Sobre el divorcio de Doña Elena

Sobre el divorcio de Doña Elena

POR BEATRIZ CORTÁZAR
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Dos años van a cumplirse del anuncio del «cese temporal de la convivencia» de los Duques de Lugo. Si bien es verdad que varias habían sido las veces en las que se había hablado sobre la posibilidad de ruptura matrimonial, lo cierto es que hasta que no llegó ese anuncio los desmentidos no oficiales habían sido la tónica general.

Pero desde que se utilizó esta singular terminología para describir la nueva situación de la Infanta y Jaime de Marichalar mucho han cambiado las cosas. Esta semana Doña Elena ha empezado a trabajar en la Fundación Mapfre, como directora de Proyectos Sociales, y ha protagonizado su primer acto oficial durante la gala del 75 aniversario de esa aseguradora, acto que contó con la presencia de los Reyes que arroparon a su primogénita en su debut. También en breve Doña Elena estrenará el nuevo ático que tiene en el barrio de Niño Jesús, donde está haciendo una serie de reformas para mudarse con sus hijos y dejar la casa que ocupa desde que salió del domicilio conyugal, propiedad de Marichalar.

Por el tiempo transcurrido, por su nuevo trabajo (hasta la fecha se había dedicado a la guardería que montó con unas amigas) y su correspondiente salario, por ese nuevo inmueble en el que va a vivir y porque no hay ninguna señal (más bien todo lo contrario) de que el matrimonio pudiera recuperarse es por lo que se está hablando sobre el inminente anuncio de divorcio de los Duques de Lugo y hasta ya se han dado los nombres de los abogados que defenderían sus intereses a la hora de llegar a un acuerdo.

Pues a pesar de que se ha comentado en distintos medios que el despacho Uría y Menéndez se encargaría de la Infanta (cosa nunca confirmada por ese bufete) fuentes cercanas me aseguran que de haberse iniciado algún trámite sería más bien el letrado José Manuel Romero, conde de Fontao, quien seguramente se encargaría de Doña Elena puesto que, entre otras cosas, es asesor jurídico de la persona, familia y Casa del Rey desde 1993, persona leal y sumamente discreta y de ahí que goce de toda la confianza de Don Juan Carlos y su familia. Lógicamente ningún abogado va a decir nunca quién es su cliente y qué asuntos lleva, salvo deseo expreso de su representado, pero mis fuentes me insisten en lo mismo: en el caso de haberse iniciado algún trámite sería el conde de Fontao quien se encargara de ese caso. También me aseguran que antes del divorcio es más probable que se legalizara la separación (ante la Ley los Duques siguen figurando como matrimonio) puesto que un divorcio implicaría romper definitivamente el vínculo y por ende Marichalar dejaría de ser Duque de Lugo y perdería ciertos privilegios que aún conserva. Ya se sabe que en palacio las cosas van despacio y dado que nada indica que los Duques tengan problemas a la hora de organizar sus acuerdos económicos y visitas con los hijos sin necesidad de firmar documentos, el divorcio podría ir precedido de una separación menos traumática y rompedora.

Cambiando de tercio, dicen que en epoca de crisis suben las faldas y el lujo permanece en su cotización. Esta semana acudí a la Bienal de Anticuarios de París, donde la firma Cartier tiene un impresionante «stand» con las joyas de su última colección inspiradas en el dragón (el poder de Oriente marca tendencia) y las piezas históricas que recuperan por las subastas y que luego restauran gracias a la ayuda de los archivos que figuran en su poder. Simoneta Gómez Acebo trabaja para Cartier desde hace más de quince años y sabe perfectamente lo que supone la historia y el presente de una casa que guarda en su museo propio algunos iconos que ya son leyenda, como las pulseras de Gloria Swanson en diamantes y cristal de roca, la colección creada para María Félix, que Cartier compró a sus herederos tras su muerte, o el famoso broche de pantera sobre zafiro de Wallis Simpson. Un placer aunque sólo sea para mirar.