Imagen del pasado diciembre, durante una visita de Sánchez a La Moncloa
Imagen del pasado diciembre, durante una visita de Sánchez a La Moncloa - M. Balanya

Rajoy cree que, si hay elecciones, habrá una gran coalición en septiembre con PSOE y Ciudadanos

El PP no entregará la cabeza de su líder si Ferraz la exige como condición para pactar

MadridActualizado:

El jueves fue un buen día para Mariano Rajoy. Unas horas antes había demostrado de forma indirecta con su comparecencia en el Congreso para hablar de los refugiados que entre Albert Rivera y Pablo Iglesias, los potenciales socios del Gobierno que busca Pedro Sánchez, hay más distancia que entre PP y Podemos. Además, se confirmaron sus sospechas que le llevaron a rehuir en primera instancia su presencia en la Cámara: la oposición solo quería usar su intervención parlamentaria para hablar de política doméstica y cargar contra su Ejecutivo, y no para debatir sobre la precaria situación de los inmigrantes reenviados a Turquía. Así se lo hizo llegar a su equipo, entre los que había oído voces contrarias al portazo a la petición de los grupos y, en general, a su posición «inmovilista» tras las elecciones generales.

Por si fuera poco, la «burla» del encuentro a tres bandas y la comparecencia el viernes del núcleo duro de Iglesias cargó de razón al presidente en funciones, persuadido de que las posturas irreconciliables de las dos formaciones nuevas iban a dejar malparado a Pedro Sánchez y abrir un horizonte electoral inevitable. «Rajoy ha defendido, incluso contra el desánimo de parte de su entorno, que las elecciones marcarán un punto de inflexión; entonces el acuerdo de los partidos constitucionales será la única solución», confiesa un alto cargo del Ejecutivo.

No obstante, hará un último intento llamando a Sánchez en los próximos días para evitar las urnas. Pero si, apuntan en su entorno, hay contactos sobre la base de la carta que enviaron a los partidos PSOE y Ciudadanos el 8 de marzo, el PP exigirá siempre que el más votado dirija el Gobierno, lo que acabaría con el sueño de Sánchez.

No son pocos los socialistas –algunos con mando en el grupo parlamentario– que en conversaciones privadas ya han manifestado a diputados del PP que con este fracaso «en el partido ya no habrá razones para no explorar una gran coalición tras los comicios del 26 de junio». Esto es, en Ferraz ya se trabaja con esta hipótesis que se niega en público, abonada además por las malas perspectivas electorales que todas las encuestas arrojan para Sánchez: lejos de su objetivo de consolidar su papel institucional, podría ser penalizado por los bandazos en las negociaciones.

Rajoy tiene datos de que el malestar interno en el Comité Ejecutivo y, fundamentalmente, entre los socialistas andaluces que dirige Susana Díaz es cada vez mayor. En esas filas, se acusa «el fracaso internacional» del PSOE, que había intentado emular a los socialistas portugueses, encaramados al poder con un pacto de izquierdas que defenestró al partido de centro-derecha ganador de las elecciones, y se reprocha el «desliz imperdonable» de Sánchez reclamando la intermediación ante Podemos del primer ministro griego, Alexis Tsipras, que fue contestado con un rotundo no del líder amigo de Pablo Iglesias. El «ridículo» internacional de la estrategia de Sánchez solo podría neutralizarse, estima un alto cargo andaluz, «con una decisión responsable y coherente con su posición institucional», que señala a la gran coalición con PP y Ciudadanos.

El fracaso de Sánchez en el acuerdo a tres, con la inclusión de Ciudadanos para «blanquear» su alianza con un partido como Podemos que defiende el referéndum de independencia para Cataluña, ha encendido todas las alarmas entre la mayoría de los barones que, a regañadientes, le dieron un voto de confianza para explorar un pacto de Gobierno, siempre que la formación de Rivera hiciera más digerible el acercamiento.

«Iglesias, más coherente»

Desde Génova se apunta a Albert Rivera como el gran traicionado, pero, como expresaron los vicesecretarios Maillo y Casado antes de la reunión del Congreso, es Sánchez «el Judas de esta historia». La percepción del Gobierno es que el líder socialista ha comenzado un camino «hacia el suicidio, tras su intento de hacer olvidar el resultado que arrojaron las elecciones». De hecho, el PP ha incrementado sus ataques a Ferraz y levantado el pie de sus acusaciones a Podemos, del que la consigna es decir que «es el partido más coherente con su programa radical y fuera de la Constitución, lo que no se puede decir del PSOE, una fuerza hasta ahora de Gobierno». En fuentes populares se estima «casi imposible» que las bases de la formación morada «avalen» en la consulta de esta semana la abstención de sus casi setenta diputados, representantes muchos de las confluencias que plantean la división de España.

No a la retirada de Rajoy

La estrategia de «dejar hacer» de Rajoy es interpretada ahora en clave positiva, incluso por los miembros de su Gobierno menos convencidos con la renuncia al encargo del Rey de intentar la investidura. Uno de ellos lo explica así a ABC: «Al principio muchos no lo entendimos, pero está claro que cuando los electores tengan que votar de nuevo tendrán muy claro quién ha mareado la perdiz demostrando que es muy poco serio, y quién fue vetado».

Los populares también son conscientes de que un Partido Socialista más flexible al acuerdo con el otro gran partido constitucional requerirá de renuncias también por parte de Génova. En este punto, fuentes del partido no descartan que, si se repiten los comicios, el Comité Federal levante la línea roja actual «de no pactar con el PP» exigiendo el cambio de liderazgo de Rajoy. El propio presidente es consciente de esta condición, esbozada ya por Rivera en el debate de investidura. Sin embargo, en las filas populares se contemplan cesiones programáticas que acerquen la gran coalición a los 200 puntos pactados por PSOE y C’s, pero se descarta «un paso al lado de Rajoy», toda vez que la estrategia del presidente se ha demostrado como la «más razonable» de cuantas se han puesto sobre la mesa desde el 20-D.