Beatriz Lodge de Oyarzábal, la condesa viuda de Romanones, la señora de Cañedo y la duquesa de Alba, en 1962
Beatriz Lodge de Oyarzábal, la condesa viuda de Romanones, la señora de Cañedo y la duquesa de Alba, en 1962 - ABC

Condesa viuda de Romanones: «Cayetana de Alba era la que tenía mejor cuerpo»

Carmen Tello no fue su única íntima. Aline Griffith y Naty Abascal, entre otras, recuerdan en ABC a su amiga la duquesa

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Carmen Tello pasará a la historia como la fiel amiga de la duquesa de Alba. Y lo ha sido. Sin embargo, mucho antes de que ella llegara a la vida de Cayetana Fitz-James Stuart hubo otras leales confidentes. «La conocí en 1944, el año que llegué a España. Ella tenía 18 años y estaba con un grupo de cuatro chicas en la playa de Bilbao. Era la más guapa y la que tenía mejor cuerpo», recordaba Aline Griffith, condesa viuda de Romanones. La exespía americana compartió innumerables Ferias de Sevilla con la aristócrata. «Montaba a caballo mejor que nadie, iba a las corridas de toros todos los días y bailaba flamenco como un profesional. Cayetana ha sido de las personas que mejor representaba las maravillas de España. Hoy somos muchos los que sentimos esta gran pérdida», se lamentaba Romanones que, a sus 94 años, lucía estupendamente bien.

«Mi primer encuentro con Cayetana fue en 1955», rememora Beatriz Lodge de Oyarzábal, hija del por entonces embajador de Estados Unidos, John Davis Lodge. «Mi madre y Cayetana organizaban muchas obras benéficas para los salesianos y ambas eran amantes de los animales. En esos años tuve poco trato con ella porque yo era muy joven. Pero muchos años después, cuando yo ya estaba casada, construí una casa al lado de la de ella en Marbella. Así nació nuestra amistad», explica Lodge, que disfrutó de muchos veranos marbellíes con los Alba. «Sus hijos, María Eugenia y Cayetano, jugaban con mis hijos y venían a bañarse a nuestra piscina porque Cayetana no tenía una», recuerda.

La señora de Oyarzábal trató mucho con Luis Martínez de Irujo y Jesús Aguirre, los dos primeros maridos de doña Cayetana. «A Alfonso no lo conozco. En esta última etapa de su vida yo ya no la veía», reconoce. Son muchas quienes admiten que tras la muerte de Aguirre, en 2001, perdieron el contacto con la aristócrata. «Hace tiempo que no la veía. Pero su muerte ha sido un gran disgusto para mí», dice Pitita Ridruejo (84). «La conocí en un Rastrillo de Nuevo Futuro hace cuarenta años. En uno de los puestos vi un perro que me encantó pero antes de que pudiera llegar a pagarlo Cayetana ya se lo había quedado para ella. Le dije que yo lo había visto primero pero no quiso dármelo. ‘‘Ya lo pagué, es mío’’, me dijo. En ese momento me enfadé mucho con ella, pero días después nos volvimos a ver en el mercadillo y nos hicimos muy amigas», rememora la mujer del exembajador filipino Mike Stilianopoulos.

Carmen Franco (88) también compartió décadas de Rastrillos con Alba, pero prefiere no hablar al respecto. «Éramos contemporáneas, pero no amigas. Lo siento, no recuerdo nada», se excusa muy amablemente la duquesa de Franco, que nació solo un mes antes que la duquesa. En cambio, Pitita no tiene reparos en evocar sus años con Cayetana en Londres, a finales de los años 70. «Mi marido estaba destinado allí y ella venía muchas veces a visitarnos. Guardaba recuerdos muy bonitos de su infancia junto a su padre en Reino Unido. Ella adoraba a su padre».

Naty Abascal (71) también está desolada. La noticia la ha pillado fuera de España. «Estoy destrozada. La idolatraba porque hacía el bien a todo el mundo», dice la exmodelo y estilista, que vistió a Cayetana para memorables reportajes de «¡Hola!». «Mi hermana Ana María y yo la conocimos en la puesta de largo de su sobrina, Reyes Teba, en la Casa de Dueñas, en 1962. Yo después me fui a Nueva York y dejé de verla». La amistad renació cuando Abascal se casó con Rafael de Medina, XIX duque de Feria. «Entonces los Alba y los Medinaceli se miraban con cierta displicencia. Cayetana y yo tendimos puentes entre ambas familias». Cuando se separó de Medina, en 1988, Naty dejó Sevilla pero antes organizó una cita para que la duquesa conociera a Carmen Tello. El resto es historia. En el libro «Yo, Cayetana» (Espasa), cuando cita a sus íntimas, la noble con más títulos de España obvia a Pepita Saltillo y a muchas otras grandes y distinguidas mujeres que la acompañaron a lo largo de su vida. Hoy todas ellas la recuerdan y la lloran.