Fotografías de algunas mujeres deportadas a Ravensbrück. La mujer que aparece de perfil en una posición central de la fila de abajo, es Mercedes Núñez Targa - Asociación Amical de Ravensbrück
Fotografías de algunas mujeres deportadas a Ravensbrück. La mujer que aparece de perfil en una posición central de la fila de abajo, es Mercedes Núñez Targa - Asociación Amical de Ravensbrück

El campo de concentración de Ravensbrück: castigo y cautiverio para más de 200 mujeres españolas

Asociaciones e investigadores trabajan para desterrar del olvido a las deportadas durante la Segunda Guerra Mundial

Actualizado:

Resistencia contra los nazis, detenciones y un viaje. Un trayecto engañoso con un destino incierto. Las deportaciones como inicio de una ruta cuya dirección era el horror. El Holocausto empezaba. «Me voy a morir y no he escrito todo lo que viví en el campo», pensó Mercedes Núñez Targa postrada en su cama. Muchas otras personas murieron, pero ella sobrevivió a la monstruosidad de un campo de concentración, y lo contó.

Se estima que más de 8.000 españoles y españolas fueron deportados a campos de concentración nazis. De esta cifra, según la Asociación barcelonesa Amical de Ravensbrück, más de 200 fueron mujeres que conocieron las atrocidades del de Ravensbrück. Algunas fueron trasladadas directamente allí, mientras que otras estuvieron antes en otros.

Los datos no son exactos, pues la obtención de información precisa en torno a las personas deportadas supone un reto para los investigadores. «En Mauthausen se conservó una gran parte de la documentación porque, cuando se liberó en mayo de 1945, determinados presos habían actuado para ponerla a salvo y que no se destruyese. Eso en Ravensbrück no pasó», señala a ABC Benito Bermejo, historiador e investigador especializado en el estudio de los españoles en campos de concentración nazis.

En los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, en abril de 1945 cuando el Ejército Rojoavanzaba hacia el campo de concentración de Ravensbrück para liberarlo, los nazis se adelantaron y destruyeron, casi en su totalidad, los archivos para que no hubiera pruebas documentales que les incriminaran. «Hay mujeres de las que, por haberse destruido sus fichas, es muy difícil que podamos recuperarlas. De unas deportadas tenemos mucha información, de otras muy poca y de otras, ninguna», explica a este diario Teresa del Hoyo, secretaria de Amical de Ravensbrück.

Dicha asociación ha pedido autorización al Ayuntamiento de Barcelona para colocar una placa conmemorativa a Mercedes Núñez Targa, primera deportada barcelonesa a un campo de concentración. Este homenaje podría materializarse a principios de 2019 cerca de la Rambla, lugar en el que siempre permanecería en el recuerdo.

Las tortuosas deportaciones

Las mujeres españolas que fueron deportadas a Ravensbrück compartían una causa. «Todas lucharon contra los nazis», afirma contundente Teresa del Hoyo. «Por ello, llevaban en su ropa el triángulo rojo símbolo de presa política».

La insignia era la manera de marcar en la indumentaria de los prisioneros las diferentes razones por los que habían sido llevados a un campo de concentración. En la siguiente infografía se muestra el código de colores con el que los nazis los distinguían:

Simbología con la que los nazis distinguían las causas de deportación de cada preso - Asociación Amical de Ravensbrück
Simbología con la que los nazis distinguían las causas de deportación de cada preso - Asociación Amical de Ravensbrück

«El triángulo rojo era un motivo de orgullo para todas las españolas que fueron deportadas por defender sus ideales y luchar por las libertados», señala del Hoyo.

El perfil de los detenidos cambió a medida que avanzaba la guerra. Así, hasta 1942 la mayoría eran hombres que formaban parte del ejército francés y que eran deportados y enviados a loscampos como prisioneros de guerra. Benito Bermejo explica a ABC que a partir del verano de ese año, los motivos se extendieron: «Hombres y mujeres fueron detenidos en Francia, normalmente, por algún tipo de actividad clandestina. Conozco casos en los que las mujeres no eran detenidas por realizar algún tipo de actividad armada, bastaba con la actividad en contra del ocupante durante la Resistencia contra los nazis».

El inicio de la deportación ya era una pesadilla para las personas que viajaban en tren hacia los campos de concentración. «En un vagón de dimensiones para ocho caballos, aproximadamente, metían a 80 o 90 mujeres, sin apenas aire porque las ventanas eran muy pequeñas y con un cubo para sus necesidades, uno para todas. Sin agua y sin comida. Eso fue el primer infierno», relata Teresa del Hoyo. «Cuando llegaban (…) las desinfectaban a manguerazos, les rapaban el pelo, les quitaban el nombre y les daban un número que además lo tenían que decir en alemán. Después de esto les hacían una inspección médica en la parte ginecológica y con la misma espátula las miraban a todas».

Las mujeres, a Ravensbrück

En mayo de 1939 llegaron las primeras mujeres a Ravensbrück. El campo había sido construido exclusivamente para ellas, pero durante el último periodo de la guerra, en torno a 20.000 hombres fueron enviados allí porque que otros ya habían sido liberados por los Aliados.

Las características del campo de concentración de Ravensbrück no variaban mucho con respecto al de hombres, pero el personal ocupado del control de las presas eran mujeres, relata Benito Bermejo. «Quienes realizaban la vigilancia exterior y daban la última supervisión eran hombres». Dentro, eran explotadas y sometidas a trabajos forzados en fábricas dedicadas, en su mayoría, a la producción armamentística.

«Como las obligaban a fabricar armas que estaban destinadas a matar a sus familiares, amigos o compañeros de la Resistencia, boicotearon el proceso de elaboración siempre que les fue posible. Producían más lentamente, ponían menos pólvora en las balas o escupían sobre la pólvora introducida en la bala, incluso alteraban la pólvora con otros elementos siempre que podían», describe la secretaria de Amical de Ravensbrück.

Resultado de uno de los experimentos llevados a cabo dentro del campo de concentración - Asociación Amical de Ravensbrück
Resultado de uno de los experimentos llevados a cabo dentro del campo de concentración - Asociación Amical de Ravensbrück

A finales de 1941 comenzó el exterminio: se dio la orden de eliminar a aquellas mujeres demasiado débiles o enfermas para producir. Pero también morían en los experimentos que no estaban sujetos a reglas científicas o éticas. «El doctor Gebhard y el doctor Fischer utilizaron a prisioneras polacas para probar la eficacia de las sulfamidas. A las víctimas seleccionadas se les inoculaban diferentes tipos de bacterias y el resultado de estos experimentos era la muerte de la paciente o un trastorno físico o mental para toda la vida», explica Teresa del Hoyo. «Otro tipo de experimento era hacer incisiones que se infectaban, introduciendo trozos de madera, cristal o ambas cosas a la vez. Otros estaban destinados a estudiar el proceso de regeneración de huesos, músculos y nervios, y la posibilidad de trasplantar huesos de una persona a otra».

Pero eso para muchas presas no era lo peor. «A mí, lo que más me ofendía, fue sin duda lo que ellos llamaban el "appell". Consistía en que te hacían formar en hileras en el patio del campo a la intemperie, en posición de firmes sin mover nada, ni la cabeza, ni las manos, ni los pies, nada. Era, para mí, una humillación, un intento más de destrucción de la persona. Te obligaban a permanecer impasible, inmóvil aunque la compañera de tu lado se cayese y la estuvieran apaleando. Te hacían sentir cobarde, te habían destruido… Y pasaba cada día, durante un par de horas…», así explicaba lo que vivió Mercedes Núñez Targa en una entrevista en 1980.

Procedencia de las españolas deportadas al campo de Ravensbrück - Censo de la Asociación Amical de Ravensbrück
Procedencia de las españolas deportadas al campo de Ravensbrück - Censo de la Asociación Amical de Ravensbrück

Liberación y rebeldía

El horror en el campo de concentración de Ravensbrück terminó el 14 de abril de 1945. 48 horas antes de que comenzara la gran ofensiva contra los nazis en la capital del Tercer Reich, a unos 95 kilómetros de allí.

El mismo día de la liberación del campo, Mercedes Núñez estaba incluida en la lista de transporte a la cámara de gas. Tenía una enfermedad en los pulmones, y como no producía, la querían matar. La entrada del Ejército Rojo le salvó la vida. «El día de mi liberación no sé lo que hice. No puedo recordarlo. Fue tal el choque. Hubo mujeres que se murieron aquel mismo día, que no se podían mover y estaban agonizando en la cama y que se pusieron de pie al oír la noticia. Era una cosa de locura. Fue una alegría inmensa», recordaba Núñez en una entrevista para TVE Cataluña. «Lo que sí recuerdo es que mis compañeras españolas que fueron evacuadas me habían confeccionado una banderita republicana. Era el 13 de abril aquel día. Me dijeron mis compañeras: “Mira, si mañana eres liberada, te la pones”. Yo cogí y me la puse. Es el único dato concreto que recuerdo de aquel día de mi liberación. Lo demás es un poco difuso. Anduve, salté, corrí…».

Las deportadas que sobrevivieron a este campo fueron repatriadas a sus países, sin embargo, las españolas fueron consideradas como apátridas y no fueron reclamadas por el gobierno español. «Estaban libres pero no sabían si su familia había sobrevivido, tampoco sabían dónde estaban, no podían volver a su país y siguieron estando exiliadas sin recursos económicos», narra Teresa del Hoyo.

El cautiverio había terminado, pero aquellas mujeres quedaron marcadas para el resto de su vida. «Todas tienen el mismo sentimiento de: “por qué yo he sobrevivido y las otras no”. Se sienten algo culpables, aunque saben que no tienen ninguna culpa», explica del Hoyo. «Cada una reacciona de una manera, hay quienes no han querido volver a hablar del tema. Otras, se dedicaron a contarlo».

A pesar de las secuelas, tal y como relata del Hoyo, el sentimiento de lucha de aquellas mujeres seguía intacto: «Cuando Mercedes Núñez salió del campo de concentración era una persona delicada de salud. Los médicos le decían que no tuviera hijos, pero ella tuvo uno y dijo que fue uno de sus últimos actos de rebeldía».