Concentración de apoyoa al los agentes desplegados en Cataluña, ayer en el Congreso
Concentración de apoyoa al los agentes desplegados en Cataluña, ayer en el Congreso - EFE
Policías gallegos en misión en Cataluña

«La gente nos da las gracias en voz baja; eso te reconforta y emociona»

Casi 200 efectivos de Policía y Guardia Civil de Galicia participan del despliegue especial

SantiagoActualizado:

Quieren hablar y que se sepa el mal trago por el que están pasando. «Lo de estos días no lo he vivido nunca antes en mi vida», afirma un agente con 25 años en las UIP (Unidades de Intervención Policial) y 30 en el cuerpo, «el 1-O fue uno de los más duros que recuerdo, y he estado en cargas duras de verdad». Es uno de los cerca de 200 agentes de Policía y Guardia Civil con base en Galicia que, desde el pasado 22 de septiembre están en Cataluña por orden del Ministerio del Interior para garantizar el cumplimiento de la ley en pleno desafío soberanista.

«Hay mucha tensión y los compañeros estamos intranquilos, porque la situación no es fácil», explica tras pedir guardar un discreto anonimato y evitar posibles represalias de sus mandos y que sean retornados a casa, como los compañeros que enseñaron en las redes sociales las reducidas dimensiones de los camarotes del ferry atracado en el Puerto de Barcelona. Quien habla reside estos días también en el barco. «Aquí ves pasar el tiempo y te comes la cabeza», reconoce, «por más que cuando hablamos con la familia les intentamos tranquilizar, minimizándoles todo esto y diciéndoles que estamos bien». Pero las imágenes de los informativos no ayudan. En casa están igual de intranquilos.

Este agente no se arredra y reconoce que el pasado 1-O «pudo haber tres o cuatro intervenciones que no fueron correctas» durante la incautación ordenada por el juez de las urnas del falso referendo, «pero por eso no puedes juzgar a todos los policías, porque aunque hubo empujones y forcejeos, el trato en general fue exquisito». No culpa a los compañeros que pudieron equivocarse. «Solo ellos saben la presión a la que estuvieron sometidos».

Críticas a los mandos

Otro miembro de una UIP gallega participó del dispositivo del pasado domingo. Relata que los independentistas querían evitar el desalojo tranquilo y pacífico de ancianos y niños. «Saqué a una persona mayor acompañándola como si fuera mi madre, pero había quien no quería». Insultos, provocaciones, agresiones incluso. «A todo eso estamos acostumbrados y no pasa nada». Pero la gota que está colmando el vaso es el acoso a los compañeros en los hoteles de pequeños pueblos donde intentan descansar. « Lo peor es que no puedes hacer nada, porque nuestros mandos políticos ni están ni se les espera, y deberían dar la cara para defendernos, porque se nos está acosando por ejercer nuestra profesión», lamenta.

El acoso se torna odio cuando cuelgan el uniforme. Los agentes instalados en el ferry son insultados por los estibadores del Puerto cuando, a primera hora de la mañana, salen a practicar ejercicio. «Los taxis no vienen hasta aquí, y si coges uno en la ciudad y das la dirección del Puerto, te piden que te bajes porque no te llevan». Apenas algunos taxistas familiares de agentes se prestan al servicio. Podría ser peor. Unidades de Vigo y Orense destinadas en la ciudad de Lérida se ven obligadas a diario a ir a comer a pueblos de la provincia de Huesca. En la capital leridana, bares y restaurantes les niegan mesa y mantel. Es el odio. «El lunes íbamos en la furgoneta, trasladándonos por la ciudad, y la gente salía de tiendas y oficinas a insultarnos y escupirnos».

Hay otra Cataluña, advierten estos agentes en conversación con ABC. «Hay gente que el mismo día 1 venía y, en voz baja, casi sin que nadie los viera, nos daba las gracias por estar allí, y eso te reconforta y te emociona». Agentes de la Guardia Urbana de Barcelona tampoco han ocultado su solidaridad con los policías. Y los Mossos «al menos a mí no me han retirado el saludo, aunque hay de todo». Lo que no ven es el final del túnel. Saben que va para largo. Pero esa es su profesión.