Familia

«En el campo June no es una niña especial»

Con 14 años y Síndrome de Down, June forma parte de un equipo deportivo inclusivo y, como muchos jóvenes que lo practican, tiene la oportunidad de integrarse, ampliar relaciones sociales y adquirir valores

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Cuando desde el Club Gaztedi (Vitoria) propusieron a los padres de June, de 14 años y con Síndrome de Down, que participara en un equipo de rugby de inclusión «no nos pareció lo más adecuado por las carcaterísticas de este deporte en sí», confiesa Iousu Izufkitza, padre de la niña. Pero, finalmente aceptaron.

No se arrepienten de la decisión. Todo lo contrario. «Ella está encantada. Es consciente de que tiene limitaciones –corre más lento, se cambia de ropa más despacio...–, pero en el campo no es una niña especial, es una más. Esta normalización en el trato es muy positiva. Los entrenadores la exigen según sus posibilidades. Hacer rugby con otros niños sin discapacidad es un gran acierto y le ayuda a saber lo que es el esfuerzo, la lucha, la disciplina...».

June en uno de sus entrenamientos inclusivos
June en uno de sus entrenamientos inclusivos

Además, cuando realizan partidos se desplazan hasta 80 kilómetros en autobús, «lo que les favorece a estrechar más aún las relaciones entre ellos. Esta experiencia ha supuesto un gran descubrimiento y debe servir de modelo para otras facetas de la vida, como la laboral, el ocio, etc.», apunta Iousu Izufkitza.

No hay duda, como demuestra el caso de June, de que el deporte es una actividad divertida y saludable recomendada a cualquier edad y sin distinción de condición ni capacidades. Su práctica conlleva una mejora física y previene enfermedades, pero además favorece la interacción social y el desarrollo de relaciones interpersonales cuando se realiza en equipo, aspecto fundamental sobre todo cuando quien la realiza padece algún tipo de discapacidad.

Esta serie de beneficios, entre otros, es lo que ha motivado que del próximo 21 al 25 de agosto se celebre en Vitoria el II Torneo Internacional de Rugby inclusivo, competición en la que participan dentro del mismo equipo jugadores con y sin discapacidad.

Martino Corazza, director de International MixedAbilitySports (IMAS), entidad organizadora junto a CEDI (Cátedra de Estudios sobre Deporte Inclusivo) de la Fundación Sanitas, Down España y Down Araba, asegura que el primer torneo celebrado el año pasado en Londres supuso un gran éxito al dejar patente que la inclusión puede llegar a ser una realidad a través del rugby. «Queremos que la sociedad entienda que si la inclusión es posible en el ámbito deportivo, ha de serlo en cualquier faceta de la vida».

Entrenamiento en equipo

Así lo corrobora Agustín Matía, gerente de Down España, quien apunta a ABC que el rugby es un gran exponente del deporte inclusivo especialmente para las personas con Síndrome de Down por los valores que lleva implícitos: trabajo en equipo, respeto, solidaridad, disciplina, espíritu deportivo, que no requiere de un liderazgo único, sino representar muchos roles...

«Por todo ello, es una actividad muy favorable para la inclusión, como pueden serlo también el fútbol, el waterpolo o el baloncesto, no siendo igual de válidos para este mismo fin otros más individuales como el tenis, el atletismo o los relacionados con el tiro, puesto que no fomentan de la misma manera las relaciones sociales de estas personas».

Añade que el deporte practicado sin distinción de condición ni capacidades tiene grandes beneficios para las personas con Down como, por ejemplo, el aumento de su autoestima al asumir un rol y sentirse parte del grupo y, en definitiva, de la sociedad. «No se trata de que practiquen deporte entre ellos, apartados del resto de la sociedad, sino de que estén integrados en equipos mixtos para que aprendan con el resto de compañeros lo que es el esfuerzo, la alegría de ganar o la frustración al perder todos juntos. También les favorece –señala Agustín Matía– en que les ayuda a mantener un tono físico y ser mucho más activos, puesto que por su condición suelen llevar una vida más sedentaria».

Perfectamente factible

Pero no solo ellos ganan. «En sus equipos, las personas sin discapacidad tienen la gran oportunidad de comprender en su día a día lo que implica la diversidad humana que forma parte de nuestra sociedad. Está claro, –puntualiza– que los padres que pretendan que sus hijos sean deportistas de élite, que se conviertan en una marca, no les van a apuntar a equipos mixtos, pero en el ámbito ordinario es perfectamente factible que jueguen juntos. Es más, quienes se decidan por hacerlo lograrán mejores personas, más allá de los resultados. Eso lo compensa todo», concluye.

No obstante, para que el trabajo conjunto de estos jóvenes sea lo más fructífero posible debe haber una adaptación de los entrenamientos que favorezca a todos los integrantes del equipo según su condición. Desde la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) están realizando una investigación sobre qué tipo de deportes favorecen más la inclusión y cómo adaptarlo. Para ahondar en este estudio, el pasado mes de abril se creó en esta universidad, de la mano de la Fundación Sanitas, la Catedra de Estudios sobre Deporte Inclusivo (CEDI), cuyo objetivo es establecer las reglas aplicables para una mayor adaptación inclusiva en cada modalidad deportiva.

Profesores perdidos

Catherine Cummings, directora de Sostenibilidad y Relaciones Institucionales de Sanitas y Fundación Sanitas, sostiene que en los colegios hay muchos profesores de Educación Física que están perdidos a la hora de impartir su clase cuando tienen alumnos con y sin discapacidad en el mismo grupo. «Desde la cátedra hemos desarrollado un documento, al que se puede acceder de forma gratuita en nuestra plataforma, para que todas las escuelas de España puedan conocer con detalle las distintas herramientas necesarias para realizar una inclusión deportiva».

Además, señala que están perfilando con la Universidad Polítécnica un grado específico para formar a profesores especializados en impartir clases de deporte mixtas inclusivas. «Con todo ello pretendemos facilitar la igualdad de oportunidades a todos los alumnos, sea cual sea su condición, y favorecer una sociedad más concienciada con la discapacidad», concluye Catherine Cummings.

Fernando, 17 años

«Animo a otros chicos con Síndrome de Down a hacer deporte porque es genial»

Fernando tiene tres hermanos, una es su melliza que, a diferencia de él, nació sin Sindrome de Down. Desde bien pequeño ha realizado las mismas actividades que sus hermanos como natación, waterpolo o ballet. «Me siento muy orgulloso porque he ganado medallas y trofeos. Animaría a otros chicos Down a que hagan deporte inclusivo porque es genial», asegura.

Su padre, José Julián, apunta que Fernando es muy competitivo y siempre quiere ganar, incluso, a los de su propio equipo, «pero, poco a poco, se ha dado cuenta de que si ganan, lo hacen juntos y es el triunfo de todos».

El deporte inclusivo «es muy positivo, pero no todos los clubes u organizaciones adaptan sus entrenamientos en este sentido. Muchas propuestas se quedan en eso, en meras propuestas, porque es difícil ponerlas en marcha y hay centros que si lo hacen perderían las subvenciones que les sustentan», sentencia José Julián.

Luis Alberto, 32 años

«Es una forma de estar joven»

Luis Alberto asegura que le encanta hacer waterpolo inclusivo. «Me hace disfrutar, y estar más fuerte. Sobre todo me encanta cuando meto goles –bromea entre risas–. Mis compañeros me tratan muy bien y me aceptan como soy», asegura con sinceridad.

Su hermana María José añade que practicar este deporte le ha ayudado a Luis Alberto a sentirse más seguro de sí mismo y a relacionarse sin reparos con los demás, «tanto, que participa también en desfiles, cortometrajes...».

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