Concha Márquez Piquer
Concha Márquez Piquer - ABC

Concha Márquez Piquer: «Si la vida me pone frenos, yo me los salto todos»

Retirada de los escenarios, feliz junto a su familia, relata en sus memorias lo bueno y lo malo de sus 70 años

MADRIDActualizado:

Dos años han pasado desde que publicara una biografía sobre su madre, la legendaria Concha Piquer. Ahora «Así era mi madre», Concha Márquez Piquer (70 años) vuelve a ponerse delante del papel en blanco para escribir sus memorias, «Yo misma», en un libro donde recoge importantes capítulos de su vida salpicados de anécdotas. Retirada de los escenarios y con la colaboración de su marido Ramiro Oliveros, la artista hace un recordatorio de su vida que no dejará indiferente a nadie.

¿Qué le ha motivado a publicar ahora sus memorias?

Son varios motivos. En principio, corresponder a las demandas de muchos amigos que me animaban a hacerlo y, sobre todo, la insistencia de mi actual marido, Ramiro, que, sabedor de tantas anécdotas que yo le había contado, me insistía en publicar este libro. Tuvo la paciencia de grabar mis palabras y la sapiencia de trasladarlas al papel, de modo que a cualquiera que las lea le parece estar escuchándome.

¿Que ha sido lo más difícil de escribir y qué lo más gratificante?

Hay un capítulo en el libro que he titulado «Resumen de tristezas» y en el van trozos de mi alma. Cuando lo releo, me echo a temblar. Pero no todo han sido tristezas en mi vida. Hay momentos gloriosos, mágicos, diría yo.

Aprovecha, además, para aclarar ciertas historias en referencia a doña Concha Piquer...

Siempre me ha indignado que se dijeran de ella cosas inexactas y que, inexplicablemente, tanto para mí como para mi padre (el torero Antonio Márquez), ella jamás se molestó en aclarar. Por ejemplo, que era adusta, antipática y autoritaria, cuando la verdad es que tenía un gran sentido del humor y era muy cercana a sus amigos. Lo que sucedía es que se había educado en Broadway y tenía un concepto del espectáculo que poco tenía que ver con lo que había por aquí. Y para colmo, había salido una biografía no autorizada de cierto mindundi contando mentiras terribles sobre su vida, citándola como una «artista del régimen» y demás. Eso fue lo que me motivó para escribir ese otro libro.

Su educación parece casi de princesa. Al final, ¿las primeras papillas son las que cuentan?

No fue de princesa, aunque sí de una niña habitando entre el amor y el cariño de sus padres. En ese libro cuento cómo fueron mis primeros alimentos de una ama de cría que contrató mi padre y, después, recorriendo todo el mundo y acostumbrando mi paladar a todos los sabores. Más tarde, entré en un internado de Lausana (Suiza) y después estudié en Londres. Tuve una educación integral y aprendía todas las costumbres.

Relata con detalle su historia de amor con Curro Romero, que empezó cuando tenía ¡14 años! ¿Siente que se perdió juventud?

Yo no lo siento como pérdidas, la empleé de la mejor manera que supe. Es muy posible que me precipitara al enamorarme de ese hombre, pero, mira tú por donde, de ahí surgieron mis dos primeras hijas de las que siempre me he sentido orgullosa.

Dice que ha sido una mujer que ha conseguido todo lo que quería y hasta fingió un apendicitis. ¿No le ha puesto frenos la vida?

Cuando la vida me pone frenos, yo me los salto todos. No tolero que nada ni nadie me diga lo que debo hacer y sé encontrar los recovecos para salirme siempre con la mía. Eso de la apendicitis que menciona, a día de hoy me parece una barbaridad. Pero lo cierto es que tal historia es como la cuento.

Su ruptura matrimonial también la cuenta, al igual que su historia de amor con Ramiro Oliveros al que define el hombre de su vida. ¿Qué importancia ha tenido el amor en su vida?

Yo me considero hija del amor y todo lo que hago está influenciado por ese sentimiento.

Hoy vive casi aislada del mundo y retirada de los escenarios. ¿No le pincha la nostalgia?

¿Para qué sirve la nostalgia? ¿Para entristecerse? Yo no siento nostalgia de tiempos pasados y sé muy bien refugiarme en mis recuerdos para volver a vivir situaciones que, en su momento, me dieron la felicidad.

¿Con quién ajustaría cuentas, a quién le cantaría las cuarenta?

Ya le dije una vez a Dios, cuando murió mi hija Coral, las siguientes palabras que van en el libro: «Si piensas que voy a dejar de creer en Ti, te equivocas..., pero entenderte, no te entiendo» ¿Ajustar cuentas? ¿Para qué o con quién? Jamás me he planteado ajustar cuentas con nadie.

Siempre ha sido muy directa a la hora de pronunciarse. ¿Cómo ha vivido los cambios políticos?

Pues con horror. Ver a la sociedad fragmentada y esos de la coleta gritando a todas horas sus tonterías o a ese tal Pedro con su sempiterno «no es no» negándose a conversar con sus adversarios políticos da verdadero asco. Y ya con lo de ese Trump, es como para dejar de pensar en la política.

Dicen que posee una enorme fortuna y otros hablan que ya no queda nada de los baúles de su madre. ¿En que quedamos?

¿Mi enorme fortuna dice? Debe referirse a no sé quién. Mi auténtica fortuna es mi marido Ramiro, mi hija Iris, que vive de su trabajo; mi nieto Oliver y mi otra hija Conchita ¡Y claro que queda algo de los baúles de mi madre! Queda el recuerdo de sus viajes y de sus éxitos. Aún hay muchos de esos baúles en la Finca de Villacastín y está la Casa Museo que permanece abierta en Valencia, aparte de sus discos.

¿Cómo esta hoy Concha Márquez?

Pues ¿qué quiere que le diga? En una de sus preguntas se diría que me reprocha que viva aislada... Pues no. No vivo aislada del mundo. Vivo tranquilamente en mi casa, con mi marido y mi hija pequeña y acostumbro a viajar por todo ese mundo de ahí fuera. Es cierto que no salgo demasiado aquí, porque me gusta vivir rodeada de mis perritos y no tengo ganas de compartir mi tiempo nada más que con quien deseo compartirlo: mi familia y mis amigos.