Policías mexicanos detienen a un sospechoso de narcotráfico en Ciudad Juárez
Policías mexicanos detienen a un sospechoso de narcotráfico en Ciudad Juárez - efe

Violencia policial, homicidios y desigualdad: cuando todo conspira contra los más débiles

En Río de Janeiro la Policía está detrás del 16% de los homicidios. La violencia aumenta en los países con mayores distancias sociales

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Hay distancias imposibles de imaginar por el hombre. Por ejemplo: entre Brasil y Noruega distan casi 10.000 kilómetros. En el primero viven 200 millones de personas, en el segundo conviven poco más de 5 millones. Sin embargo hay otras distancias más difíciles de asimilar: en el país sudamericano, la Policía ha matado en los últimos cinco años a 11.000 civiles (el 16% de los homicidios en Río de Janeiro son producidos por agentes); en Noruega, la última persona que falleció por una intervención policial fue en 2006.

Se podría justificar la diferencia entre estos dos países por los casi 195 millones de habitantes que los separan; pero no existe un patrón que lo justifique. Otro ejemplo: policías jamaicanos (el país tiene dos millones de habitantes) dieron muerte en 2013 a 258 personas. La Policía islandesa (323.000 habitantes) tuvo que disparar y matar a un hombre en 2013, algo que el jefe de los agentes, Haraldur Johannessen, calificó como «un hecho sin precedentes» en los 237 años de historia de la institución. Y es que parece que no existe relación entre una mayor población y una mayor violencia, policial o de otro tipo. De hecho, un estudio de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito muestra que casi la mitad de los homicidios que ocurren se concentran en países con poco más de la décima parte de la población mundial.

Habría que buscar otros indicadores que expliquen el por qué en algunos países la Policía dispara a matar más que en otros. Un debate que en Estados Unidos está en su punto álgido tras las últimas muertes de jóvenes, en su mayoría negros, a manos de agentes (el último caso, este viernes en Carolina del Sur, donde murió un adolescente blanco desarmado en una redada policial). Siguiendo las cifras de países con alta violencia policial encontramos que coinciden con que son los lugares del planeta donde las tasas de homicidios se elevan.

En Belice, un lugar con paisajes paradisíacos en Centroamérica, viven 331.000 personas. Una cifra muy similar a la de Islandia. Sin embargo en el primero, la tasa de homicidios es de 45 por cada 100.000 habitantes. En Islandia la tasa no llega a 1, según datos del Banco Mundial. La violencia en algunos países está a flor de piel, en las calles, y los policías se ven arrastrados en ese torbellino.

Los países más violentos, en América

De los 50 lugares más violentos del mundo, 43 están en América del Sur y Centroamérica. Un dato que se explica por la alta corrupción de algunas administraciones locales, por el auge del mercado internacional de la droga, por las luchas de poder de las organizaciones criminales y por el aumento de la violencia entre las maras y pandillas de países como El Salvador y Nicaragua, según un informe de InSight Crime que estudia el crimen organizado en «Las Américas». Además, de las 50 áreas urbanas con las tasas de homicidios más altas, 16 se encuentran en Brasil, nueve en México, seis en Colombia y cinco en Venezuela, según dicho informe. La localidad hondureña de San Pedro Sula es la ciudad más violenta del mundo, seguida de Caracas, Venezuela y Acapulco, México.

Existen factores, como el aumento de la desigualdad y el empobrecimiento de las clases urbanas los que generan un aumento de la violencia. El profesor de la Universidad de Utrecht, Dirk Kruijt, encuentra en su estudio « América Latina. Democracia, Pobreza y Violencia: Viejos y Nuevos Actores» «la coincidencia de la pobreza y la marginalización con la presencia de actores armados que compiten por la hegemonía sobre el espacio urbano con las autoridades legítimas de la ley y el orden que con frecuencia, por su ausencia o su no actuar, dejan el campo libre a quienes a la fuerza buscan un liderazgo territorial urbano.»

Las cifras de homicidios en Hispanoamérica es estremecedora. Pese a que en lo que llevamos de siglo XXI el continente no ha vivido una guerra, las «muertes que se podían contar después de un fin de semana normal en Caracas, Medellín o São Paulo, eran más que las que ocurrían en Kosovo durante la guerra; o son más que las víctimas de las infinitas retaliaciones del Medio Oriente. Y también, en otros casos, la paz que siguió a la guerra deja más muertos que los enfrentamientos entre el ejército y la guerrilla.», escribe el sociólogo Roberto Briceño-León en su estudio « La nueva violencia urbana de América Latina».

«Las muertes un fin de semana en Caracas eran cifras de guerra»

Un elemento clave y diferenciador que el investigador Briceño-León apunta acaba con las teorías que relacionan violencia con pobreza en el continente. Para él, es el empobrecimiento y la desigualdad, que no la pobreza, lo que genera los picos de violencia. Una violencia además que es de pobres contra pobres, y no de pobres atacando a las clases altas como apuntan otros. Y lo ratifica con datos sobre los lugares donde más violencia se genera en América del Sur: «los países más pobres de América Latina como serían Haití, Bolivia o Perú, no aparecen entre aquellos que tienen mayores tasas de homicidios. Y lo mismo ocurre a lo interno de los países, la mayor violencia de Brasil no se encuentra en los pobres y sedientos Estados del nordeste, sino en los ricos y cosmopolitas estados de São Paulo y Rio de Janeiro (Zaluar, Noroña y Alburquerque, 1994). En Venezuela, los homicidios ocurren en el Área Metropolitana de Caracas y en los ricos estados de Carabobo y Aragua y no en las pobres entidades, con mayores necesidades básicas insatisfechas, como Apure, Trujillo o Sucre».

Los países más pobres no tiene más homicidios. Sí los más desiguales

Sin embargo hay una cifra que podría poner en cuarentena estos análisis: Cuba y Chile son los países con menor tasa de homicidios en la zona. Y también los más diferentes. El régimen comunista contrasta enormemente con la teoría neoliberal que se instaló en Chile –considerado el país con la distribución de riqueza menos igualitaria en el mundo– y sin embargo la violencia es mucho menor que en los países del entorno.

Violencia y pobreza

El empobrecimiento y la desigualdad, según los diferentes analistas vistos, podrían suponer entonces la correlación entre las altas tasas de homicidios y la pobreza. Sin embargo, ¿qué ocurre en países de África donde la pobreza es mayor y la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes muy inferior? Níger tiene una tasa de cinco homicidios por cada 100.000 habitantes, Chad de siete, Sudán de 11. Ninguno son potencias del continente. Sudáfrica, el país más desarrollado de la zona, tiene una tasa de 31 homicidios. Aquí también aparece la desigualdad: en 2009 Sudáfrica era el cuarto país más desigual del mundo.

Cerrando este recorrido en Estados Unidos. Allí las diferentes policías locales matan cada año a 400 personas, según publica Usa Today, aunque la cifra total sumando a todos los cuerpos estatales y nacionales se desconoce. De esta manera, la tasa de homicidios es de cinco por cada 100.000 habitantes, más alta que en Marruecos (2), Rumanía (2), Bulgaria (2) o Irán (4). Todo ello según datos del Banco Mundial. La percepción de seguridad que tenemos es errónea.