Guerra en la aristocrática familia de Alessandro Lequio por una herencia multimillonaria

Está en juego el patrimonio de los Torlonia de Civitella-Cesi , valorado en 2.000 millones de euros, que incluye la colección de esculturas más importante de Italia

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Las miserias de uno de los clanes más célebres de la aristocracia italiana han salido a la luz por culpa de una multimillonaria herencia. Se ha desatado una especie de «guerra de sucesión» en el seno de los Torlonia, familia a la que pertenece Alessandro Lequio –hijo de la ya fallecida Alessandra Torlonia di Civitella-Cesi y nieto de Beatriz de Borbón y Battenberg–. Desde banqueros a príncipes, en Roma el apellido Torlonia es sinónimo de grandes riquezas y cierto misterio. Sin embargo, el problemático reparto de su ingente patrimonio ha saltado a los medios con gran escándalo.

En juego está un tesoro escondido en el corazón de la «Ciudad Eterna», valorado en casi 2.000 millones de euros: se trata del Museo Torlonia, en la romana via della Lungara y cuyas puertas permanecen cerradas desde 1976. Cuenta con la mayor colección privada de esculturas de mármol –623– de Italia, comparable en cantidad y calidad a las de los Museos Vaticanos y los Museos Capitolinos. Originales mármoles griegos y romanos que representan dioses y héroes mitológicos. Además, el patrimonio familiar incluye activos bancarios, tierras de cultivo y propiedades inmobiliarias; entre otras, el Palacio Torlonia, en via della Conciliazione, a dos pasos del Vaticano; la monumental Villa Albani y la Villa Delizia Carolina, en Castel Gandolfo. Antaño fueron los propietarios de la célebre Villa Torlonia, donde se instaló el dictador Benito Mussolini, haciéndose construir allí un búnker. Tras la guerra fue comprada por el Ayuntamiento de la ciudad, que la restauró y la abrió al turismo.

Patrimonio secuestrado

Todo estas riquezas permanecen bajo «secuestro» por orden del juez Fulvio Valillo, al ser impugnado el testamento del príncipe Alessando Torlonia, fallecido el 28 de diciembre 2017, a los 93 años. Carlo Torlonia (67), primogénito del príncipe Alessandro, es quien ha demandado a sus hermanos Paola, Francesca y Giulio, además de a su sobrino Alexander –hijo de Paola– en su calidad de «ejecutor testamentario».

Según el testimonio de Carlo Torlonia, sus hermanos le alejaron de su progenitor para repartirse la herencia, llegando a manipular documentos. En el escrito de impugnación, se dice que el primogénito «no lograba comunicar con el padre ni siquiera por teléfono, ya que las llamadas eran filtradas por una hermana o por la secretaria del príncipe, refiriéndole que su estado de salud era óptimo».

Y se añade un testimonio directo del demandante sobre las maniobras para liquidar la herencia: «Solo casualmente supe por la prensa que se había constituido una Fundación Torlonia, en la que ni yo ni mis hijos teníamos ningún papel, y que había asumido la gestión de todas las colecciones». Es más, Carlo Torlonia destaca que sus hermanos «intentaron vender al extranjero esculturas». Al realizarse el inventario se descubrió, según Carlo, que la famosísima colección de mármoles «parece haber sido objeto de una negociación de venta de la Fundación Torlonia al Paul Getty Museum», operación que no se habría cerrado.

Ante los ataques de Carlo Torlonia su hermano Giulio ha asegurado que «para proteger nuestro nombre y restablecer la verdad» contará al juez, «junto a mis hermanas», las verdaderas relaciones entre el padre y el primogénito. Para ello, promete depositar en el juzgado un testimonio escrito por el difunto Alessandro Torlonia, en el que se lamenta amargamente de que su primogénito «no estaba interesado en mi persona, sino en mi patrimonio». Dos meses antes de fallecer, el príncipe declaró «indigno» a su hijo Carlo y le escribió varias cartas en las que le pedía cuentas sobre «el odio feroz que nutres hacia tu familia» y le acusaba de «haber pisoteado nuestro honor».

El magistrado Valillo ha justificado el secuestro judicial porque «los bienes, incluidas las obras de arte y las estatuas, son de valor histórico y se debe asegurar la conservación íntegra del patrimonio hasta que se adopte una decisión».

Verificación de firmas

La batalla judicial se vislumbra larga, pues Carlo Torlonia ha contratado a un célebre abogado penalista, Franco Coppi –fue también defensor de Silvio Berlusconi–, para que intervenga en la investigación de la falsificación de documentos y verificación de las firmas.

La guerra familiar por la herencia de una colección de arte que impresiona por su calidad y magnitud no deja indiferente a los italianos. Italia Nostra, una destaca organización que se dedica a proteger y promover el patrimonio histórico, artístico y medioambiental, ha subrayado en un comunicado que «la venta de la colección Torlonia es un riesgo que Italia no debe permitir» y solicita que el ministerio de Cultura «intervenga con urgencia» para protegerla de la «especulación económica».