Vídeo: La mentira independentista de Rafael Casanova - ABC

La realidad tras la falacia nacionalista de 1714: «El Archiduque Carlos nunca se proclamó rey de Cataluña»

El 11 de septiembre no se puso fin a una guerra de secesión, terminó una contienda sucesoria en la que, según Pedro Insua, también se acabó con el régimen despótico de las oligarquías locales

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La Historia no tiene colores; o no debería. Cada 11 de septiembre, no obstante, el nacionalismo catalán se empeña en utilizar de forma interesada y torticera la efeméride de la caída de Barcelona ante las tropas borbóniocas lideradas por Duque de Berwick; evento que puso fin a la Guerra de Sucesión española en 1714. El resultado es una Diada sustentada en mimbres históricos no ya endebles, sino inexistentes.

Año tras año, en esta jornada se hace, por ejemplo, una ofrenda floral en honor de Rafael Casanova, al que se utiliza como mito secesionista a pesar de que, según su familia, era un firme «patriota». Como esta otras tantas. Aunque, quizá, la más sangrante sea la que afirma que (como se puede leer en la página web de la Generalitat), «Catalulña temía que una monarquía encabezada por Felipe V, de talante absolutista, topara con la organización político catalana, de corte parlamentario y pactista».

El divulgador histórico, investigador y filósofo Pedro Insua no es de la misma opinión. Según afirma en declaraciones a ABC, la realidad es que, aquel 11 de septiembre de 1714, se salvó a Cataluña de la Generalitat acabando con el despotismo de las oligarquías. También es contrario a la idea -muy extendida por el nacionalismo- que afirma que los Decretos de Nueva Planta (instaurados por Felipe V tras la toma de la Ciudad Condal) pretendían castigar a la región. Para él, por el contrario, fueron unas leyes que no buscaban el revanchismo. Sabe bien de lo que habla, pues analizó de forma amplia estos mitos en «1492. España contra sus fantasmas» (Ariel, 2018).

-¿Cómo ha tergiversado el nacionalismo la historia de lo acaecido el 11 de septiembre de 1714?

Lo ha tergiversado totalmente. Parte de una visión completamente falsa en la que Cataluña se ve como una sociedad política independiente, cosa que jamás ha sido, que es invadida por España, cuando Cataluña era, y sigue siendo, una parte entre otras. Fue una región que se vio envuelta, como el resto de España, en un conflicto de guerra civil por un problema de sucesión al trono al quedar este vacante tras la muerte de Carlos II. Felipe de Anjou y el Archiduque Carlos se convirtieron en los principales aspirantes a ocuparlo, quedando España dividida en austracistas, partidarios del archiduque, y felipistas, partidarios del Borbón Felipe de Anjou (nieto de Luis XIV). De hecho, en Barcelona el archiduque Carlos será proclamado “Carlos III”, rey de España: rey de España, insistimos, nunca “de Cataluña” (en nombre del cual, por cierto, los ingleses tomaron Gibraltar).

-¿Tenía Casanova una mentalidad secesionista?

En absoluto, el bando municipal por el que instigaba a la lucha contra los partidarios de Felipe habla del mantenimiento de la libertad de “España”, no de Cataluña, en la medida en que, pensaban los austracistas, los Borbones franceses volverían a entrar en Barcelona cual elefante en cacharrería como lo hicieron con la crisis de 1640, cuando las tropas de Luis XIII entraron en Cataluña a sangre y fuego.

-La página web de la Generalitat define a la Cataluña de 1714 como una organización pactista que tenía miedo al absolutismo de Felipe V. ¿Hasta qué punto es esto mentira?

Las ficciones nacionalistas fragmentarias tienen que engranar algo con la verdad histórica, de lo contrario, si la mentira es muy descarada, perdería fuerza propagandística (aunque es verdad que las mentiras del catalanismo son muy, muy gordas, y que caen, cada vez más, en el ridículo más evidente).

Es cierto que el llamado régimen polisinodial de los Austrias, con instituciones como los virreyes regionales, los Consejos (sínodos), las Audiencias... que median entre el poder del rey y los súbditos, era menos centralista que el sistema absolutista de la monarquía francesa coetánea (aunque lo de “centralismo”, en cualquier caso, es un concepto bastante confuso). Los ideólogos del nacionalismo hablan del “pactismo”, propio de la Corona aragonesa, como si fuera un sistema más “democrático” (o algo similar) que el sistema de organización del poder político castellano, cuando no es así en absoluto. El pactismo significa que las oligarquías aragonesas tienen mucho poder para presionar sobre la corona, consolidando el régimen servil y de vasallaje, mientras que en Castilla los vasallos tenían menos presión de las oligarquías señoriales gracias a la mediación del poder monáquico, que las mantenía más a raya.

-¿Fueron los Decretos de Nueva Planta represivos con Cataluña?

Otra de las mentiras más gordas del nacionalismo es afirmar que los decretos de nueva Planta fueron una imposición del derecho castellano sobre el de Aragón, cuando resulta que tales decretos son tan ajenos a Castilla como a Aragón y se implantan ex novo en una y en otra. Los Decretos de nueva planta también fueron nuevos en Castilla.

-¿Cuál es la mentira nacionalista sobre la Guerra de Sucesión que más le duele?

Lo que más me duele son las consecuencias políticas, actuales, que tienen tal tergiversación histórica, dándose por buena, por prácticamente todas las instituciones, nacionales e internacionales, su consideración de fiesta “nacional”. Y eso, cuando Cataluña no es una nación, no pudiendo haber sido “derrotada” el 11 de septiembre de 1714 por España. Se quejan algunos partidos del monopolio que el nacionalismo hace de la fiesta, pero resulta que solo se puede ver como tal, como fiesta “nacional”, desde el nacionalismo fragmentario.

-¿Cree que el nacionalismo entiende la Guerra de Sucesión como una Guerra de Secesión?

Sí, así es. Y no lo fue; fue de sucesión como hubo otras en España (la de Pedro I y Enrique II) y en otros países.

-¿Cuándo se empezó a utilizar la Diada como arma del nacionalismo?

Yo recuerdo leer en la hemeroteca de la Vanguardia un artículo dedicado a la celebración que ya contemplaba, si mal no recuerdo, la ofrenda floral a Casanova de la Diada en el año 1938. Es con el ascenso institucional del nacionalismo fragmentario en Cataluña, desde la Mancomunidad en adelante, cuando cristaliza como fiesta “nacional”.