La urbanización Costa Miño Golf, símbolo del crac del ladrillo
La urbanización Costa Miño Golf, símbolo del crac del ladrillo - Reuters
UN MERCADO DÉBIL

Los inversores toman el relevo en el ladrillo

Empresarios como el milmillonario Jove relevan a los bancos en financiación de vivienda

SantiagoActualizado:

Una década después de convertirse en uno de los símbolos del crac del ladrillo, el sonido de las rebarbadoras ha vuelto a la urbanización Costa Miño Golf. En la zona casi todos la denominan Fadesa, nombre de la promotora inmobiliaria del milmillonario Manuel Jove que impulsó el proyecto, 1.200 viviendas para un municipio costero que no llega a los 6.000 vecinos. El empresario coruñés se deshizo justo a tiempo de sus activos tóxicos. La burbuja le estalló al madrileño Fernando Martín protagonizando la mayor suspensión de pagos de la historia de España. Promotor inmobiliario desde los años 70, Jove ha retornado a su oficio. Y vuelve a convertirse en paradigma de unos tiempos, en que los inversores sustituyen a los bancos en la financiación del negocio inmobiliario.

«Esto no funciona como funcionaba en su momento», explica Benito Iglesias, presidente de la Federación Gallega de Empresas Inmobiliarias. Antes de la crisis, la promoción de viviendas vivía del crédito fácil de la banca. A su amparo crecieron en Galicia infinidad de promotoras que un año antes de la quiebra de Goldman Sachs levantaron más de 45.000 viviendas en la Comunidad. La mayoría quebraron. En 2016, el último año del que dispone datos el Instituto Galego de Estadística, la cifra de casas construidas en Galicia se quedó en 1.218. Mientras las entidades financieras siguen pendientes de deshacerse del ladrillo que se trasladó a sus balances, el negocio inmobiliario resurge tímidamente. «Ahora son los inversores particulares tipo Jove, los fondos o las socimix los que compran suelo y luego financian la obra que le encargan a una constructora», explica Iglesias. «El modelo está muy alejado del de las promotoras con dinero bancario. Son grupos de inversores que están en más sectores y destinan una parte de sus fondos al sector inmobiliario», coincide Venancio Salcines, presidente de la Escuela de Finanzas.

Es el caso de Manuel Jove. Tras deshacerse del ladrillo tóxico, en 2007 fundó Inveravante y se aventuró en inversiones en hoteles, energía, o productos agroalimentarios, entre otros. Esta misma semana, anunciaba que su división inmobiliaria Avantespacia inicia la actividad en Navarra tras la compra de dos suelos en Pamplona. Jove construye viviendas en Madrid, Andalucía, Canarias y también en Galicia. En la Comunidad, informa la compañía, promueve el proyecto Pazo de Xaz en Oleiros sobre una superficie de 700.000 hectáreas, que acogerán viviendas, hoteles y un campo de golf. En Corme, en la Costa da Morte, levanta 84 viviendas en el residencial Playa de Osmo. El coruñés cuenta también ya con una importante cartera de suelo «en lugares céntricos o en las mejores zonas de expansión» en diferentes puntos de España.

El otro gran referente del sector en los años previos a la crisis, el grupo San José, es el único referente del modelo anterior, explica Benito Iglesias. Tras atravesar importantes penalidades financieras, logra mantenerse en pie. La constructora realiza también obra civil y ha desarrollado buena parte de su actividad en el extranjero en los últimos años.

Parálisis urbanística

«El mercado gallego es un mercado todavía muy débil», indica Venancio Salcines. Desde Fegein. Benito Iglesias asegura que en otras zonas de España, como Madrid, Andalucía o Baleares, se está reactivando la edificación, pero en Galicia la construcción sigue parada. «Vigo y Orense no tienen plan general aprobado y los ayuntamientos de Ferrol, Santiago y Coruña son reacios a agilizar el tema de las licencias», asegura. Los inversores explica Iglesias están especialmente pendientes de los 23 millones de metros cuadrados que se pondrán en el mercado una vez que se apruebe el PXOM de Vigo, actualmente paralizado. «En los últimos dos o tres años, las empresas gallegas están en el mercado portugués, concretamente en Oporto», indica Iglesias. En la ciudad se ha producido un repunte de la construcción en los últimos años. La Fegein demanda una «política de vivienda» autonómica que permita volver a crecer al sector y asegura que el stock de casas nuevas sin vender está ya en mínimos. Según los datos del Ministerio de Fomento, en 2017 quedaban en la Comunidad 23.340 viviendas de la época de los excesos del ladrillo. En 2011, la cifra alcanzaba las 37.438.

Pese a la campaña publicitaria de la banca que vuelve a anunciar sus hipotecas, Benito Iglesias asegura que el crédito sigue siendo escaso para las familias. «Se dedican a financiar sobre todo la compra de sus propias propiedades», indica. Entidades como el BBVA, Abanca, La Caixa o el Popular han logrado vender gracias a esta estrategia buena parte de los chalés construidos por Fadesa en Miño, ofreciendo cuotas mensuales de 300 euros, lo mismo que costaba alquilarlos.