El excanciller de Alemania, Helmut Kohl
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Helmut Kohl, de la reunificación alemana a los escándalos de corrupción

El excanciller conservador reconoció haber recibido unos 50.000 euros para financiar a la CDU. «Yo solo quería servir a mi partido», alegó entonces. El llamado «Spendaffäre» fue el caso de corrupción más grave de Alemania

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Helmut Kohl, en estado crítico, fue canciller de la República Federal de Alemania de 1982 a 1990, y a partir de ese año y hasta 1998, del país reunificado. El político germano pasó a la historia por gestionar el proceso iniciado después de la caída del Muro de Berlín, que hizo trizas el telón de acero durante la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989. Kohl recibió la noticia en Varsovia, una ciudad que abandonó de inmediato. Ese mismo día, en la plaza berlinesa de Schöneberg, pronunció un discurso en el que apeló a encontrar «paso a paso el camino hacia un futuro común». Dijo que había que garantizar «la libertad de nuestros compatriotas de la República Democrática de Alemania, en todos los aspectos de su existencia».

Helmut Kohl nació en Ludwigshafen, una ciudad de Renania-Palatinado, el 3 de abril de 1930. Desde su juventud militó en la Unión Democrática Cristiana (CDU), el partido de centro-derecha al que también pertenece Angela Merkel. Kohl dirigió la formación a partir de 1973 y en octubre de 1982 alcanzó la cancillería. Con su victoria electoral rompió con más de una década de poder socialdemócrata, encarnado por los gobiernos de Willy Brandt, de 1969 a 1974, y de Helmut Schmidt, de 1974 a 1982.

Para gobernar, el político democristiano formó coalición con los liberales. Sus principales medidas se enfocaron a mejorar la economía y las finanzas, y también a defender la moneda del país, el marco. Además, Kohl apoyó con firmeza el conservadurismo social y fortaleció los lazos con Francia. Una relación bilateral potente desde 1963, cuando el también canciller de la CDU Konrad Adenauer firmó el Tratado del Elíseo con Charles de Gaulle, entonces presidente de la República francesa.

Kohl, mal orador según su biógrafo Jürgen Busche, sí fue un político ágil que supo mantenerse en el poder. En política internacional, consolidó la adhesión de su país a las potencias occidentales. También mantuvo un trato decisivo con el último presidente de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov, a quien instó a levantar su mano de la República Democrática de Alemania. El país fue dividido poco después del final Segunda Guerra Mundial, en 1949. Su mitad occidental se adhirió a los principios de la democracia y del libre mercado. La oriental, en la órbita de la URSS, a los de la economía estatal y el gobierno hegemónico del SED, una formación política nacida de la fusión de los socialdemócratas y los comunistas del este.

Después de las elecciones legislativas de 1998, Helmut Kohl abandonó la cancillería y fue sustituido por el socialdemócrata Gerhard Schröder. Un año más tarde, en 1999, estalló el escándalo. El político reconoció que había recibido 100.000 marcos, unos 50.000 euros, para financiar a la CDU. «Yo solo quería servir a mi partido», alegó entonces. El llamado «Spendaffäre» fue el caso de corrupción más grave de Alemania.