Cartel de la Oficina, con Nené a la cabeza
Cartel de la Oficina, con Nené a la cabeza - ABC

El satanás colombiano se escondía en Leganés

El narco Nené lideraba la oficina de cobros más peligrosa de su país, que podría estar detrás de cien muertes

MADRIDActualizado:

«Te daré donde más te duele». Esa fue la amenaza, realmente la sentencia de muerte con acuse de recibo, que Jonatan Andrés Zuluaga Celemín, de 34 años, dijo a su mujer el día que rompió con él. Lo que más le dolía a la chica era su madre. Dicho y hecho. El sábado 2 de junio de 2018, el cadáver acribillado de Sindy Tatiana Gómez Valencia, de 52 años, era hallado en el vestíbulo de su casa, en la avenida 30 de Agosto de Pereira (Colombia). Era un asesinato por encargo. El propio Zuluaga, conocido como Nené o Snoopy, no es de los que se mancha sus propias manos de sangre así por las buenas. Tampoco podía hacerlo él mismo: porque se encontraba huido, concretamente, en España, con una identidad falsa. Su ex huyó del país, presa del pánico. Una macrooperación entre el Grupo de Fugitivos de la Udyco Central de la Policía Nacional y la Dijin colombiana ha dado al traste con las ansias delictivas de este criminal y otras treinta personas, en distintos puntos de España y el país suramericano.

Pese a su juventud, este «satanás» colombiano es de los sujetos más temidos en el mundo del narco. Dirigía desde hace años la llamada «Oficina de la Cordillera», heredera de la de «La Ballena». Se trata de uno de los cárteles y agencias de cobro de deudas más poderosos. Mueven cargamentos y venden cocaína desde Latinoamérica a Europa, donde buena parte de la organización, ahora detenida, se había asentado. Madrid, concretamente la localidad de Leganés, es donde se le dio caza a este delincuente el 11 de marzo, durante un control rutinario de la comisaría local, precisaron a ABC fuentes de la investigación.

Pesaba sobre él una orden internacional de detención, emitida por el juez número 3 de lo Penal en funciones de control de garantías de Armenia Quindío (de hecho, también se la conoce como la «Oficina de Armenia»), por los siguientes presuntos delitos: concierto para delinquir, homicidio, fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de fuego, accesorios, partes o municiones. En realidad, precisan nuestros informantes, la Policía colombiana le cuelga «homicidios selectivos».

En total, eran tres órdenes las que pendían sobre su cabeza, más una circular azul de Interpol. Y se sospecha que su organización podría estar detrás de un centenar de asesinatos. De los más salvajes que se conocen desde la época de Pablo Escobar, entre finales de los años 80 y mediados de los 90 del siglo pasado.

Matrimonio por papeles

Ya en 2012 fue capturado en Arganda del Rey, cuando tenía 27 años. En Colombia le reclamaban por su supuesta relación con el grupo de la «Oficina de los Rastrojos», un grupo de sicarios muy activo al que se achacan más de cien asesinatos. Y portaba ya entonces documentación falsa, pero le delataron sus huellas dactilares. Se había casado con una española, por conveniencia, para obtener los papeles. Quedó en libertad en 2015 y, entonces, con pasaporte falso venezolano, voló hasta España, donde trasladó una sucursal de su «oficina de cobros». Como informó ABC en aquel momento, finales de enero de 2016, su socio Gersey Harrison Jiménez Pérez, «Carbonero», fue arrestado en Madrid capital. Se sabía que andaba con Nené, pero este logró escapar. Se les acusaba entonces de doce homicidios dolosos y dos más en tentativa en el conocido como «Eje Cafetero» y de manejar los hilos en Europa de la droga llegada de Armenia. Eran los segundos tipos más buscados de Colombia. Su organización estaba extendiendo sus tentáculos a Risaralda y al Norte del Valle del Cauca, donde opera otro de los cárteles más potentes y cuyo líder, el Huevo, también fue arrestado el año pasado en Madrid.

En la operación Sin Fronteras, en la que ha caído finalmente Nené, desarrollada en varias fases, se ha arrestado a 31 personas, 9 en Colombia y el resto en España. Todas tienen pedidas órdenes de extradición, sobre todo por delitos relacionados con el narcotráfico. «El principal mensaje, sin duda, es el de que no basta huir a otro país para eludir la acción de la Justicia. Es un mensaje con un valor preventivo extraordinario para los delincuentes y una de las formas de poder garantizar la seguridad», explica el consejero de Interior de la Embajada de España en Colombia, el comisario Federico Cabello de Alba. En nuestro país, además de en Madrid, estaban asentados en Zaragoza, Andalucía y Baleares. En América, en las ciudades de Cali, Tuluá, Bogotá y Medellín. Zuluaga portaba documentación venezolana y tiene dos condenas en su país: una, de siete años de cárcel y otra de 25.

La operación comenzó en abril de 2018, en cuya primera fase se logró detener y localizar a 21 prófugos. El operativo entre las Policías española y colombiana se coordinó de manera constante, a través de sus respectivas Oficinas Centrales Nacionales de Interpol, intercambiando bases de datos.

Los arrestados tenían órdenes de detención por narcotráfico, homicidio, robos con fuerza, robos con violencia, estafa, falsificación de documentos o lesiones.