Santiago Sastre - Opinion

Impresionante exposición

Hasta el 4 de noviembre se puede ver en San Marcos la muestra «Taller de Arte Dalila & Galván»

Santiago Sastre
ToledoActualizado:

Hasta el 4 de noviembre se puede ver en el edificio de san Marcos una exposición de pintura de los pintores Dalila del Valle y Carlos Galván y también, y eso habla de su generosidad, de los alumnos aventajados a los que imparten clases de pintura. Si algo caracteriza a la exposición es el realismo pictórico y la referencias a Toledo.

Dalila trabaja muy bien los retratos y los desnudos. Destaca un retrato de personalidades que han influido en su vida personal (donde figuran el profesor Rodríguez Bausá, los académicos Guillermo Santacruz, Félix del Valle, Ramón Gonzálvez, Juan Sánchez y Jesús Carrobles, el modisto Félix Ramiro, el cocinero Adolfo y la alcaldesa de Toledo). Todos están vestidos de época, como si estuvieran en el Entierro del Señor de Orgaz. También hay otros dos cuadros de guiño grequiano: La dama de la mano en el pecho y la dama del armiño. También hay tres cuadros pintados a cuatro manos por Dalila (el cuerpo) y por Galván (el fondo y la arquitectura): un san Esteban que empieza a ser apedreado, un Sagrado corazón de Jesús y, para mí el mejor, una impresionante Virgen Inmaculada moderna, que se eleva por encima de Toledo hacia una futurista ciudad celestial.

Destacan los cuerpos desnudos de O. Pantoja, los detalles toledanos de Louriza y R. Agraz, la fusión del cuerpo y el arte en F. Díaz (sobre todo el lienzo del Transparente) y los tejados y la fuerza arquitectónica de los arbotantes de la catedral en Gómez Fontecha. De ellos los que más me han impresionado son los de Carossa (seudónimo de Carolina Espejo), sobre todo el de las dos niñas en «Acción de gracias» (que me recordó a Renoir), el de los dos seminaristas en «Mañana en mis manos» y el del joven en «El color de una suave brisa» (aunque los títulos no me parecen brillantes).

Lo mejor de la exposición, en mi opinión, son los dos cuadros de Carlos Galván, titulados «El manantial de la vida» y «Ciudad eterna». El corazón de los dos es la catedral de Toledo (en uno de ellos aparece con las dos torres iguales) rodeada de elementos de otras zonas de Toledo (como el cerro del Bú) y con elementos arquitectónicos como puentes, rascacielos, edificios del siglo XIX, el agua. En sus cuadros se conjuga muy bien la agobiante edificación urbana y el alivio de la naturaleza, con detalles surrealistas. Hacía tiempo que no veía una exposición de pintura en Toledo de tanta calidad.

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