La proclamación de la II República

La proclamación de la II República

ISRAEL VIANA | MADRID
Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

«Calma, señores; calma y mucha cordura». Esas fueron las palabras del Rey Alfonso XIII a las personas que acudieron a despedirle al Palacio de Oriente, recién proclamada la II República española, tal día como hoy de 1931. Los días de la Monarquía de los borbones tocaban a su fin y no regresarían hasta la muerte de Franco y la restitución de Don Juan Carlos I.

Tras la dimisión de Miguel Primo de Rivera, Alfonso XIII convocó elecciones municipales con el objetivo de recuperar la legitimidad democrática que las instituciones monárquicas habían perdido y regresar al régimen constitucional anterior.

Con aquellas elecciones, el Rey quería sopesar el apoyo a la monarquía, pero los republicanos consideraron los resultados como un plebiscito a favor de la inmediata instauración de la República en España: la corriente republicana había triunfado en 41 capitales de provincia, de las cuales, en Madrid los concejales republicanos triplicaban a los monárquicos y en Barcelona los cuadruplicaban.

«¿Qué más crisis desean ustedes que la de un país que se acuesta monárquico y se levanta republicano?», se preguntaba el presidente del Consejo de Ministros, Juan Bautista Aznar, tras conocer los resultados.

La misma noche de 14 de abril, al no poder garantizar su seguridad, Alfonso XIII marchaba al exilio, donde escribía un manifiesto que únicamente publicó ABC, tres días después, y en el que el monarca se dirigía a su pueblo en los siguiente términos: «Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo»; «un Rey puede equivocarse, y sin duda erré yo alguna vez; pero sé bien que nuestra patria se mostró en todo tiempo generosa ante las culpas sin malicia» o «no renuncio a ninguno de mis derechos, porque más que míos son depósito acumulado por la Historia», o «soy el rey de todos los españoles, y también un español. Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con quienes las combaten. Pero, resueltamente, quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil».

Mientras, las calles céntricas de Madrid se llenaban de manifestantes que proferían «vivas» a la República y enarbolaban «banderas rojas», las cuales también pudieron verse en algunos edificios públicos. En el Palacio de Comunicaciones aparecía, a las 16:30 del 14 de abril, aparecía una bandera tricolor.

«A las seis y media en punto de la tarde, por uno de los balcones del ministerio de Gobernación, aparece una bandera republicana. El público estacionado en la plaza, que la llenaba totalmente, prorrumpió en grandes vivas y aplausos», contaba el redactor de ABC, quien aseguraba que, momentos antes, el nuevo concejal republicano proclamado, Rafael Sánchez-Guerra, le había manifestado que acababa de ser proclamada la República.

«En la Puerta del Sol, calle de Alcalá y demás lugares céntricos empezaron a aparecer grupos, con la bandera morada, roja y amarilla de la República y también banderas rojas, que daban grandes vivas a la República y otros de “¡Ya le han echado! ¡Ya le han echado!”»

El Sr. Maciá proclama el Estado catalán

En ese mismo momento, y después de que las elecciones hubieran dado la mayoría a su nuevo partido, «Esquerra Republicana de Catalunya», Francesc Maciá proclamaba la República Catalana desde el Palacio de la Generalitat: «La Monarquía ya no existe, y en nombre del pueblo de Cataluña yo le invito a que se retire», dijo.

«Estoy decidido, absolutamente decidido, a no poner la menor dificultad a la actuación del Gobierno republicano, que para mí, y por encima de todo, es en estos momentos el Gobierno de España. Quiero que lo digas, quiero que lo sepan todos, los monárquicos y los republicanos», le dijo Alfonso XIII a Juan Ignacio Luca de Tena –«el primer español que viene a verme»– en una entrevista realizada en Londres, tan sólo un mes después de su salida de España.