Convento de la Purísima Concepción o de las Benitas, cerrado el 22 de marzo de 2019
Convento de la Purísima Concepción o de las Benitas, cerrado el 22 de marzo de 2019 - Luna Revenga

Un equipo para salvar los conventos

Ha nacido en Toledo el Observatorio «Claustra», formado por 69 profesionales de diferentes ámbitos que busca preservar estos monumentos

ToledoActualizado:

Cuando el 22 de marzo cerraba sus puertas el convento de las Benitas, el último de una larga lista que en los últimos años se han visto obligados a echar el cierre en la ciudad de Toledo. Ese día, con una misa a las cinco de la tarde, en la iglesia del convento también llamado de la Purísima Concepción —ubicado en la Bajada del Barco, número 9—, las monjas de la orden Benedictina se despidieron de los parroquianos del barrio que acudían a los oficios religiosos celebrados allí.

Atrás quedan más de cinco siglos de vida, desde que en 1487 se fundara este colegio de beatas, al lado de otro centro conventual, el de San Pablo, que ya en el siglo XVII se acogieron a la regla de San Benito. Parece ser que en esa misma época, bajo el mandato del arzobispo de Toledo Pascual de Aragón (1666-1677), se construyó el actual convento y la iglesia, en cuya portada principal está la imagen de la Purísima Concepción, advocación del templo y de la hermandad.

Con el fin de rescatar todo este patrimonio, activar la vida de las comunidades religiosas y contribuir a la preservación de los conventos, una agrupación de 69 investigadores y especialistas del mundo universitario —historiadores, teólogos, arquitectos, juristas, archiveros y responsables de museos— han creado el Observatorio «Claustra», que hace una semana se presentó en Toledo. Así lo explica a ABC el catedrático en Historia Moderna y profesor de la Facultad de Humanidades de Toledo de la Universidad de Castilla-La Mancha, Francisco José Aranda, quien alerta del «serio riesgo» que corren muchos de estos centros conventuales, si no se toman medidas.

A su juicio, «Toledo ha albergado y alberga todavía uno de los mayores conjuntos de monasterios y conventos de órdenes religiosas católicas de la cultura occidental cristiana, sólo comparable con el de Sevilla, con la que tendremos que compartir información y experiencias». En concreto, de los 24 conventos masculinos que existieron en la ciudad, tan sólo tres se mantienen: el convento franciscano de San Juan de los Reyes, el de los Carmelitas Descalzos del Espíritu Santo y el monasterio de San Bernardo de Monte Sión. El último que cerró, sin embargo, fue el de la Compañía de Jesús en 2014.

Convenro de las Capuchinas, en Toledo, vaciado en 2019
Convenro de las Capuchinas, en Toledo, vaciado en 2019 - Luna Revenga

Por lo que a los conventos femeninos se refiere, de los 28 que había en Toledo quedan sólo 12, menos de la mitad, cuatro de los cuales han desaparecido recientemente. Aparte del de las Benitas, cerrado en marzo de este año, se ha vuelto a vaciar el de las Capuchinas en 2019, el de las hermanas franciscanas de Santa Clara la Real en 2016 y el de las agustinas de Santa Úrsula en ese mismo año. Como contrapartida, este año las Carmelitas Descalzas han vuelto a ocupar el centro conventual de San José.

Subsistencia precaria

En total —indica el historiador toledano—, Toledo, a día de hoy, «cuenta con 15 monasterios y conventos, ni más ni menos. Pero, desgraciadamente, la mayoría de ellos subsisten en precario», a los que hay que sumar otros 30 centros conventuales más repartidos por la archidiócesis toledana. Este es el trazo grueso, pero detrás está el brutal descenso de la población de las comunidades religiosas en Toledo. Según informa Aranda, de los dos millares de religiosos que existían en el siglo XVII se pasó a menos de medio millar en el siglo XIX, 350 en el XX y a poco más de 180 monjes y monjas en la ciudad en el XXI. «La disolución de las comunidades es el doloroso prolegómeno de la progresiva desaparición de los conventos», alerta el catedrático.

El Observatorio «Claustra» se distribuye en tres grupos: uno dedicado al patrimonio material e inmaterial de los conventos de Toledo y su diócesis, otro dedicado al análisis arquitectónico y urbanístico, y un tercero en relación con el marco jurídico de las instituciones religiosas y la defensa de su patrimonio cultural. Entre sus objetivos, destacan la elaboración de un estudio histórico y completar el inventario y la catalogación de los edificios, ajuares monásticos, tradiciones musicales, archivos y bibliotecas conventuales.

Asimismo, pretenden realizar una serie de diagnósticos de la situación actual mediante encuestas e informaciones tanto escritas como orales y crear una base documental de lo que se ha hecho. Además, quieren elaborar una lista de prioridades, así como sistematizar los recursos jurídicos para la conservación y viabilidad del patrimonio cultural. En opinión de Aranda, «se han hecho muchas actuaciones, pero algo deslabazadas»

El Observatorio «Claustra» también propone diseñar protocolos de actuación en el caso de que algunas instituciones estén en peligro y establecer un plan de intervención jurídica, otro de actuación socioeconómica y la preparación de planes alternativos cuando se produzca el cierre, buscando otras funciones o usos.

El catedrático en Historia Moderna hace hincapié en el fomento de la participación ciudadana y aboga por activar «todo lo posible» la vida de los conventos llevando a cabo debates, foros y actividades culturales como museos de la vida contemplativa; exposiciones, conciertos y rutas turísticas. Todo ello, apostilla, en colaboración con los responsables eclesiásticos y con las instituciones civiles que tienen que velar por la conservación del patrimonio.

Esto es algo que se echó en falta durante la presentación del Observatorio «Claustra», a la que no acudió ningún responsable político, que se estaban preparando para la pegada de carteles que abría la campaña electoral para las elecciones generales del 28 de abril. Ojalá que los partidos atiendan los problemas de los conventos y los incluyan en sus programas electorales.