Zinedine Zidane y su mujer Véronique, el pasado lunes, en el estadio Santiago Bernabéu
Zinedine Zidane y su mujer Véronique, el pasado lunes, en el estadio Santiago Bernabéu - REUTERS

Todos los detalles sobre la misteriosa ausencia de Zidane

El técnico francés ha estado nueve meses alejado del trabajo, tras abandonar el Real Madrid el pasado 31 de mayo

MADRIDActualizado:

Saber abandonar a tiempo resulta fundamental para poder regresar. Pero lo que nunca calculó es que sucedería de forma tan temprana. Solo nueve meses después de su au revoir, el hombre tranquilo ha aceptado el desafío y está de vuelta en el banquillo. Sin aspavientos ni grandilocuencia ni siquiera traje. Porque Zinedine Yazid Zidane(Marsella, 1972) no es de esos que se crecen ni detrás de un atril ni en la banda de un estadio. Impecable en las formas, modesto y contenido, ha hecho de su carismática timidez su mejor arma para conectar tanto con el vestuario como con la afición. Un hombre con talento desproporcionado y un espíritu de superación, forjado a fuego desde la infancia cuando daba balonazos en La Castellane, un barrio marginal de la banlieue marsellesa.

Pero para entender quién es realmente Zinedine Zidane hay que detenerse no solo en su pasado, en sus padres argelinos Smaïl y Malika, sino también en su presente, en la figura de Véronique Fernández (45). Su roca durante tres décadas. También hija de emigrantes. Una chica espigada de 1,72 de estatura, cabellera morena y ojos claros, nacida en Francia y afincada en El Chive, una pequeña aldea de Lubrín (Almería). Renunció a su carrera de bailarina por él, pero a la vista está que le ha compensado. Ella, aunque rehuye de los focos, en la sombra guía las decisiones de Zizou, un hombre hiperfamiliar. Y de momento, ha sabido aconsejarle bien.

Cuando el técnico francés abandonó el Real Madrid el pasado 31 de mayo, se agarró con fuerza a su familia para llenar el vacío laboral. A caballo entre Madrid y el resto del mundo, ha pasado los últimos nueves meses. Durante sus semanas en la capital, era habitual ver al matrimonio paseando por Arturo Soria –residen en una casa de 400 metros cuadrados en Conde de Orgaz– o de compras por la Milla de Oro. Acude con regularidad al gimnasio y toma clases de yoga.

Zizou también ha invertido buena parte de su tiempo en contemplar el buen hacer de sus hijos en el césped. No como estrella, sino como espectador. Como padre que también se infla de orgullo cuando ve a sus retoños despuntar.

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El mayor, Enzo, (cumplirá 24 años el próximo 24 de marzo) milita esta temporada como centrocampista en el Rayo Majadahonda. Por ello Zizou frecuentó las gradas del Wanda Metropolitano, donde jugó provisionalmente el equipo de segunda división hasta enero. Y como es un hombre que no se mueve por el mundo con aires de grandeza, una tarde, que un agente de seguridad le denegó el acceso a uno de los palcos puesto que se olvidó el permiso, se dio la vuelta y no dijo ni mu. Enzo mantiene una relación con Karen Gonçalves, una joven venezolana, que huyó de su país hace tres años.

Su hijo Luca, de 20 años, es el portero del Castilla, el segundo equipo del Real Madrid. Theo, de 16 años, juega en el equipo cadete del equipo blanco y en la Selección francesa Sub-16, y Elyaz, de 13 años, pertenece al equipo infantil B del Madrid.

Durante estos nueve meses, a Zidane no le ha dado tiempo a guardar la maleta. Con la plantilla familiar al completo, viajó a Ibiza a finales de junio, ajeno a las polémicas del Mundial y al grotesco baile de entrenadores que terminó por devorar a la Selección Española. La familia dispone de un amplio patrimonio inmobiliario en la isla, concretamente en Santa Eulalia del Río. Son propietarios de un ático dúplex de 350 metros cuadrados, un piso de 270 metros, tres plazas de garaje, dos trasteros, dos parcelas y un punto de atraque en el puerto deportivo.

El matrimonio y sus hijos el pasado junio en Ibiza
El matrimonio y sus hijos el pasado junio en Ibiza

Como si del anuncio de un nuevo gimnasio se tratara, el clan Zidane posó a bordo de un barco presumiendo de cuerpos disciplinadamente esculpidos. Lógico que un entrenador se mantenga en forma y lo mismo para sus hijos, pero la capitana de la familia tampoco se quedó atrás en la exaltación veraniega del abdominal.

Con la llegada de septiembre, el matrimonio cambió los bañadores por las gabardinas para visitar Londres y como dos turistas más sucumbieron ante la foto con la cabina roja y los barrotes dorados y negros de Buckingham. Y de la ciudad del Támesis a la montaña francesa. Ese mismo mes Zizou ascendió el Pico de los Memises, situado en los Alpes, junto a la Alta Saboya francesa y muy cerca de la frontera con Suiza. Se fotografió tras coronar la montaña a 1.674 metros de altura y compartió la hazaña en Instagram.

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Tres meses más tarde la pareja viajaba a China con la excusa de que Zidane debía asistir a un evento organizado por la marca deportiva Adidas. Por supuesto aprovecharon para hacer turismo por Pekín y Shanghái. Zidane compartió una instantánea en la Gran Muralla y otra en la que aparece aprendiendo a jugar un juego de mesa chino junto a unos locales.

Zidane y su mujer Véronique, junto a dos de sus hijos
Zidane y su mujer Véronique, junto a dos de sus hijos - ABC

A finales de diciembre y huyendo del frío y los villancicos navideños, aterrizaba la familia al completo en Dubái. Zizou se atrevió con el Xline Dubai Marina, la tirolina urbana más larga del mundo y se citó con el delantero francés Dembélé, también de vacaciones en el emirato.

Ahora, tras nueve meses entregado a los placeres de la vida, y de vuelta en Valdebebas, toca madrugar y ponerse el chándal de trabajo. Algo que le llena incluso más que vivir de vacaciones puesto que siempre ha abanderado el espíritu del esfuerzo.