Vídeo: El pasado curso se registraron menos casos de bullying pero más crueles
Educación

El acoso escolar disminuye pero los casos son más graves

La media de edad de las víctimas se sitúa en los diez años y uno de cada cuatro casos de violencia se produce a través del móvil o de las redes sociales

MadridActualizado:

Los casos de bullying en nuestro país comienzan a descender, aunque las situaciones que permanecen son las más graves: se trata de hechos más violentos, repetidos con una frecuencia constante, casi a diario. Así lo desvela el III Estudio sobre acoso escolar y ciberbullying realizado por la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación ANAR, en base a los testimonios de los propios afectados durante el 2017 -a través de la atención telefónica gratuita al 900 20 20 10-.

De un total de 36.616 llamadas recibidas, estas instituciones han contrastado y gestionado 590 casos (444 de acoso escolar y 146 de ciberbullying), frente a los 1.207 de la investigación anterior. Casi la totalidad de los procesos implican una gravedad media y alta para aquellos menores que sufren acoso escolar. La duración y frecuencia también han crecido ya que el 52,9% de las víctimas sufren durante más de un año, con una reiteración diaria.

«Soportar, durante tantos días, un acoso constante es algo demoledor, dramático para un niño», comenta Lorenzo Cooklin, director general de la Fundación Mutua Madrileña. «Imaginad una discusión, en un momento concreto, que amargue el día de una persona; estos menores lo viven frecuentemente», insiste.

Pedir ayuda

Una de las tareas que estas fundaciones no ha conseguido corregir, en los cuatro años que llevan redactando este estudio, es el auxilio de las víctimas. Es decir, «los alumnos tardan 13 meses en contárselo a sus padres, por lo que las actuaciones de la familia se retrasan en el tiempo», afirma Benjamín Ballesteros, director de Programas de la Fundación ANAR.

En el caso del ciberbullying, el 75% de los afectados contaron a sus progenitores lo que ocurría, aunque tardaron en hacerlo quince meses. Por otro lado, una tercera parte de las víctimas de acoso escolar presencial no desveló en sus hogares lo que ocurría.

La edad de los afectados y, por tanto, la baja capacidad de reacción, hacen que los menores se callen y tarden en contar lo que pasa. El acoso escolar se inicia a una edad muy temprana, en el entorno de los 10 años, siendo el sector masculino el más afectado, con un 53,2%. En el caso del ciberbullying, la edad es algo mayor -13,5 años de media-, pero va disminuyendo con el paso del tiempo debido a la entrega del primer móvil. En cuanto a víctimas, destacan las niñas como las más vulnerables (65,6%).

«Veo bien que unos padres quieran saber dónde está su hijo, pero eso no significa que tengan que darle un teléfono con acceso a internet antes de los 14 años. No van a crear ningún trauma en su hijo porque no tengan un smartphone el día de su comunión», comenta Ballesteros.

Por ser diferente

En este estudio, ambas fundaciones han comprobado que los casos que se producen «se van tornando en más violentos, ya que aumentan el número de empujones y zarandeos que sufren las víctimas. Comienza a haber contacto y agresión física; en ciberbullying destacan, también, las amenazas», apunta Cooklin.

Pero, ¿por qué ocurren, realmente, estos hechos? ¿Por qué hay acoso entre los menores? «Por ser diferente. El perfil tipo de la víctima es ese, por destacar en las notas, por ser más torpe en Educación Física, por alto, bajo... Cualquier motivo que haga a alguien distinto es “excusa” para el acosador», insiste Lorenzo Cooklin. En definitiva, les tienen manía por ser opuestos a ellos.

Este dato se extrapola tanto al acoso presencial como al ciberbullying, aunque en este último se incrementa, aun más, la agresividad de los hostigadores. «Hablamos de menores que usan la violencia como divertimento», apunta Ballesteros.

La proporción de situaciones de acoso y ciberacoso ejercidas por mujeres disminuye, mientras que se mantienen las llevadas a cabo por varones. «El sector femenino tiene más sensibilidad sobre este problema y su fin es que disminuya», cuenta Ballesteros. También cabe destacar que el número de personas que acosa se acota entre dos y cinco, quedando en un porcentaje pequeño aquellos actos donde actúa toda la clase.

Ningún sitio es seguro ni está protegido para evitar el acoso. Las víctimas, en la actualidad, sufren hechos violentos en un mayor número de lugares: dentro del colegio, destacando el recreo y los cambios de clase, y fuera de la escuela, para casos, sobre todo, de ciberacoso. «En este tipo de agresión también destaca un alto porcentaje dentro del centro, por lo que prohibir el uso de móviles en el aula reduciría el número de casos de bullying», apunta Ballesteros. «Antes, volver a casa significaba tranquilidad, era como un lugar para protegerse, pero ahora puedes sufrir acoso incluso en tu propia habitación», comenta Cooklin.

Miedo permanente

Síntomas depresivos, ansiedad, aislamiento, miedo permanente, soledad, baja autoestima..., son algunas de las consecuencias que sufren las víctimas de acoso. El 90% de los casos presentan problemas de carácter psicológicos que se mantienen a largo plazo y que llevan siempre consigo. El resto, el 8,2 por ciento de los demandantes, reaccionaron de manera muy preocupante: autolesiones, ideas o intentos de suicidios. El tiempo que transcurre hasta que los menores se lo cuentan a sus padres «sigue siendo mucho para poder detener lo que ocurre», afirma Lorenzo Cooklin.

«Afortunadamente, el porcentaje de víctimas que reaccionan ante ambas situaciones de acoso es cada vez mayor, superando el 50%», añade Ballesteros. La sensibilización sobre este problema social crece y eso ayuda a familias, profesores y, sobre todo, a los menores que son acosados.

Otro dato importante que va en aumento es la actuación de los docentes, que cuentan con una valoración cada vez más positiva entre los alumnos e, incluso, en las familias cuando estas ya son conocedoras del problema. «Se están produciendo actuaciones más activas por parte del colegio y de las familias para paliar o reducir los hechos», concluye Cooklin.

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