Bob Dylan, en una imagen de archivo
Bob Dylan, en una imagen de archivo - REUTERS

Bob Dylan, el «huésped invisible» del hotel Palace de Madrid

El cantante ha reservado ocho habitaciones, pero no ha pisado las zonas comunes ni se deja ver

MADRIDActualizado:

Fue a principios de la semana pasada cuando el equipo de dirección del madrileño hotel Palace envió una circular a los jefes de los empleados de servicio y seguridad para comunicarles la llegada de un ilustre huésped. No era otro que el legendario Bob Dylan. El músico, quien hizo historia en 2016 al ser el primero en ganar el Premio Nobel de Literatura, llegó pasada la medianoche del 24 de marzo a Madrid. Venía de Salamanca, donde había dado su primer concierto en España. En la capital le esperaban otros tres ( 26, 27 y 28 de marzo), para presentar en el Auditorio Nacional de Música su disco «Trouble no more», en el marco de su gira «Never ending tour», que Dylan (76 años) realiza de forma ininterrumpida desde el 7 de junio de 1988. Tras el concierto de esta noche, partirá a Barcelona.

Lo único que pidió Dylan fue tranquilidad y anonimato, el mismo requisito que exigió en junio de 1989, cuando se alojó en una suite de este mismo hotel. De hecho, su estancia no se ha comunicado a todos los trabajadores, solamente al personal de seguridad y a los del servicio de habitaciones y limpieza. Por eso ayer, los hospedados almorzaban en el salón de La Rotonda ajenos a la posibilidad de cruzarse con una de las figuras más influyentes de la música cuando volvieran a su habitación para terminar de organizar otro día de turismo en la capital.

Recluido

Incluso los empleados que servían el desayuno expresaron su sorpresa. «¿Que Bob Dylan está aquí? No tenía ni idea, la verdad es que me encantaría verle», decía una de las jefas de sala. Según pudo saber ABC, «Dylan está en el hotel, pero no se le ha visto el pelo». No ha pisado las zonas comunes y habría permanecido en su habitación prácticamente todo el tiempo, descansando entre concierto y concierto. «Normalmente nos enteramos de los famosos que están por ahí arriba cuando ya se han ido. Buscan anonimato y piden comida al servicio de habitaciones», contó un camarero.

Teniendo en cuenta la fama de excéntrico que precede al cantante, a nadie le habría extrañado que hubiera reservado una planta entera del hotel. Pero fue otro colega suyo quien en 1988, para su primer concierto en Madrid, le ganó a extravagante: «Al único que he visto bloquear las habitaciones de toda una planta fue a Michael Jackson». Y es que, si la noche antes de pernoctar en la capital, Dylan reservó 14 habitaciones en el Grand Hotel Don Gregorio de Salamanca para él, sus músicos y acompañantes cercanos -según publicó «La Gaceta de Salamanca»-, en Madrid han sido ocho las estancias que ha pisado el artista con sus botas blancas. «En las puertas de todas las habitaciones cuelga el cartel de ‘no molestar’», comentó otro empleado.

A Dylan siempre se le ha considerado un tipo enigmático. Ha prohibido al público que acude a sus conciertos que saque el teléfono para inmortalizar alguno de sus momentos sobre el escenario y cuando está de gira a penas sale de los hoteles. Sin embargo, se le ha visto deambular por los bajos del Golden Gate, visitar de incógnito la casa de John Lennon y hacerse el remolón a la hora de recoger el Nobel de Literatura. Su comportamiento críptico y la inaccesibilidad que proyecta, junto a sus composiciones brillantes, han hecho de Dylan un personaje entre odioso y genial para el gran público. Quizá el pasado domingo merodeó por el barrio de Las Letras. Si fue así, nadie le vio salir ni entrar del hotel Palace.