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Los nuevos retos de Kepa en Londres

Andrea Pérez, novia del portero vasco, compartirá palco con Alice Campello y Daniella Semaan, parejas de Álvaro Morata y Cesc Fábregas

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Con tan solo 23 años, el ondarrés Kepa Arrizabalaga ya ha hecho historia. El fichaje de Thibout Courtois por el Real Madrid ha desencadenado el traspaso de portero vasco del Athletic de Bilbao al Chelsea por 80 millones de euros, convirtiendo a Kepa en el guardameta más caro de la historia.

Ante él se abre una nueva vida en Londres, dejando atrás a su familia y amigos en Bilbao. Quien seguro estará a su lado en la capital inglesa será Andrea Pérez, su novia. Graduada en Magisterio, poco se sabe de esta joven castaña que se cuela de vez en cuando en las redes sociales del vasco, más allá de que llevan cinco años de sólida relación y que es una gran amante del rock y del hip hop.

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A primera vista Pérez tiene muy poco en común con sus futuras compañeras de palco. Entre las parejas de los jugadores del Chelsea se encuentran Izabela Andrijanic (Mateo Kovacic), Alice Campello (Álvaro Morata) o Daniella Semaan (Cesc Fábregas). Tres mujeres muy volcadas en el mundo de la moda, en su papel como madres y con miles de seguidores en Instagram, lugar donde comparten su día a día. El perfil de la novia de Kepa es mucho más similar al de Marta Domínguez, expareja y madre de los hijos de Courtois. Ambas valoran su privacidad y la discreción, con sus perfiles de las redes sociales cerrados a cal y canto, protegidos de las miradas fisgonas. Y es que, tras protagonizar una fuerte polémica por la publicación de una foto en el parque de El Retiro a principios de este año, cuando parecía que su novio podría fichar por el Real Madrid, Andrea privatizó su perfil para evitar todos los insultos que recibió de algunos fanáticos.

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Kepa ya ha aterrizado en Stamford Bridge y, además de conseguir que los seguidores se aprendan su apellido -su compañero César Azpilicueta no ha tenido tanta suerte y ha sido bautizado por los ingleses como «Dave»-, tiene ante sí otro reto: no perder su afición al canto de jilgueros en la fría y gris Londres. Un hobby que le transmitió su «aita» y que le valió el sobre nombre de «Jilguero» en el vestuario de su antiguo equipo.