Juliana Awada
Juliana Awada - EFE

Juliana Awada: «Mi lugar no es la política, pero ayudaré a mi marido a sacar el país adelante»

Con motivo de su visita a España, la esposa de Mauricio Macri habla con ABC sobre su año como primera dama

MADRIDActualizado:

Los paseos por Madrid en compañía de su hija Antonia (5 años), las visitas en solitario al Museo Thyssen, el Reina Sofía y El Prado; las confidencias con Isabel Preysler, mientras ambas recorrían la exposición «Las decisiones del Tacto» en Casa América, poco antes de la charla-coloquio de Mauricio Macri y el Nobel peruano Mario Vargas Llosa; el almuerzo en el restaurante Arce, mientras decenas de viandantes se agolpaban a las puertas del establecimiento... Hoy finaliza la visita oficial a España del presidente y la primera dama de Argentina. Y Juliana Awada (42) no sólo se lleva buenos recuerdos, sino que además deja una estela de admiración. «Juli», como se la conoce en la intimidad, ha hecho gala de otro de sus apodos: «la hechicera». Ha fascinado a su paso por su cercanía, estilo y naturalidad

También, aquí deja a una amiga: la Reina Doña Letizia, hacia la que tiene palabras de admiración. «Haber compartido una conversación con Su Majestad Doña Letizia tiene un valor enorme. Fue una charla relajada entre dos mujeres de una misma generación que comparten intereses», contó Awada el pasado miércoles, después de la recepción de Don Felipe y Doña Letizia en el Palacio de La Zarzuela.

Aprovechando estos días en la capital, Juliana Awada atiende a ABC para hacer balance sobre este último año, que ha sido el primero como moradora de la Quinta de Olivos. «Este año ha sido de crecimiento: tener la oportunidad de viajar por mi país y conocer a muchos argentinos que tienen la esperanza de que las cosas van a estar cada día un poco mejor», explica a este periódico. «También es un honor poder acompañar a Mauricio en sus viajes al exterior, conocer a figuras destacadas como jefes de Estado, reyes o personajes del ámbito político, artístico y deportistas talentosos. Es una oportunidad que valoro mucho y que llevo con responsabilidad».

Que Mauricio Macri no tenga reparos en llamar a su mujer «la hechicera» dice mucho del poder de seducción de Juliana. Su encuentro con Doña Letizia era uno de los acontecimientos más esperados esta semana por el famoso «duelo de estilo» que ambas protagonizarían. Sin embargo, se ha demostrado que en su caso va mucho más allá que un look perfectamente escogido. Para el recuerdo quedan las imágenes de dos mujeres comprometidas con su país y la sociedad, modernas y diplomáticas, que tampoco olvidan su papel de madres y consortes. «Hablamos sobre nuestros roles, de nuestros países con tanta historia y lazos en común, y también sobre lo que vivimos como mujeres y como mamás de dos niñas. Me sentí muy a gusto y la conversación fluyó naturalmente», comentó Awada sobre su encuentro con la Reina.

¿Qué espera conseguir como primera dama durante el mandato de su marido? «Mi objetivo es poder dar lo mejor de mí. En primer lugar, acompañar a mi marido en su tarea de servir a los argentinos y de sacar la Argentina adelante», afirma. «Por otro, yo soy mamá y voy a acompañar a mis hijas en cada etapa de su crecimiento. Mi lugar no es la política, pero quiero ayudar en todo lo que pueda para llevar la atención de la sociedad sobre distintos temas que me sensibilizan especialmente, como la primera infancia, la educación y el lugar que ocupa la mujer en la sociedad», puntualiza.

Familia de costumbres

Un mes antes de que los Macri se instalaran en la Quinta de Olivos, Awada llevó a cabo algunos cambios en la residencia privada de los presidentes argentinos. Consiguió la calidez de un hogar. «Cuando Mauricio fue elegido presidente, mi objetivo fue hacer todo lo posible para que la familia se mantuviera unida dentro del cambio lógico que supone la responsabilidad de un cargo tan importante», reflexiona un año después. Ahora, compagina su papel de madre, con el de primera dama y esposa del presidente de Argentina «como hacen todas las mujeres: con amor, dedicación y mucha organización», cuenta con misma espontaneidad con la que se ha desenvuelto estos días. Porque, pese a los cambios, continúan siendo una familia «que a la hora de comer se junta y se cuenta lo que se hizo durante el día».

Juliana Awada es una mujer de batalla, que, mucho antes de llegar a la Quinta de Olivos, vivió en Oxford y viajó por todo el mundo, algo que le daría la soltura para poder desenvolverse con naturalidad por cualquier ambiente. En 1997 estuvo casada un año con el argentino Gustavo Capello. Hace 10 años dio a luz a su hija Valentina, fruto de su relación con el aristócrata belga Bruno Barbier. En 2010, contrajo matrimonio por segunda vez con Mauricio Macri, 15 años mayor que él y padre de tres hijos mayores de edad de su primer matrimonio. Hace un lustro, los Macri dieron la bienvenida a Antonia, su primera hija en común. Desde pequeña, Awada ha visto cómo todo su entorno familiar trabajaba en la fábrica textil de su padre, que en la actualidad se ha convertido en una cadena de tiendas multimarca que cuenta con doce locales en Buenos Aires.

Consciente del papel tan importante que ha adquirido, la primera dama argentina no olvida las palabras que le transmitió hace un año la esposa de Barack Obama, que por aquel entonces era la primera dama de Estados Unidos. «El consejo que más me gustó de Michelle Obama es que no me olvidara nunca que nosotras somos el sostén emocional de nuestros maridos y nuestros hijos, y que en tanto y en cuanto nosotras estemos bien, nuestros hijos van a poder vivir esta experiencia con la mayor naturalidad posible», recordó Awada en mayo de 2016 a «Vogue España».

Awada tiene este mensaje muy presente. De hecho, los Macri conservan las mismas costumbres que antes de llegar a la residencia presidencial. Se reúnen con sus familias y con sus «amigos de toda la vida» y, por supuesto, continúan «armando rompecabezas con Antonia antes de dormir». Por eso, Awada reflexiona: «Siento que lo estamos logrando, que pasamos la prueba, porque veo que, aunque nuestra vida haya cambiado de distintas formas, nuestra esencia es la misma, no se alteraron las cosas básicas».