Antonio Lázaro - ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Antonio Pérez: los dioses en la mirilla

Un poderoso imán lo condujo a Cuenca, en la que ha plasmado su gran proyecto, su Fundación

Antonio Lázaro
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En su juventud de Andarríos, Antonio Pérez se lanzaba a recorrer los ríos desde su nacimiento a su desembocadura, ligero de equipaje, machadiano: una mochila abandonada por los italianos en la desbandada de Guadalajara, una buena manta zamorana y la bendita carga de libros. En una de esas andaduras, haciendo el Tajo, le apeteció conocer Cuenca. Su encuentro con el escultor Miguel Berrocal propició el conocimiento de dos artistas decisivos en su trayectoria: Antonio Saura y Manolo Millares. A partir de ahí, su vínculo con el Grupo El Paso y con Cuenca sería indeleble. Como el gran escritor barroco de Sigüenza José de Villaviciosa, un poderoso imán lo condujo a Cuenca, en la que ha plasmado su gran proyecto, su Fundación, este ciudadano del mundo.

-Yo empecé a dibujar de niño en Sigüenza. En la tienda de comestibles de mi padre dibujaba en el papel de estraza de envolver. Pero al conocer a estos grandes pintores, y luego amigos, decidí dejarlo: que pintaran ellos, en plan unamuniano.

Había estudiado Letras en una promoción si no áurea, sí desde luego plateada de la Universidad central. Tan rebeldes como leídos, inquietos y creativos. Pepe Esteban, Fernando Sánchez Dragó... Firmaba sus poemas vanguardistas como Pérez&Pérez y, a caballo entre las artes y las letras, empezaba a encarnar ese soñado y utópico falansterio de artistas y literatos.

En París, primero, en la editorial Ruedo Ibérico (a la que dio el nombre como homenaje a Valle-Inclán), juntando a escritores sociales con portadistas de lujo y de vanguardia como Millares. Luego, ya en Cuenca, desde su sello editorial Antojos. Antonio no quiere dejar de acordarse en este punto del serígrafo y pintor conquense Javier Cebrián, estampador de casi todos sus libros.

Los pintores le consultaban antes de inaugurar exposición. Era para ellos una especie de coach, casi un gurú. En alguna ocasión, su dictamen acerca de tal o cual obra suscitaba recelos o contrariedad, y aun disgusto, en el pintor. Había que combinar buen criterio y dosis de diplomacia. Si no tan exagerado como el del poeta, el ego del artista está siempre ahí, al acecho.

Otra de sus grandes pasiones ha sido, y es, desde chico, la de los objetos encontrados. Sus exposiciones personales y su Fundación han hecho mucho por conseguir el reconocimiento artístico para una disciplina que ya gozaba de él hace décadas en otros países europeos y en USA. Desde muchacho, los bolsillos de sus pantalones de pana reventaban de fósiles, de piedras, de palos y metales que se le antojaban recuperables para el arte. De hecho, no solo su Fundación, también su casa está atestada de estos objetos redimidos, a los que luego se han ido incorporando productos e iconos de la cultura pop contemporánea (como el entrañable Michelín, una de las estrellas de la Fundación).

-Ante todo, siempre tuve debilidad por los vilanos.

Los vilanos son esos graciosos remolinos de algodón que inundan el aire de campos y parques en verano y que algunos confunden con el polen. Antonio Pérez descubrió su hipnótica cualidad estética, atrapándolos en tarros de cristal.

Sobre sus tempranas inclinaciones literarias, Pérez pasa como de puntillas. No es que no hable de ellas, que lo hace, pero enseguida se desvía a sus aficiones librescas o se encubre en los grandes nombres que ha tratado. Temprano admirador de Blaise Cendrars, al que tiene por escritor cubista, osó corregir ciertas inexactitudes del célebre Viaje a la Alcarria de Cela. Nuestro Nobel no solo no se enfadó sino que se lo agradeció. Hasta proyectó una edición enmendada en sus Papeles de Son Armadans, que no vería la luz. Fue asiduo del último Baroja y conoció a Hemingway. El hoy injustamente denostado César González Ruano, entonces gran gurú de las letras y el periodismo españoles, elogia en su Agenda íntima la preparación y vocación literarias de Antonio.

Pero A. P. siguió transitando los procelosos guadianas que conectan arte y literatura, y plasmó en Cuenca esas andaduras hasta abocar en ese singular espacio de arte contemporáneo que es la FAP. Al preguntarle por el rol de la FAP en la efeméride del medio siglo del Museo de Arte Abstracto Español, es concluyente:

-Desde luego, vamos a participar y lo vamos a hacer con una magna exposición monográfica.

Pero subraya que su colección incluye informalismo español, ámbito específico del Museo instalado por Zóbel en las Casas Colgadas, pero también otras muchas cosas: pop, expresionismo, figuración, arte africano (cerca del centenar de piezas). Sus treinta salas ofrecen un sinfín de sorpresas plásticas. Entre otras, la sala Millares, un deslumbrante conjunto de obras originales del artista canario, a la que la efeméride revalorizará sin duda. Pero la FAP guarda otras sorpresas en su sede del Convento de las Carmelitas en Cuenca. No tanta gente como debiera sabe que uno de los espacios de referencia para comprender el Grupo COBRA (equivalente nórdico de El Paso y acrónimo de Copenhage, Bruselas y Amsterdam) está en la Fundación, con sus varias decenas de obras (dibujos y lienzos) del gran Lucebert y sus fondos documentales.

Recuerda Antonio cuando en compañía de Jesús Carrascosa (director de la Fundación desde su inicio y actualmente, viceconsejero de Cultura de Castilla-La Mancha) viajó hasta Amsterdam para gestionar con la viuda del artista la adquisición de algunas obras. Ella los dejó elegir. Cuando acabaron, les dijo que eran los mejores cuadros, los que ella tenía reservados como legado para sus hijos. Antonio propuso variar la selección pero ella accedió a ceder justamente esas piezas: las que hoy día perpetúan desde Cuenca la memoria del gran pintor y poeta neerlandés.

Un total de cuatro mil piezas entre cuadros, dibujos, obra gráfica, escultura y objetos encontrados conforman la torrencial colección de la FAP, que debería figurar como visita recomendada a todos los escolares de Castilla-La Mancha. Ante todo, porque hace realidad el adagio latino de aprender divirtiéndose.

La visita, esta visita, toca a su fin. Le pregunto a Antonio por las nuevas tecnologías. ¿Le interesan? ¿Cómo se maneja con ellas? ¿Sigue el arte en las galerías y catálogos impresos o se ha trasladado a otros espacios virtuales? Acerca de lo último, es concluyente: el arte sigue y seguirá vinculado a un espacio físico, tangible. Pero las nuevas ventanas y soportes vienen a complementar, a intreraccionarse, a añadir otros ámbitos y perspectivas. Y añade:

-Soy y siempre he sido un fan del videoarte, no es de ahora. Claro que me interesan las nuevas tecnologías, las redes, todo eso, y estoy al tanto de cuanto sucede a través del equipo de la FAP. Pero me pasa como con los coches, que me encantan pero no sé conducir...

POR ANTONIO LÁZAROPOR ANTONIO LÁZARO