dañina por parte de las naves de las ONG, que son cómplices de los traficantes. Bloquear el negocio de la inmigración clandestina -añadió Salvini- es poner freno a una intervención peligrosa de extranjeros que proceden sin respetar las reglas».

Sobre la hipótesis, muy polémica, de que la Marina italiana no responda a los SOS de las pateras de inmigrantes, sino que éstos se dirijan a la Guadia Costera libia, Matteo Salvini se limitó a mostrar «su total apoyo» a que las llamadas de socorro sean recogidas por los libios.

«En este momento la prioridad del Gobierno italiano es proteger las fronteras externas» y en eso centrará sus esfuerzos más inmediatos, pues «una vez que la UE de señales de proteger las fronteras externas, se podrá hablar de distribución interna» de refugiados presentes en Italia, puntualizó el ministro del Interior italiano.

La crisis migratoria, acentuada por la decisión italiana de cerrar sus puertos a los barcos de inmigrantes rescatados, será uno de los puntos centrales y más polémicos de la cumbre de jefes de Estado o gobierno de la Unión Europea que se celebrará a finales de esta semana.