Los miembros del «operativo» llaman a la puerta de la casa usurpada - Fotos: Guillermo Navarro
ABC, en un desalojo exprés

Pesadilla en «casa» del okupa: «Al final, todos se acaban marchando»

Un «comando» logra deshabitar en solo siete horas un piso usurpado en Ciempozuelos

MadridActualizado:

Ejecutar un desalojo exprés no siempre resulta sencillo. Menos aún, si uno de los okupas ha utilizado un arma para amedrentar a los propietarios de la vivienda usurpada. Son las nueve de la mañana y una cuadrilla de hombres «cuatro por cuatro» espera la orden para iniciar su jornada. Otra más dentro de un negocio que cada semana les traslada a cualquier punto de la geografía española; pero catalogada, esta vez, de una peligrosidad extrema. Tanta, que un Bull Terrier llamado Ares es el último integrante en sumarse al equipo de Desokupación Legal desplazado hasta Ciempozuelos.

Sobre el papel, las instrucciones son claras: sorprender a los moradores ilegales y persuadirles de que deben recoger sus pertenencias y abandonar el inmueble a la mayor brevedad posible. Para ello, el tanteo del tiempo es clave. «Primero intentaremos llegar a un acuerdo. Si no quieren hablar, montaremos un control de acceso en el portal», explica el dueño de la empresa, Jaime Sanz. Llegar a un acuerdo no significa ofrecer dinero. «No, porque lo único que conseguiríamos sería un efecto llamada; prefiero pagar más a mis vigilantes que dárselo a unos caraduras», prosigue en tono relajado.

Los miembros de Desokupación Legal se preparan con chalecos antibalas
Los miembros de Desokupación Legal se preparan con chalecos antibalas

Él, junto a tres tipos musculados y un guardia de seguridad -encargado del perro en todo momento-, suben hasta el cuarto piso de un bloque de la avenida de la Ilustración. El primer contacto es infructuoso. Al otro lado de la puerta, una mujer con acento calé pide a sus interlocutores que se marchen. No lo harán. «Ahora toca esperar», señala Sanz. Pasan dos horas y nada hace pensar que haya alguien más en el interior del piso. «He llegado a las 7 y no he visto a nadie salir», afirma, sin embargo, el portero. Hace referencia al joven, de origen marroquí, que reside allí junto a la mujer desde hace poco más de un mes.

Los okupas, que viven con la luz enganchada después de reventar el cierre metálico de los contadores, se niegan a salir porque aseguran que han pagado mil euros a los que, supuestamente, forzaron la puerta. El propietario, Santiago González, les ofreció primero 500 euros por abandonar su casa. Pero lejos de recibir con agrado la propuesta, afirma que fue amenazado con una pistola. Contactó entonces con Desokupación Legal y dio comienzo a un proceso que ahora contempla a pocos metros del portal. Para montar el citado control de acceso, en el que cualquier persona -sea residente o no- debe justificar el motivo de su visita, es necesario el permiso por escrito de la comunidad de vecinos.

El «comando» accede al interior del portal de Ciempozuelos
El «comando» accede al interior del portal de Ciempozuelos

A macetazo limpio

Aunque la situación parece tranquila, basta una simple sorpresa para que todo salte por los aires. «Quiero hablar, quiero hablar», se escucha en el rellano del inmueble. La puerta se abre y asoma un machete. El golpe es rápido. Por suerte, la hoja solo provoca una herida superficial en la muñeca de uno de estos «agentes». Los usurpadores están descontrolados. Desde la terraza lanzan macetas, algunas de las cuales impactan en el coche del propio Sanz. «Tened mucho cuidado y no os asoméis», advierte el afectado, quien, minutos antes, se ha visto obligado a salir a la carrera sin poder cerrar el maletero de su vehículo.

Uno de los okupas, tapado con un pasamontañas
Uno de los okupas, tapado con un pasamontañas

Una patrulla de la Guardia Civil y varios agentes de la Policía Local se personan en el lugar. Tras observar parte de la lluvia de objetos, acceden al interior del piso. «La culpa es suya, han venido a echarnos y encima está aquí la niña», grita la okupa en un claro estado de nerviosismo. Después de escuchar su testimonio, los agentes se marchan sin que nadie resulte detenido. La indignación entre los miembros del «comando» es más que evidente: «No hay derecho, parece que somos nosotros los delincuentes». El dueño del Bull Terrier, raza catalogada en España como «especialmente peligrosa», debe presentar los permisos requeridos. El resto del grupo también es identificado.

Los okupas aprovechan el tumulto para salir a hurtadillas. El hombre se tapa la cara y la mujer -desalojada por la misma empresa hasta en dos ocasiones anteriores- camina de la mano de la niña. Mano, que no duda en soltar para agredir al fotógrafo de ABC e increpar al resto de periodistas desplazados. Regresan pasadas las cuatro de la tarde. Pero no por mucho tiempo. «Una vez que salen, saben perfectamente que no van a volver a entrar», confirma el jefe del «operativo». Dicho y hecho. Firman un documento en el que se comprometen a abandonar la casa el jueves al mediodía. Siete horas después, el desalojo ha concluido: «Al final, todos se acaban marchando». El método nunca falla.

La usurpadora, momentos antes de agredir al fotógrafo de ABC
La usurpadora, momentos antes de agredir al fotógrafo de ABC