Seguridad con pies de plomo

El sargento Izquierdo está al frente de la Unidad de Seguridad Ciudadana (Usecic) de la Guardia Civil de Toledo, creada este año con trece agentes que forman una piña

ToledoActualizado:

«Con ellos no os vais a aburrir», anuncia un experimentado agente de paisano cuando saluda en la calle, a pocos metros de la puerta de entrada a la Comandancia de la Guardia Civil de Toledo. Se refiere a la unidad de Seguridad Ciudadana (Usecic) que dirige el sargento Izquierdo, de 30 años y 1,88 metros de altura. «Ingresé en el cuerpo a los 19 y llevo en seguridad ciudadana toda mi vida», explica.

Izquierdo y el cabo Comendador, de 45 años, fueron los primeros en incorporarse a esta unidad de reserva, en febrero de este año. Creada con personal que reúne relevantes méritos, en mayo el grupo ya contaba con agentes de unidades de élite del cuerpo, otros que habían servido en la Casa Real y algunos procedentes del Seprona. «Es un privilegio tener este equipo tan variopinto», se felicita su jefe.

Prestan apoyo a toda la provincia y, si es necesario, a otras comandancias. Es una formación multifuncional: realizan controles en vías públicas, reducen a personas con cualquier desequilibrio mental, apoyan en entradas y registros (son un grupo de asalto), hacen apostaderos en polígonos industriales situados en «zonas delicadas» y dan apoyo al Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) para la prevención de incendios forestales. Los hombres de Izquierdo (no hay ninguna mujer en el grupo de momento) también están preparados para cualquier emergencia nuclear, radiológica, biológica o química. «Es una unidad muy bien preparada», remarca el jefe.

Está amaneciendo. A las ocho y cinco minutos de la mañana comienza en una sala del cuartel de Toledo el «briefing», un anglicismo muy extendido para referirse a la reunión que el jefe de la Usecic de Toledo mantiene con siete de los trece agentes que componen este selecto equipo. Para la tarea de hoy, ocho guardias son suficientes.

Cuatro todoterrenos formarán la caravana, por lo que irán por parejas. El plan de trabajo es organizar un control antiterrorista a la altura de la estación de ferrocarril de Torrijos y levantar otro dispositivo en la CM-4000 (Toledo-La Puebla de Montalbán), aprovechando una glorieta.

El sargento se ayuda de la aplicación Google Maps para explicar a sus hombres dónde colocarse nada más llegar a los destinos. Sin embargo, cuando no conocen la zona, la unidad se despliega antes para señalar los lugares más oportunos donde levantar el dispositivo con total seguridad tanto para los ciudadanos como para los propios guardias. Hoy no es el caso. No obstante, Izquierdo advierte: en el caso de que no puedan montar alguno de los controles programados, hay uno en la reserva, en las inmediaciones del campo de golf de Torrijos, en la carretera de Fuensalida.

Cogen armas largas y chalecos antibalas antes de subir a los vehículos. En uno de ellos nunca falta material básico de intervención: escudo balístico, otro invertido, casco antidisturbio balístico, maza, ariete y cizalla. No saben cuándo puede saltar la liebre. Hace unos días, por ejemplo, Izquierdo tuvo que activar a algunos de sus hombres que estaban de descanso para reducir a una persona armada en un pueblo de la comarca de Talavera.

Para cada actuación, estos agentes tienen ya sus propios manuales de procedimiento o están trabajando en su elaboración. Con esos documentos, además de destreza, quieren que los compañeros que vayan incorporándose a la unidad se adapten rápidamente a su forma de trabajo.

A la caravana de la Usecic se suma en esta ocasión un vehículo camuflado que conduce Chema, del servicio cinológico de la Guardia Civil. Va acompañado de dos perros adiestrados para la detección de drogas: Brienne, una pastora belga malinois de un año y ocho meses de edad, y Travis, un labrador de diez años que está a punto de jubilarse. Su sustituta,Rumba, también viaja en el vehículo, pero todavía está aprendiendo.

Marihuana y cocaína

En la estación de ferrocarril de Torrijos, dentro del casco urbano, los agentes montan el control antiterrorista en un abrir y cerrar de ojos. El cabo Comendador, con 25 años en el cuerpo y experto en la lucha antiterrorista, se encarga de seleccionar los vehículos que serán registrados. A través de sus gafas de sol, se fija en el nerviosismo que exteriorizan los ocupantes. Solamente escoge dos turismos: en un deportivo rojo, Travis descubre cannabis y cocaína en pequeñas cantidades. Su propietario intenta justificarse. En el segundo vehículo, el perro descubre que el conductor lleva entre sus ropas una bolsita con marihuana.

Santiago, el más veterano a sus 48 años, lleva una de las armas largas. Es el tercero de la unidad, después de Izquierdo y de Comendador. Con 27 años ya en el cuerpo, Santiago fue escolta de los expresidentes del Gobierno Felipe González y José María Aznar, además de formar parte de los antidisturbios de la Guardia Civil.

El control dura 25 minutos, aunque lo aconsejable es que no pasen de los 20 para que sean efectivos. Recogen y la caravana se pone en marcha hacia la carretera de La Puebla de Montalbán. Metros antes del kilómetro señalado por Izquierdo para levantar el control, un agente que viaja en el todoterreno que cierra la caravana surge del interior de vehículo, todavía en marcha, para detener el tráfico rodado y que sus compañeros puedan montar el control en menos de un minuto. Se aprovecha una rotonda por seguridad, pero los guardias no descubren nada de provecho.

Se levanta el dispositivo. Aunque es el jefe de la unidad, Izquierdo ayuda a sus compañeros a recoger los conos porque todos ellos forman un equipo con mayúsculas. «Somos trece agentes que mantenemos una amistad fuera del trabajo, y eso se nota luego en el día a día. Somos una piña», remarca.