CLAVES DE LATINOAMÉRICA

La geopolítica vuelve al «patio trasero» de Estados Unidos

Rusia y China entran en el área de proximidad de EE.UU. como respuesta a la acción estadounidense en Ucrania y extremo Oriente

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El último año ha supuesto un incremento tanto de las acciones de Rusia en el Caribe, como de su respuesta por parte de Estados Unidos, que a su vez también ha dado muestras de incomodidad por la mayor influencia de China en Centroamérica. Siguiendo prioridades distintas –casi exclusivamente estratégica en el caso ruso, más comercial en el chino–, Moscú y Pekín han ido introduciéndose en el área que EE.UU. considera esencial para su seguridad. Con ello pagan con la misma moneda la presión que sienten por la política de Washington en Ucrania o el espacio báltico y en los mares de China oriental o meridional, respectivamente.

El comienzo de la penetración de esas potencias en el continente americano viene de atrás, pero la percepción de hostilidad sentida por Washington ha dado un salto en el último año, a raíz del enconamiento de la crisis venezolana. «Si el último decenio marcó el “regreso” de Rusia al Caribe, en 2018 se registró el “regreso” de Estados Unidos a una política de prioritaria atención a lo que ocurre en esa zona geográfica, precisamente por la mayor actividad de Rusia, y también de China. Moscú está demostrando a EE.UU. (y a sus aliados) que puede ser recíproco ante la presión que está recibiendo en su propio “near abroad”», indica el informe Seguridad Regional Americana 2019 del centro Global Affairs.

La presente tensión geopolítica mundial se está jugando justamente en el «extranjero próximo» de las tres principales potencias, término que generalmente se refiere al vecindario de Rusia que antes perteneció a la URSS, pero que puede aplicarse a la tensión en los mares cuyo dominio China reclama y al “patio trasero” de EE.UU. «En el último año la región de seguridad de Estados ha entrado de lleno en esta nueva fase de geopolítica aguda», señala el informe. No es que vuelva la Guerra Fría al Hemisferio Occidental (ahora no hay dos actores principales, sino tres), lo que vuelve es la geopolítica.

Acciones de Rusia y China

Como recoge Global Affairs, en cuestión de pocos meses Rusia ha llevado a cabo varios gestos de índole militar en Venezuela: la visita de dos bombarderos estratégicos en diciembre de 2018, el envío de fuerzas especiales en enero de 2019 cuando comenzaron las marchas en favor de Guaidó (supuestamente mercenarios de la empresa privada Warner) y la llegada de un centenar de militares en marzo. Además, a finales de 2018, el Kremlin comprometió nuevas ayudas financieras a Nicolás Maduro (al menos 5.000 millones de dólares de inversión petrolera y 1.000 millones en contratos mineros). Por otro lado, Moscú firmó con Cuba en 2018 varios acuerdos de colaboración, así como un contrato para instalar en la isla una estación de Glonass, el sistema de navegación por satélite ruso, una iniciativa que levanta sospechas sobre un posible uso para espionaje sobre territorio estadounidense.

En febrero, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el almirante Craig S. Faller, advirtió de las actividades de espionaje de Rusia en la región. Aunque entonces no fue citado expresamente, Washington ha destacado el secretismo que rodea la estación de Globass ya instalada en Managua, muy próxima a la Embajada estadounidense. Faller sí se refirió al Centro de Capacitación Profesional de la Policía que Rusia gestiona en Nicaragua, al que atribuyó fines poco claros.

En cuanto a China, el Comando Sur estadounidense lleva más de un año insistiendo en su alerta por las inversiones chinas en torno al Canal de Panamá, donde compañías de China están construyendo terminales a ambos lados de la vía interoceánica. Faller alertó, además, del uso militar que Pekín podría querer dar a puertos de aguas profundas a los que está optando en la región. En 2018 China mostró su interés hacia un puerto en El Salvador, país que junto con República Dominicana el año pasado dejó de reconocer a Taiwán para abrir embajada en Pekín, como ya han hecho Panamá y Costa Rica. Ese mayor interés estratégico de China en Centroamérica, si bien de no abierta confrontación como ocurre con Rusia, ha sido destacado por la Secretaría de Estado norteamericana y sus embajadas en la zona.

«Irritar» a EE.UU.

La actividad rusa en América Latina también es analizada en un reciente documento de trabajo del Instituto Elcano. Ese estudio precisa que, si bien la presencia rusa en la región en general es más bien «débil», «hay evidencia de que [Rusia] quiere ejercer influencia en la región a bajo coste, aparentar ser una gran potencia e irritar a Estados Unidos (...) Moscú ha utilizado sus conexiones en la región para enviar a EE.UU. y al resto del mundo el mensaje de que está dispuesta a desafiar a Washington». Se trata de una estrategia que «oscila entre el pragmatismo económico y los objetivos geopolíticos».

Analizando el número de viajes oficiales rusos a Venezuela, Elcano concluye que en la última década ha habido dos picos de la actividad diplomática y política, en 2008 y 2014, coincidiendo con las crisis internacionales de Georgia y de Ucrania, lo que refuerza la idea de que Moscú usa su implicación en el continente americano como modo de devolver a Estados Unidos la presión que recibe en su «extranjero próximo». Si el episodio de 2008, cuando se produjo la primera visita a Venezuela de dos bombarderos rusos, llevó a Washington a reactivar su IV Flota, atenta al Caribe, ahora EE.UU. también está movilizándose ante lo que percibe como amenaza rusa.

Sobre qué ocurrirá en los próximos meses al respecto, Elcano concluye que «el futuro de la influencia de Rusia en la zona dependerá de su capacidad de ir más allá de los lazos históricos que tiene con Cuba y Nicaragua y de su papel de proveedor de armas y equipos militares a Venezuela, México y Perú. Lo más probable es que la influencia y la presencia de Rusia en la zona siga siendo muy limitada a causa de la debilidad económica rusa».