El portaaviones nuclear USS Abraham Lincoln - EFE

Estados Unidos, en guardia ante el riesgo de ataques de Irán

Un portavoz del gobierno norteamericano precisó ayer en una conferencia telefónica que los abruptos movimientos y cambios de planes obedecen a diversos indicios de que se disponía a perpetrar una serie de agresiones

Corresponsal en WashingtonActualizado:

Un año después de que Donald Trump retirara a Estados Unidos del acuerdo de desarme nuclear de Irán, la República Islámica se dispone a renunciar a este en parte, cumpliendo sus amenazas de retomar el enriquecimiento de uranio. Esta decisión, que notificará hoy el gobierno iraní a Reino Unido, Alemania, Francia y la Unión Europea, ha puesto a la Casa Blanca en guardia: un portaaviones norteamericano se dirige ya al golfo Pérsico y el ministro de Exteriores estadounidense, Mike Pompeo, anuló ayer a última hora una reunión que tenía prevista con la canciller alemana, Angela Merkel, en Berlín aduciendo problemas de «seguridad internacional».

Un portavoz del gobierno norteamericano precisó ayer en una conferencia telefónica que los abruptos movimientos y cambios de planes obedecen a diversos indicios de que Irán se disponía a perpetrar una serie de ataques contra tropas estadounidenses desplegadas en tierra en Siria e Irak y en alta mar. «Una amenaza de seguridad creíble ha obligado a un refuerzo militar necesario en este momento para defender a EE.UU. y sus aliados», dijo ese mismo funcionario.

Fue la agencia de noticias estatal iraní IRNA la que anunció ayer la renuncia a una gran parte del tratado de desnuclearización alcanzado en 2015 y apoyado por el anterior presidente norteamericano, Barack Obama. Hoy hace precisamente un año que Trump anunció su salida, y desde entonces EE.UU. no sólo ha retomado gran parte de las sanciones sobre el régimen iraní sino que además ha tomado la decisión sin precedentes de incluir a la Guardia Revolucionaria de los ayatolás en la lista oficial de organizaciones terroristas internacionales. Hasta ahora no había metido en ella a ningún brazo armado de un gobierno extranjero.

El domingo, la Casa Blanca autorizó el envío del portaaviones USS Abraham Lincoln desde el Mediterráneo hasta el golfo Pérsico, donde se le unirán cuatro bombarderos subsónicos B-52 que han llegado ya a la base aérea que EE.UU. tiene en Qatar. Según dijo el domingo el consejero de Seguridad Nacional norteamericano, John Bolton, el objeto de ese despliegue es «enviar un mensaje claro e inequívoco al régimen iraní de que cualquier ataque contra los intereses de EE.UU. o sus aliados se encontrará con una fuerza implacable».

El ministro de Defensa en funciones, Patrick Shanahan, reveló el lunes que el comandante al cargo de las operaciones militares en Oriente Próximo, el general del Marine Corps Kenneth McKenzie, pidió refuerzos el fin de semana ante una posible amenaza contra intereses norteamericanos procedente de Irán. Desde su llegada a la Casa Blanca, Trump ha sido muy crítico con el acuerdo nuclear y ha denunciado que este haya permitido a Irán mantener sus sistemas de misiles balísticos, que suponen una amenaza contra Israel.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha presionado a la Casa Blanca para que renuncie al acuerdo nuclear, que considera una recompensa para el régimen de los ayatolás. Hace dos semanas, una delegación israelí, encabezada por el consejero de Seguridad Nacional de Netanyahu, Meir Ben Shabbat, se reunió con Bolton en Washington. Es poco común que sea precisamente Bolton, asesor del presidente en materia de seguridad internacional, quien anuncie la movilización de un portaaviones de la Armada, algo que habitualmente compete al Pentágono. Es muy probable que su homólogo israelí le adelantara información sobre esa amenaza iraní.

De momento, EE.UU. ha aumentado la presión para que sus principales aliados, incluidas la UE y España, desistan de importar petróleo de Irán, el verdadero sostén económico del régimen. Lo cierto es que la reanudación de las sanciones de EE.UU. ha perjudicado gravemente la tímida recuperación económica iraní, a pesar de que el régimen ha cumplido con su parte y ha desistido del enriquecimiento de uranio, tal y como ha certificado puntualmente el Organismo Internacional de Energía Atómica, dependiente de Naciones Unidas.

Antes de anular por sorpresa su viaje a Alemania, Pompeo dijo a los periodistas que viajaron con él a la Cumbre del Ártico en Finlandia: «Es absolutamente cierto que hemos visto una escalada de amenazas por parte de los iraníes, y es igualmente cierto que vamos a hacer que los iraníes rindan cuentas si se atreven a atacar a los intereses estadounidenses. No importa si esas acciones se llevan a cabo, como puede ser, por terceros como las milicias chiítas, los Hutis [en Yemen] o Hezbolá [en Líbano]».

En años pasados, la Casa Blanca ha acusado a Irán de promover conflictos en todo Oriente Próximo, con el envío de la Guardia Revolucionaria a apoyar a Bachar el Asad en Siria; el financiamiento de Hezbolá en Líbano y la milicia Huti en Yemen, y el sostenido apoyo al grupo islamista Hamás en la franja de Gaza, que en días recientes ha provocado un nuevo conflicto con Israel con el lanzamiento de cientos de misiles. Más recientemente, Trump ha acusado a la República Islámica de asistir también al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.

En respuesta a las nuevas sanciones, la semana pasada el presidente iraní, Hasán Rouhani, declaró por ley terroristas a todos los soldados norteamericanos desplegados en Oriente Próximo y condenó a la Casa Blanca como promotor del terrorismo internacional. Varios analistas dentro del propio gobierno norteamericano habían advertido ya de la posibilidad de que Irán respondiera a la asfixia económica con una serie de ataques a través de sus satélites e intermediarios.