Estudiantes veteranos obligaban la noche pasada a beber a los nuevos - ABC/ Vídeo: ATLAS

Noche de novatadas en Ciudad Universitaria: desnudos, robos y alcohol

La Complutense vuelve a ser escenario de vejaciones hacia los nuevos alumnos

MadridActualizado:

Las novatadas pueden ser consideradas por gran parte de la población como algo lejano y difícil de encontrar, pero lo cierto es que no es necesario irse muy lejos para encontrar claros ejemplos de esta «costumbre» arraigada en el seno universitario. Un simple paseo tras la puesta del sol por Ciudad Universitaria o por las cercanías de muchos Colegios Mayores y residencias madrileñas bastan para mirar cara a cara a «novatos» y «veteranos».

«Entre septiembre y octubre, están siempre por esta zona, se ponen en parques oscuros y suelen gritar mucho», explica un viandante que pasa por la zona y asegura hacer ejercicio por esas calles a menudo. «Nunca me han generado ningún problema pero he visto auténticas humillaciones a los más jóvenes», expone. Chicos y chicas de no más de 18 años son obligados a beber lo que los veteranos les dan para luego superar pruebas como carreras por cuestas cuando están en estado de embriaguez, hacer flexiones o enfrentarse a cualquier situación que el veterano de turno considere graciosa. Muchas de estas órdenes acaban con gente paseándose desnuda por la calle o con pruebas como darse baños en fuentes públicas.

Subasta de novatos desnudos - ATLAS

Baños en las fuentes

Estas situaciones son las que se dan en una noche normal, pero antes de poder « bautizarse» como novatos en su Colegio Mayor, tienen que superar otras pruebas mucho más duras. Quemar banderas en la calle, robar material médico de hospitales e incluso de aeropuertos, llevar un pato del Retiro al Colegio Mayor, colarse en otras residencias u hoteles de cinco estrellas o pruebas abocadas al fracaso como robar la bandera de España de la plaza de Colón, son simples ejemplos de las barbaridades a las que se enfrentan los jóvenes en alguna noche ante el temor de las «represalias» a las que se enfrentarán si no lo consiguen.

Paradójicamente, delante del rectorado de la Universidad Complutense (una institución que se autodeclara «libre de novatadas») es otro de los lugares favoritos donde se concentran este tipo de situaciones. En el comienzo de avenida Séneca, unos jóvenes paran el tráfico a la una de la mañana ante la atenta mirada de otros dos estudiantes que les esperan en la acera. El único que se libra de hacer flexiones como castigo es el que aguanta más sin moverse delante de los coches. Justo al lado y a menos de 100 metros del citado rectorado, un gran número de jóvenes se concentra en una zona menos iluminada. Chicos erguidos haciendo saludos militares a la par que gritan lo que les ordenan o jóvenes de rodillas con la boca abierta, mirando hacia arriba mientras les echan todo tipo del alcohol por encima, son algunas de las estampas de una noche cualquiera.

Estas escenas se dan en zonas muy oscuras, con la mayor parte de las farolas fundidas, con el objetivo de que se pueda identificar al menor número de personas posible. La Policía pasa de vez en cuando por estas calles, pero su presencia es testimonial ya que se limitan a intimidar y, lo que está claro es que, mientras estos jóvenes lo pasan mal padeciendo humillaciones y malos tratos, el impulsor de las soluciones que se deberían dar, sigue haciendo oídos sordos: la universidad.