El salón de actos, antiguo salón de baile del palacio.
El salón de actos, antiguo salón de baile del palacio. - BELÉN RODRIGO

La lujosa casa-palacio en el centro de Madrid

Los Duques de Santoña dedicaron tiempo y fortuna en decorar el palacio en el que después vivió el presidente Canalejas. En 1933 lo compró la Cámara de Madrid y desde 2015 alquila sus espacios para distintos eventos.

MADRIDActualizado:

Durante años el Palacio de Santoña fue, después del Palacio Real, el más lujoso de Madrid. Situado en el Barrio de las Letras, es una joya de la arquitectura del siglo XVIII que combina la obra del Madrid cortesano borbónico con el arte exótico y oriental, dentro del neoclasicismo y neobarraquismo de la época. Parece que en el siglo XVI ya había un edificio en este solar que fue propiedad de los marqueses de Fresneda y vizcondes del Fresno. En 1731 adquiere esta residencia y los terrenos el terrateniente navarro Francisco Goyeneche e Irigoyen que hizo fortuna como banquero y logró el título de I Marqués de Ugena. El arquitecto Pedro de Ribera comenzó las obras de su palacio siguiendo el estilo barroco de los Churriguera. Obra suya fue la portada de la calle Huertas, labrada en granito, ejemplo genuino del estilo de Ribera. El palacio fue propiedad de la familia Goyeneche hasta el año 1874, cuando se quedan sin dinero para mantenerlo. Es entonces cuando aparece Juan Manuel de Manzanedo, Marqués de Manzanedo y Duque de Santoña, del que toma su nombre actual. «Fue un indiano humilde, que se fue a Cuba y se hizo rico. Al volver, ofreció este palacio a su prometida, María del Carmen Hernández, como regalo de pedida», explica a ABC Eva Moreno, jefa de Promoción y Comercialización de Espacios de la Cámara de Madrid, institución propietaria del palacio. «El matrimonio gastó mucho tiempo y fortuna para decorarlo», añade.

Durante casi tres años se realizaron obras de reforma a cargo del arquitecto Antonio Ruiz de Salces quien copió la portada principal en la fachada de la calle Príncipe «donde se colocaron las puertas de madera originales diseñadas por Ribera», afirma Eva Moreno. Los duques no escatimaron en gastos y buscaron los mejores materiales para crear su vivienda. Cuando murió el Duque apareció una hija legítima suya que venía de Cuba y pidió su herencia. El palacio era de la viuda, por lo que no lo iba a heredar, «pero entraron en un litigio de 10 años, la dueña se arruinó y embargaron el palacio. Se cuenta que se fue a París a cada de un sirviente y también se habla de un novio que tuvo, algo que no fue bien visto, con quien se habría marchado», comenta la responsable de Promoción y Comercialización del edificio. El palacio va a subasta y Canalejas, que era uno de los abogados de la Duquesa, lo compró por una cuarta parte de su valor. E n 1912, siendo el presidente de Gobierno, salió de palacio y fue asesinado. Entonces el edificio quedó abandonado y años después, con el auge de las Cámaras, la Cámara de Industria compra el palacio en 1933, teniendo como presidente a Casimiro Mahou e instala en él su sede.

El salón rotonda era el espacio en el que la duquesa se reunía con sus amigas
El salón rotonda era el espacio en el que la duquesa se reunía con sus amigas - BELÉN RODRIGO

 «El valor artístico del palacio se debe a la mujer del Duque de Santoña porque viajaba mucho y traía objetos de muchos países», informa Eva Moreno. El Palacio no tiene representaciones religiosas pero abundan los escudos del Marquesado y del Ducado por todas partes. La entrada está situada en la calle Huertas 13, dando acceso a un gran patio interior cubierto. A la derecha, la escalera imperial toda realizada con mármol de Carrara, autoría de Carlos Nicoli, adornada con dos leones custodios. Culminan la escalera unos candelabros realizados con una técnica de fuego,  que utilizaba pan de oro y mercurio, ya prohibida dada su peligrosidad. En el hall de entrada, un retrato del duque realizado por Madrazo da la bienvenida.

Salones

En el primer piso se encuentran los salones. . El pompeyano, de estilo italiano. El salón rotonda,  se construyó para los momentos de intimidad de la familia. «Lo usaba sobre todo la duquesa para reunir a las mujeres, y tiene muy buena acústica», explica Eva  Moreno. En las vitrinas lucían sus joyas. «Cuando Alfonso XIII se casó se las dejó a su mujer», añade. El pintor Placido Francés fue el encargado de decorar esta sala con dos lienzos de escenas cotidianas en el que intervienen personajes conocidos del Madrid de 1876 como Marco Zapata, Mexia o Rosales y un lienzo en el techo representando una alegoría de los “Amores de Mercurio y Venus”. Dada la buena sonoridad, se cuenta que Canalejas realizaba allí reuniones políticas y en un momento determinado se excusaba e iba a su despacho, justo arriba, desde donde podía escuchar las conversaciones.

 

El antiguo comedor de gala cuenta con pinturas de Antonio Gomar
El antiguo comedor de gala cuenta con pinturas de Antonio Gomar - BELÉN RODRIGO

Al salón rotonda le sigue el oriental, recubierto de motivos orientales, animalísticos y abstractos. Destacan los grandes espejos con marcos dorados con oro fino y su chimenea de mármol de Carrara, autoría de Carlos Nicoli. Esta sala da paso al salón turco decorado según el arte musulmán, el antiguo salón fumador. Se encuentra una mezcla de marquetería, azulejería, mármoles, madera y oros. También deslumbra su chimenea, en esta ocasión labrada en mármol color corinto con azulejos y columnas de ágata. El antiguo comedor de gala del palacio se conoce hoy como salón de caza con seis lienzos de 1874 de Antonio Gomar que reflejan paisajes mediterráneos realistas mientras que en el techo se encuentra una ficción mitológica de Alejo de Vera, discípulo de Madrazo. El suelo, de madera, es el original del palacio.

El salón de actos es uno de los espacios más destacados del edificio, de estilo barroco puro. Con techos de nueve metros de altura, en su decoración se puede apreciar alegorías de loas comunidades autónomas y de las cuatro estaciones del pintor Francisco Sans Cabot. Cuenta con cuatro espejos de extraordinarias dimensiones cuyos marcos fueron tallados en París. «Dicen que los trajeron en burros desde París y tardaron tres semanas. Otra versión es que se alquiló un ferrocarril para transportarlos», cuentan en la Cámara de Madrid. El suelo es el original, de mármol de Carrara. Y junto a este espacio se encuentra el salón Luis XV, uno de las estancias más ricas por la cantidad de pan de oro, maderas doradas y sedas utilizadas en su decoración. Sin olvidar su lámpara con más de 5.000 cristales de La Granja. Es el único objeto del mobiliario original que se conserva.

El salón Luis XV tiene una lámpara con 5.000 cristales de La Granja
El salón Luis XV tiene una lámpara con 5.000 cristales de La Granja - BELÉN RODRIGO

Alquiler de espacios

En 2013 cambió la normativa de las Cámaras de Comercio y dejaron de recibir las aportaciones del Estado, pasando a financiarse con aportaciones voluntarias. La Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Madrid decidió por tanto alquilar estos espacios. «El mantenimiento de un espacio de estas características resulta muy costoso», indica la entidad. Su sede central se encuentra ahora en la plaza de la Independencia y en el palacio de Santoña se encuentra la Corte de Arbitraje y se celebran algunas reuniones del consejo. El resto, se alquila para las más diversas actividades. «Conferencias, desfiles de modelos, presentaciones de libros, anuncios..», indica Eva Moreno. Pero antes de iniciar esta nueva actividad de alquiler de espacios la Cámara de Madrid financió la última reforma y rehabilitación de espacios del palacio, una obra difícil que supuso más de seis millones de inversión. En los trabajos se descubrieron algunas telas en las paredes y pinturas de autor. Las visitas que se realizan al palacio se realizan a través de asociaciones y en algunos casos muy especiales se abre al público en general.

El fantasma de la viuda

Como todo palacio que se precie el de Santoña también tiene su propio fantasma, conocido como el fantasma de la viuda. En la cuarta planta del palacio vivía en alquiler un pintor y su mujer. Una de las criadas del palacio estaba enamorada de él y se tiró por el huevo del ascensor. «Hay quien diga que se encontró el zapato de la difunta y cuentan que el cadáver se bajó por el montacargas de pie», explican los trabajadores de la Cámara de Madrid. El pintor murió y su viuda se quedó un tiempo más en la vivienda ahora convertida en una moderna sala reservada para los socios del Club Madrid. Sobre el fantasma, «hay salas que cambian misteriosamente de olor, con un aroma a flores», desvelan los trabajadores.

Con o sin fantasma, el palacio de Santoña es una verdadera joya arquitectónica y decorativa de Madrid.

Fachada original realizada por Pedro de Ribera
Fachada original realizada por Pedro de Ribera - BELÉN RODRIGO