Arturo Fernández «pierde» el «Miranda», su mítico hotel en San Lorenzo de El Escorial

Una familia de empresarios del municipio reabre el centenario Miranda & Suizo, cerrado desde mayo

MadridActualizado:

El olor a chocolate con picatostes ha regresado a la calle Floridablanca número 20, frente al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. El mítico Hotel Miranda & Suizo ha vuelto a renacer de sus cenizas. Una familia de empresarios de la zona ha logrado hacerse con el establecimiento más antiguo de la localidad, fundado a finales del siglo XIX, que su anterior gestor, Arturo Fernández, había dejado morir en mayo tras meses de lenta agonía.

«No nos quedó más remedio que traspasarlo porque el grupo Arturo Cantoblanco está un proceso de reorganización y no podíamos asumir los costes», explica a ABC Arturo Fernández, presidente del grupo de restauración que hace un año se declaró en concurso de acreedores y al que pertenecía la gestión del Miranda &Suizo.

«Llegamos a un arreglo con los arrendatarios del edificio –propiedad de la empresa Rivera Campano– y desde hace mes y medio la gestión la ha asumido una compañía del municipio», relata el empresario.

Así, tras una reforma necesaria del inmueble, las 54 llaves de las habitaciones centenarias vuelven a colgar de sus respectivos casilleros en la recepción del hotel desde el pasado 1 de diciembre. Aunque conserva el mismo aspecto que ideó el suizo Eloy Veuthey después de que Isidro Miranda reconvirtiera la antigua Casa de Comediantes en un elegante hotel, ahora el mármol gris que engalana la fachada luce con más brío y el tejado, ya restaurado, le ha devuelto a este establecimiento emblemático el empaque imponente del que siempre presumió en tiempos mejores.

El 17 de mayo de 2015, los camareros del grupo Arturo Cantoblanco sirvieron el último café en los salones del restaurante. Entonces, las intenciones del empresario y actual presidente de la Cámara de Madrid –según explicaba a este diario– eran las de «remozar el inmueble y reimpulsarlo después del verano». Sin embargo, el otoño llegó sin que ninguna de las promesas de Fernández se cumplieran.

Dos cierres en una década

Esta es la segunda vez en poco más de una década que el hotel baja las persianas y deja en el paro a sus elegantes y atentos empleados. En la Navidad de 2003, el Grupo Lezema comunicaba a sus 34 trabajadores que serían despedidos por la clausura inminente del hotel. La falta de entendimiento entre los propietarios del inmueble y la compañía arrendataria del establecimiento, Reshotel –que pertenecía al grupo fundado por el sacerdote Luis Lezama– supuso su fin.

Por fortuna, aquella vez solo fue otro punto y aparte en la historia del Miranda & Suizo. El 22 de febrero de 2014, ya bajo la firma del Grupo Cantoblanco, los empleados recibían la feliz noticia de la reapertura. Tras poner al día la cafetería, el restaurante, los tres salones y modernizar y acondicionar las habitaciones, se negoció la recontratación de los empleados.

Impulso al turismo local

Lo mismo ha ocurrido ahora. Un hecho que ha supuesto un alivio no solo para los propios empleados, sino también para el Ayuntamiento, ya que supone un empuje para el turismo local. «Nos alegra enormemente. Para nosotros es un gran orgullo que reabra el hotel más histórico y emblemático de la localidad», expresa el concejal de Industria, Comercio y Consumo, Eduardo González Badajoz.

«Confiamos en el éxito de la nueva andadura, que sabemos que revertirá de forma positiva tanto en el comercio como en la reactivación del turismo en la localidad», añade el edil, que pertenece a la formación Pueblo San Lorenzo (PuSL), uno de los seis partidos que forma parte de la coalición que gobierna en el municipio tras derrocar al Partido Popular en las pasadas elecciones municipales del 24 de mayo.

Este establecimiento es un atractivo turístico en sí mismo para el municipio. Yno solo por su conocido chocolate con picatostes. El Miranda & Suizo fue escenario de reuniones de famosos e intelectuales. Las fotografías de sus clientes más ilustres, como Sofía Loren, Cary Grant y Frank Sinatra, que en mayo de 1956, grabaron en el pueblo varias escenas de «Orgullo y pasión», dan fe de ello. El célebre compositor y pianista Isaac Albéniz también sedujo a sus clientes con su música, tal y como reza una placa en la puerta, de nuevo abierta.