Motilla del Azuer, en Daimiel
Motilla del Azuer, en Daimiel - Ministerio de Fomento

La Cultura de las Motillas en La Mancha

Hace 3.000 años, en plena Edad del Bronce, se dieron unos asentamientos humanos muy curiosos que sirvieron para extraer agua subterránea en periodo de sequía

Ciudad RealActualizado:

La historia de la humanidad está íntimamente ligada a los ríos, ya que el agua es vital para la existencia de todos los seres vivos. Toda persona que haya pasado por la escuela habrá escuchado que los primeros asentamientos humanos se dieron en el 3000 a.C. en Mesopotamia (del griego Μεσοποταμία, que significa «entre ríos»), en una zona ubicada entre los ríos Tigris y Éufrates, en lo que hoy es Iraq y parte de Siria.

Pero quizás mucha gente desconoce que 1.000 años después, en plena Edad del Bronce, en lo que hoy es la comarca de La Mancha, se dieron un asentamientos humanos muy curiosos e importantes en torno a lo que actualmente se conoce como motillas, construcciones que sirvieron para extraer agua subterránea en un periodo de sequía. Salvando las distancias, los pobladores de ese tiempo tuvieron que hacer frente a una situación parecida a la que hoy vive la región.

Según asegura Gonzalo Aranda Jiménez, profesor titular de Prehistoria de la Universidad de Granada, la Edad del Bronce en La Mancha, también conocida como Cultura de las Motillas, «es probablemente uno de los desarrollos culturales más originales y particulares de la Prehistoria reciente de la Península Ibérica». Y el desarrollo de la investigación en las últimas décadas no ha hecho más que confirmar estas primeras valoraciones.

32 yacimientos arqueológicos

Se tiene constancia de 32 yacimientos arqueológicos, de los cuales 29 se encuentran en la provincia de Ciudad Real, uno en la de Toledo, otro en la de Cuenca y otro más en la de Albacete. De la diversidad de yacimientos documentados destacan especialmente los conocidos como motillas. Se trata de un tipo de asentamiento localizado en zonas de llanura en el entorno de cauces fluviales o zonas lacustres, que son fácilmente reconocibles en el paisaje porque aparecen como montículos artificiales que llegan incluso a superar los 10 metros de altura, informa Aranda Jiménez.

Destacan las motillas de Las Cañas (Daimiel), Los Romeros (Alcázar de San Juan), Los Palacios (Almagro), El Retamar (Argamasilla de Alba), El Acequión (Albacete) y, muy especialmente, en El Azuer (Daimiel). En esta última es donde se descubrió en 2005 una de las principales características de estas construcciones, ya que en el interior de su recinto monumental se documentó un pozo de grandes dimensiones que perforó la terraza aluvial hasta alcanzar el nivel freático.

Miguel Mejías y Luis Benítez de Luego, autores de un estudio sobre las motillas
Miguel Mejías y Luis Benítez de Luego, autores de un estudio sobre las motillas - M. Cieza

Precisamente esta semana se ha presentado un libro, cofinanciado al 50 por ciento por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), que pretende arrojar algo de luz sobre este fenómeno cultural. Bajo el título «Arqueología, Hidrogeología y Medio Ambiente en la Edad del Bronce de La Mancha: la Cultura de las Motillas», este estudio multidisciplinar aborda este asunto desde diferentes puntos de vista, ya que se han sumado investigaciones astronómicas, climatológicas y geológicas a las arqueológicas.

Han trabajado en este libro, que recoge los resultados de investigaciones desarrolladas en 2014, Miguel Mejías, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME); Luis Benítez de Lugo, de la Universidad Autónoma de Madrid y UNED; José Antonio López Sáez, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y César Esteban, del Instituto de Astrofísica de Canarias.

Respuesta a la aridez

«Sabemos que estas construcciones de las motillas son la respuesta de los habitantes de La Mancha en torno al año 2000 y 1800 a.C. a un problema de extrema aridez y tremenda sequía prolongada en el tiempo durante siglos», afirma Miguel Mejías, uno de los autores. Debido a esta situación, según explica, el agua dejó de correr por los cauces superficiales de muchos ríos y arroyos, y los pobladores de esta región pensaron, de forma empírica, que el agua debía estar en el subsuelo.

Este libro baraja la hipótesis de que en cada motilla había un pozo que daba acceso al agua subterránea. El estudio ha analizado el caso de cuatro de estas construcciones -la del Cura (Daimiel), la de Retamar (Argamasilla de Alba), la de Santa María (Argamasilla de Alba) y la del Acequión (Albacete)- y en todas ellas se ha llegado a esta conclusión gracias a investigaciones geofísicas. Además de esta red de pozos, se construyeron túmulos, monumentos orientados a los astros, en los que se realizaron complejos rituales, depositaban ofrendas o enterraban a los difuntos.

Mejías cuenta que estas motillas no solo servían para abastecer de agua a las personas y animales, sino que también se ha observado alrededor de las construcciones sistemas de regadío, lo que hace pensar en un desarrollo social y cultural en la comarca de La Mancha en la Edad del Bronce. Eran como «grandes oasis» alrededor de los cuales se asentaba la población manchega de aquel tiempo, señala.