Emilia Pardo Bazán
Emilia Pardo Bazán - Instituto Cervantes

Emilia Pardo Bazán, «Doña Verdades», la escritora que sacudió a la España confesional

La literata abanderó la corriente naturalista, cuya crudeza le costaría en un principio el repudio social de los intelectuales más conservadores y el rechazo de la Real Academia Española a principios del siglo XX

MadridActualizado:

La Asociación Círculo de Orellana, en colaboración con el Instituto Cervantes, celebró la clausura del «II ciclo de españolas por descubrir» el pasado 3 de julio con el foco puesto en Emilia Pardo Bazán.

El gran motivo de estos encuentros ha sido rescatar la noble y olvidada contribución femenina a la humanidad. Tal como aseguró Rafael Rodríguez Ponga, secretario del Instituto Cervantes,: «Estamos hablando de Historia de España a través de las mujeres».

El presidente de la Real Academia Española, Darío Villanueva, fue el invitado de esta conferencia; quien desveló la faceta más desconocida de la ilustre escritora gallega. Las aportaciones humanísticas de «Doña Verdades» -como también se referían a ella- calaron profundamente en la sociedad. Y no solo sería su literatura -como espejismo de su época-, pues Pardo Bazán contribuiría enormemente en el desarrollo intelectual y la participación civil de las mujeres. «El feminismo de la Condesa tenía un carácter progresista e institucional», apuntó Villanueva.

«El feminismo de Emilia Pardo Bazán tenía un carácter progresista e institucional»

Aunque Emilia nació en el seno de una familia acomodada, no significaría que tenía abiertas las puertas en aquella burbuja intelectual de la época de fines del siglo XIX y principios del XX. Ni siquiera el reconocimiento del Rey Alfonso XIII bastaría para ser aceptada como un miembro de la misma Real Academia Española; que aún ilustrísimos pecarían de machismo arcaico.

Emilia Pardo Bazán
Emilia Pardo Bazán- ABC

Pero muy a pesar del desparpajo con el que fue tratada, Bazán triunfaría entre los señores de las letras. Su obra fue reconocida como extraordinaria entre muchos de los escritores contemporáneos nacionales y extranjeros. La Condesa -título que le otorgaría Alfonso XIII- consolidaría un estilo literario único e irrepetible; que pese a inspirarse en la crudeza del novelista francés Emile Zolá, logró despertar el interés y desconcierto del mismo.

La peculiaridad del «naturalismo católico», como explicó Villanueva, fue un fenómeno único, y respecto al cual Zolá se sentía completamente asombrado, pues ¿cómo podía ser compatible la temática del naturalismo con la visión creyente de Bazán?; ya que la misma esencia agnóstica y cruda de la narrativa del literato francés no era bienvenida en aquella España profundamente confesional. De esta manera la aparente contradicción, según Zolá, fue el gran sello de la Condesa; quien no solo tiraría con los grandes muros de aquella sociedad intelectual gracias a su obra, también sería un reflejo de su intensa vida sentimental.

El despertar literario de Pardo Bazán

Emilia nació el 16 de septiembre de 1851 en La Coruña. La educación de la niña siempre estuvo impulsada y monitoreada por su padre y un gran amigo de la familia, Francisco Giner de los Ríos. La lectura alimentaría el espíritu y la futura obra de la Condesa.

Aunque católica, el carácter de la joven estuvo siempre vivo gracias a la visión de los grandes literatos; los cuales le ayudarían a cultivar una personalidad libre y sin miedos, y que supondría más de un escándalo en aquella sociedad.

Cuando Emilia apenas contaba con 16 años contrajo nupcias con José Quiroga, un abogado de 20 años bastante puritano. Y como era de esperar, el joven no estaba a la altura de las circunstancias que implicaba ser una mujer como Bazán

El despertar literario de Pardo Bazán y su conciencia crítica estuvo motivada por la lectura de los clásicos de la literatura española y extranjera. La mujer que se convertiría en un emblema de orgullo nacional comenzaría a tallar su nombre en la memoria humanística, como escritora con un «Estudio crítico de Feijoo» en 1876, y una colección de poemas -reunidos bajo el nombre de su primogénito «Jaime»- que publicaría su amigo Giner de los Ríos.

Sin embargo, seguía sin navegar en la narrativa; y no sería hasta 1879 cuando se atreve por fin a publicar su primera novela «Pascual López». No obstante, pasarían unos pocos años más para que comenzase a taladrar aquel muro social, que de una vez por todas comenzaría a reaccionar ante la literatura de Pardo Bazán; como así ocurriría con «Un viaje de novios» (1881) y el despertar de la conciencia femenina en su obra «La tribuna» en 1882.

Emilia Pardo Bazán en 1916
Emilia Pardo Bazán en 1916 - ABC

Cuando Emilia apenas contaba con 16 años contrajo nupcias con José Quiroga, un abogado de 20 años bastante puritano. Y como era de esperar, el joven no estaba a la altura de las circunstancias que implicaba ser una mujer como Bazán.

El matrimonio se separaría «en términos amistosos» como así señaló Villanueva, tras la publicación de Pardo Bazán «La cuestión palpitante» en 1883. Aquella obra no sería precisamente la más revolucionaria, pero en dicha colección de ensayos abordó una serie de artículos sobre Emile Zolá (acentuando la conexión entre la escuela francesa y la tradición realista europea). Y aunque trató de mantener una postura más moderada, los artículos detonaron como una bomba para aquella España tan confesional. Por esa colaboración en la revista de «La Época» tendría que pagar un alto precio: Su «respetabilidad» frente a algunos núcleos más conservadores y consecuentemente el drama de José Quiroga.

«La cuestión palpitante» desencadenaría un escándalo por las notas del naturalismo de Zolá, siendo atacada por los núcleos más conservadores

Su esposo le pediría que pusiera fin a sus publicaciones para salvar lo que quedaba de su reputación. Pero como a Emilia aquella «salud social» le importaba más bien poco y la opinión del santo de su marido no mucho más, se negó; y con dos hijos de por medio decidieron separarse.

Sin embargo años después de aquel sabor amargo que le causó «La cuestión palpitante», iniciaría el despegue de su reconocimiento y éxito, alcanzando la cumbre con su novela «Los pazos de Ulloa» publicada en 1887. Después de la crudeza de sus páginas Pardo Bazán se consolidó como la madre y bandera del naturalismo español.

El portazo de la Real Academia Española

Emilia Pardo Bazán era una mujer de inquietudes culturales incansable. Su interés por la ciencia y las nuevas tecnologías también abarcaban sus publicaciones en la revista cultural fundada por ella misma «Nuevo Teatro Crítico».

Como otras tantas, la Condesa insistía en la instrucción intelectual de las mujeres para ser partícipes del nuevo siglo XX; y no solo en las humanidades, también en otros campos que les permitieran desenvolverse con autonomía frente a los nuevos inventos.

Real Academia Española
Real Academia Española - ABC

No obstante la gran paradoja de la época impedía que la mujer pudiese acceder a la educación superior, pero sin embargo Emilia sería nombrada catedrática por la Universidad Central de Madrid. Muy escandalizados tanto el profesorado como el alumnado, de que una señora autodidacta hubiera logrado el honor de instruir a las siguientes generaciones, organizaron un boicot; justificando que una mujer no estaba a la altura de ninguna institución universitaria y menos de la enseñanza.

Sin embargo esto no sería lo más triste a lo que se vio sometida una mente brillante como la de Emilia. «El gran error de la Real Academia Española fue cerrarle las puertas a Emilia Pardo Bazán», aseguró Villanueva.

«El gran error de la Real Academia Española fue cerrarle las puertas a Emilia Pardo Bazán»

La Condesa sufriría el desprecio de la Real Academia Española en tres ocasiones; en las que el mismo Leopoldo Alas Clarín, Pío Baroja y Menéndez Pelayo no tendrían piedad criticando la trayectoria de Bazán.

A pesar de sus enemigos intelectuales, también gozaría de la amistad de figuras célebres como el pintor Joaquín Sorolla, y los escritores Miguel Unamuno, Ramón Campoamor y su último romance Benito Pérez Galdós.

«Miquiño mío»

La vida sentimental de la Condesa fue quizás tan intensa como su obra. La última persona que ocuparía casi toda su actividad epistolar fue el también escritor Benito Pérez Galdós.

Benito Pérez Galdós
Benito Pérez Galdós- ABC

La Real Academia Española, según afirmó Villanueva cuenta con la extensa correspondencia entre ambos literatos; donde se muestra el lado más cariñoso de una mujer adelantada para su tiempo y con una visión del mundo profundamente masculina. No obstante detrás de aquel intelecto -quizás intimidante- se escondía el corazón de una mujer que se entregaba sin reservas; y a quien Galdós -llamado por ella «miquiño mío» (bonito mío)- le dejó el alma hecha añicos.

La Condesa murió en Madrid en 1921, donde está enterrada «pero lejos de sus Torres de Meirás» como concluyó Darío Villanueva.