Casas cueva neolíticas de Perales de Tajuña - ISABEL PERMUY
Risco de las Cuevas

Los trogloditas madrileños que plantaron cara a Roma

La Comunidad de Madrid ha destinado ya más de 400.000 euros a este yacimiento que podría ser Caracca, la tribu carpetana asediada por Sertorio en el siglo I a. C.

MADRID Actualizado: Guardar
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Cuenta Plutarco en su obra «Vidas Paralelas» que el general romano Quinto Sertorio sacó de sus trogloditas guaridas excavadas de un peñasco a los caracitanos. La resistencia de esta tribu en las alturas de un risco desesperó a los romanos y les obligó a utilizar mucho más que su fuerza. El militar agitó el polvo del camino con los caballos y encendió hogueras para lograr sacar al pueblo carpetano de Caracca de las oquedades en las que se refugiaban. Ese lugar podría ser el Risco de las Cuevas y sus protagonistas los originarios habitantes de Perales de Tajuña.

Esa es, al menos, la sospecha que arqueólogos como José Enrique Benito mantiene viva desde que en 1990 halló, junto al profesor Martín Almagro, un glande de plomo romano –un proyectil que se lanzaba con una honda– a los pies de este farallón calizo. El yacimiento goza de la máxima protección como Bien de Interés Cultural por parte de la Comunidad de Madrid que dentro de su plan para proteger este lugar ha explorado recientemente las cuevas con un «dron». A la espera de una intervención arqueológica en profundidad, el Gobierno regional ha invertido ya 403.589 euros. La alcaldesa de Perales de Tajuña, Yolanda Cuenca, ha solicitado que sea incluido en el Plan de Yacimientos Visitables.

El risco pudo ser escenario de una curiosa batalla en el siglo I a. C. entre los romanos de Sertorio y los carpetanos, aunque aún no se pueda demostrar que sea la que cita Plutarco. Varios pueblos de Guadalajara se disputan el origen de la misteriosa Caracca.

Aún así, la historia de este lugar resulta tan fascinante como desconocida. El hombre transformó este espacio para quedarse allí desde la Edad de los Metales. Los vestigios más antiguos hallados son de hace más de 5.000 años, del periodo Calcolítico. Pero no son los únicos. Arqueólogos y aficionados han encontrado restos anteriores del Paleolítico en el entorno. También de la Edad de Bronce, la Edad de Hierro, la época romana, árabe y medieval que se conservan en el Museo Arqueológico Regional y en el centro de interpretación dedicado al risco, en la antigua ermita de San Sebastián.

Un crisol de culturas que tuvieron por nexo esta peculiar red intrincada de cuevas, a distinta altura, en lo que podría definirse como una «corrala» prehistórica. Se agrupan en dos conjuntos separados sobre la M-204. Se cree que, en su momento, estaban dividas en espacios dedicados a dormitorios, almacenes y cocinas conectadas por el exterior con pasarelas de madera y escaleras de cuerda.

Pese a los importantes descubrimientos, poco se sabe con seguridad de este enclave desconocido para la mayoría. «Su potencial es indudable», explica José Polo, arqueólogo y codirector del cercano yacimiento de Titulcia. «No se ha hecho ninguna excavación en profundidad. Parte de las cuevas están colapsadas por los desprendimientos. La próxima década es crucial para su análisis», explica.

Deterioro acelerado

Hasta hoy nos ha llegado una inmensa pared de yeso y arcilla con 47 casas cueva que se levantan sobre el margen derecho del Tajuña. Su historia, según los geólogos, se deshace con la lluvia y el sol que azota la comarca de Las Vegas. Han estado habitadas hasta principios del siglo XX. «A la inauguración del centro de interpretación vino una nonagenaria que había nacido en ellas», comenta Polo.

David Martín Freire, doctor geólogo del Instituto de Geociencias CSIC-UCM, explicará, en abril, sus conclusiones sobre el risco en un congreso en Viena. Lleva años descifrando la velocidad a la que se deteriora este primitivo lago hipersalino cuya edad geológica ronda los 20 millones de años. Según sus cálculos, la tasa de retroceso de la pared es de unos tres metros desde la época del Calcolítico. Los desprendimientos son cada vez más frecuentes. La solución: «Habría que lograr desviar las corrientes de agua que se filtran y que las arcillas absorben provocando, por el peso, que se desprendan grandes bloques», explica a ABC.

Pese a su declaración en 1931 como Monumento Histórico Artístico, su deterioro se ha acelerado en el último siglo. La construcción de la antigua vía férrea que pasaba justo a su lado originó múltiples desprendimientos. Martín Freire no deja de sorprenderse por cómo, en 1964, se permitió que se rodaran allí escenas de la película «La delgada línea roja».  El objetivo, ahora, es proteger al máximo este rico y desconocido patrimonio.