Manuel Sanchís, José Méndez y Carlos Campos, los tres frailes que habitan el convento de Quintanar
Manuel Sanchís, José Méndez y Carlos Campos, los tres frailes que habitan el convento de Quintanar - AYTO

Los franciscanos de Quintanar de la Orden, 75 años en el municipio

Habrá diversos actos religiosos y culturales desde este domingo y hasta el 24 de diciembre

ToledoActualizado:

Durante los 75 años de su existencia, la Tercera Orden Regular de San Francisco ha formado parte de la historia local de Quintanar de la Orden. Los padres franciscanos han sellado un estrecho lazo con los quintanareños, y en recuerdo del hermanamiento, los religiosos, con ayuda del Ayuntamiento, han organizado un programa de actos que se extenderá hasta la llegada de la Navidad. Este domingo comenzará la ceremonia de apertura, y en ella está previsto que el ministro provincial, fray Jaime Puig Cerver, haga una lectura, a las 10.00 horas, del Acta Fundacional de la Orden en el Centro Cívico «Príncipe de Asturias». Al acto asistirán las autoridades locales, entre ellas el alcalde Juan Carlos Navalón. Después, sobre la una de la tarde, se oficiará una eucaristía en el convento de Nuestra Señora de los Dolores, sede principal de los homenajeados, a lo que seguirá un ágape con vino de la tierra en el mismo recinto.

El calendario de actividades continuará el 2 de diciembre con un mercadillo solidario, en el que participarán multitud de escolares y cuyos fondos serán destinados a las Misiones Franciscanas de Perú; el día 3 habrá concierto en la Escuela Musical, dirigido por Sebastián Heras; el 16 los padres inaugurarán un «belén manchego», una exposición de fotos antiguas del colegio y el convento simultáneamente y a las 20.30 horas, concierto de Navidad del Coro Franciscano; el día 22, concierto de la Unión Musical Quintanareña; y por último, el día 24 oficiarán la Misa del Gallo, con elementos típicos mallorquines, ya que los frailes vinieron de allí, como obleas de papel que ellos llaman «neulas» y el Sermón de la Calenda, que lo pronunciará un niño del colegio concertado.

Pese a que la caída de la vocación religiosa es un fenómeno generalizado, quienes consagran la vida a la fe cristiana son estimados por muchos, entre ellos los quintanareños. El concejal de Cultura, José Ángel Escudero, valora la labor pastoral de los padres en el colegio, donde emprenden una tarea de «divulgación de la Palabra de Dios». Fuera de la enseñanza, destaca la «humildad en el ámbito religioso» y la «entrega y la sencillez» en su asistencia a «los desfavorecidos».

Historia

La historia de la orden ha sido un camino de luces y sombras. En un principio, los franciscanos llegaron en 1904, cuando entonces eran llamados los «hermanos menores». Su estancia se complicó cuando estalló la Guerra Civil. El convento sufrió varios asaltos, muchos de los menores perecieron y las salas conventuales quedaron seriamente dañadas, después de que conformaran una cárcel y un almacén de pólvora y piezas de artillería. El convento de Nuestra Señora de los Dolores permaneció 8 meses cerrado, hasta que se hizo cargo el sacerdote Genaro Ruiz, enviado del Ministerio Provincial de Cuenca. Después acudieron dos frailes de la orden, uno de ellos, el padre Juan Server, recaudó fondos y reparó el convento. De Madrid obtuvo 500 pesetas, y de los vecinos de Quintanar, 276, por lo que pudo adecentarlo. «Tenían el entusiasmo y el apoyo del pueblo y de la provincia, fue una obra de Dios y de ahí su estado actual», comenta uno de los hermanos actuales de la orden, el padre José Méndez Devez. A partir de aquí, su misión fue la juventud, la educación en valores religiosos, y en el propio convento fundan un colegio, con la protección de Roma. En 1980 el colegio Nuestra Señora de los Dolores se traslada al edificio actual.

Misa en el convento
Misa en el convento - Ayto

Uno de los objetos de las plegarias de estos ordenados, como ya hiciera el restaurador de la orden en España, Antonio Ripoll (1844 – 1916), sensibilizado con el problema del analfabetismo en Mallorca, maestro de escuela primaria, es el periodo turbulento de la juventud. Pero también son confesores, de muchos entregados a la vida contemplativa, como las Hermanas de los ancianos desamparados de Villanueva de Alcardete, y tienen «la puerta abierta a todo aquel que quiera ser escuchado, y reconciliarse», indica el padre José.

Ellos se sienten cerca de Dios con el trabajo, el retiro espiritual y la atención de la gente que sufre. Lamentan la caída de vocaciones, pues de su orden quedan 68 hermanos, conventos de Mallorca, Barcelona, Madrid, Quintanar de la Orden –provincia de la Inmaculada Concepción-, Estados Unidos y Perú. El 70% son mayores de 70 años. Ante el desalentador panorama, fray José opina, sin embargo, que «hay que vivir con entusiasmo y alegría y dejar las angustias para Dios. Él entiende lo que hacemos, y el escribe y dirige la Historia».

En estos momentos el convento aloja a tres frailes: fray Manuel Sanchís Pons, fray José Méndez Devez, ambos mallorquines, y fray Carlos Campos Julbe, peruano. La subsistencia no depende de pagas ni del gobierno ni del obispado, solo trabajan y se dedican al ejercicio espiritual. Un día cotidiano para ellos es levantarse a las 7.00, salir a dar misa, reunirse, comer a las 13.45 en comunidad, proseguir con la labor pastoral en el colegio, visitar enfermos, cuidar del huerto particular, confesar a gente en la iglesia y marcharse a las 22.00 a dormir. Antes ven el telediario. Ellos creen que la tecnología es necesaria, pues a través de correos electrónicos, por ejemplo, se comunican con los hermanos de Perú y Estados Unidos.

Preguntado por los problemas que preocupan a los quintanareños, fray José hace un recuento y menciona la falta de lluvias – el arzobispado de Toledo ha pedido que se hagan rogativas y procesiones por San Isidro en el municipio –, la situación económica y la «falta de tiempo en esta sociedad nuestra», porque, según opina, «en esta vida activa e individualista no hay tiempo para nada: yo y yo, y solo yo, termina el día y uno se siente vacío, porque siente que se le ha ido el tiempo». A la Iglesia, según cuenta, «le interesa recuperar la dignidad de las personas, estar con la persona y recuperarla, para que sepa escuchar a los demás».