Someter a los niños a situaciones de estrés controlado les protege de futuros trastornos mentales

Incluso antes de ser concebidos, los menores pueden estar marcados por los cambios epigenéticos sufridos por su madre a raíz del estrés

BARCELONAActualizado:

"El estrés controlado no solo es bueno para los niños porque mejora su respuesta ante determinadas situaciones que les depara la vida, si no que es efectivo para prevenir la aparición de trastornos mentales en la edad adulta". Ésta es solo una de la conclusiones a las que llegaron ayer investigadores de todo el mundo reunidos en el International Center for Scientific Debate (B.Debate), organizado por Biocat y la Obra Social La Caixa y celebrado en CosmoCaixa.

Los expertos coincidieron en que las experiencias estresantes durante la etapa prenatal, la infancia o la adolescencia pueden marcarnos en positivo o en negativo en la edad adulta, en función del tipo de estrés al que somos sometidos y también si éste se produce de manera sostenida en el tiempo.

"Se ha empezado a entender que tener a los niños en una burbuja no les hace ningún favor", apunta en declaraciones a ABC Roser Nadal, investigadora del Instituto de Neurociencias de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y colíder del congreso. Añade que "someter a un niño a situaciones de estrés positivo como, por ejemplo, hacer que se organice por su cuenta o que responda a determinados retos asumibles, puede hacer que el menor se adapte mejor a futuras situaciones de estrés cuando sea adulto y le evite trastornos mentales como la ansiedad o los cuadros depresivos". Nadal se basa en datos experimentales con ratones y primates, y estudios epidemiológicos con humanos.

"Cuando sometemos a un menor o a un adolescente a un estrés positivo o a situaciones de equilibrio en el estrés (lo que se conoce como "eustrés"), acompañado de un refuerzo por parte de los padres, estamos, en cierto modo, dándole instrumentos para que el día de mañana disponga de más recursos para mejorar su resiliencia -capacidad de los seres humanos para superar situaciones adversas-. "Si de niño ha aprendido a resolver situaciones por sí mismo, posiblemente de mayor podrá gestionar mejor un despido laboral o una ruptura amorosa", arguye la experta. Por contra, si el menor es víctima de situaciones de estrés crónico e intenso como el "bullying" o maltrato físico, por ejemplo, el efecto es totalmente contrario, ya que "aumenta el riesgo de padecer patologías mentales en un futuro".

Cambios epigenéticos

Más allá del componente conductual, hay, según Roser Nadal, cambios en nuestro organismo que refuerzan esta teoría. "Cuando una persona en su infancia se somete a situaciones de estrés, sea positivo o negativo, hay cambios epigenéticos que marcan su salud en la etapa adulta", apunta Nadal. Recuerda, en este sentido, que el 70 por ciento de los trastornos adaptativos llevan "trazas de vivencias en la etapa prenatal, en la infancia o en la adolescencia". "Las situaciones dolorosas o humillantes vividas en los primeros años de vida se traducen en huellas biológicas detectables", remarca Nadal.

La investigadora de la UAB lleva esta teoría a un extremo al afirmar que "incluso antes de ser concebida la salud de la persona puede estar marcada por las situaciones de estrés que haya vivido su madre". "Si una mujer vive situaciones de maltrato reiterado hay cambios epigenéticos que afectan a sus ovocitos y eso condiciona también a su descendencia", asegura la experta.

Basándose en estas evidencias, Nadal propone incluir en los centros educativos "pequeñas meditaciones" para que los pequeños aprendan a regular las emociones y sepan adaptarse mejor al estrés futuro."Si no se invierte en los jóvenes y los niños, perdemos dinero y dejamos una huella a las generaciones que vienen", dice Roser Nadal, quien destaca el componente hereditario de las situaciones de estrés, además de subrayar que el 20 por ciento de los niños sufren algún trastorno mental.

El estrés se hereda

El estrés negativo puede proceder de la misma familia, con actitudes negligentes hacia los hijos y, en menor medida, con el maltrato físico del menor, y también de los compañeros de clase cuando hay 'bullying': "Quien experimenta violencia es muy posible que se convierta en maltratador, y se debe romper con la transmisión de la violencia", afirma la investigadora.

Recuerda que el estrés traumático se transmite de generación en generación, pero los cambios epigenéticos -el carácter de los genes- son muy plásticos, por lo que son reversibles con la exposición a un enriquecimiento ambiental a través de actuaciones positivas, de manera que se detendría la transmisión intergeneracional.

En la jornada del B-Debate participaron también la investigadora de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza), Carmen Sandi; el director de Investigación y Conocimiento de Fundación Bancaria La Caixa, Jordi Portabella, y el director de Biocat, Albert Barberà.