Miembros de las protestas en Tiananmen en 1989
Miembros de las protestas en Tiananmen en 1989 - AFP

China olvida Tiananmen por su estabilidad y crecimiento económico

El régimen comunista silencia el 30º aniversario de la masacre censurando el debate y arrestando a las familias de las víctimas y los disidentes

Corresponsal en AsiaActualizado:

Todos los países esconden cadáveres en el armario. Pero China guarda un cementerio entero, el que dejó hace justo treinta años el aplastamiento de las protestas de Tiananmen, que pedían al régimen del Partido Comunista más libertad y el fin de la corrupción. En medio del silencio oficial y la censura en los medios e internet, la efeméride pasa totalmente desapercibida en Pekín. Mientras las abuelas, ajenas, hacían ejercicio bailando en las plazas, el único lugar de China donde se puede hablar de la masacre, Hong Kong, preparaba para esta noche una vigilia y una manifestación que promete ser multitudinaria.

«Lo peor de todo no es que los chinos hayan olvidado la matanza, sino que no les importa», se lamentaba ayer a ABC un adinerado empresario que oculta su identidad con el pseudónimo de señor Wong. En la noche de 3 de junio, cuando tenía solo 20 años, desafió a la ley marcial para unirse a sus compañeros de la universidad en la céntrica plaza de Pekín, desalojada a tiros por el Ejército chino.

«Jamás nos imaginamos que nuestras propias tropas, que tienen la misión de protegernos, acabarían disparando al pueblo», recuerda mostrando su gran desengaño. Huyendo de las balas, el señor Wong vio cómo mataban al joven que corría a su lado, que cayó desplomado, y se encontró más de treinta cuerpos amontonados uno encima de otro en un hospital cercano a la plaza. «Con aquella represión aprendí la lección: jamás volvería a desafiar al Partido Comunista», asegura con temor.

A pesar de la masacre, que se cobró entre 200 y varias miles de víctimas según distintas estimaciones, el señor Wong repite el discurso oficial al señalar que «si las protestas hubieran triunfado, hoy tendríamos una democracia como la India, pero muy caótica y donde se podrían comprar los votos». Enriquecido al amparo del extraordinario crecimiento económico que ha vivido China durante los últimos años, no duda en valorar la seguridad y estabilidad que le ofrece el régimen de Pekín. Pero también alerta de la falta de valores porque el dinero se ha convertido en la única religión.

«El régimen siente que su poder depende del consenso de que ha cometido cero errores en su historia», analiza para ABC Perry Link, editor del famoso libro «Los papeles de Tiananmen» («Tiananmen papers»). En su opinión, «el régimen es ya tan impopular que su poder podría desmoronarse si abriera la puerta a las críticas». Por ese motivo, no cree que las autoridades reviertan su veredicto sobre el «incidente de Tiananmen», que justifican por el progreso y desarrollo que ha vivido China desde entonces. Mientras tanto, los chinos seguirán viviendo en la amnesia que les trae el dinero.

El ministro de Defensa justifica la represión

En medio del olvido y la censura de la masacre de Tiananmen, el ministro de Defensa chino, el general Wei Fenghe, ha justificado la represión de hace treinta años por el extraordinario crecimiento económico que ha vivido el país desde entonces. Preguntado por el público el domingo en un foro de defensa regional en Singapur, el general Wei volvió a repetir el mantra habitual del régimen sobre esta cuestión. «Ese incidente fue una agitación política y el Gobierno central tomó las medidas para detenerla, lo que es una política correcta», respondió, según informa Reuters.

Entonando el discurso oficial, el general aseguró que «por este motivo, China ha disfrutado de estabilidad», como suelen responder las autoridades cada vez que la Prensa extranjera saca a relucir la cuestión. «Durante los últimos treinta años, China ha vivido cambios enormes bajo el Partido Comunista», recordó Wei Fenghe, quien señaló que «hubo una conlución sobre este incidente: el Gobierno fue decisivo para detener la agitación».

Como cada año, el autoritario régimen de Pekín ha confinado bajo arresto domiciliario a los familiares de las víctimas, o se los ha llevado lejos «de vacaciones», para que no armen ruido ante los corresponsales recordando la matanza y exigiendo su reconocimiento.