El expresidente del Gobierno José María Aznar (i), y el expresidente del PNV, Xabier Arzalluz (d), quien falleció ayer - EFE

Muere a los 86 años el expresidente y líder histórico del PNV Xabier Arzalluz

Su repudio a España no le impidió negociar con Madrid a cambio de más autonomía

Bilbao Actualizado: Guardar
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Hace ahora un año, en un acto en homenaje a su persona celebrado en San Sebastián, Xabier Arzalluz proyectó por última vez en público su deseo de hacer del País Vasco un Estado independiente. Otra cosa, añadió, es el cuándo y el cómo. «Eso ya lo verá el PNV», dijo el histórico dirigente nacionalista, que dejó en manos de sus sucesores el legado de sus más de cuatro décadas de trayectoria política . Una carrera de claros y sombras que quedó esencialmente manchada por su ambigüedad frente al terrorismo de ETA y su indisimulado desprecio hacia lo que no bebiera de su tesis soberanista. A sus 86 años, el expresidente del PNV murió ayer en Bilbao tras sufrir en los últimos días un empeoramiento de salud.

El PNV, partido que presidió durante cerca de dos décadas de forma ininterrumpida, confirmó este jueves la muerte de Arzalluz, a quien definió como «una persona, un jeltzale y un abertzale ejemplar». La formación se sumó al dolor de la familia y los amigos del histórico dirigente en un día «de máxima tristeza». El funeral se celebrará este sábado en la parroquia San María del Real de Azcoitia, el municipio de Guipúzcoa en el que nació en 1932.

Aclamado entre las filas nacionalistas por su capacidad de liderazgo y su oratoria, Arzalluz supo marcar los tiempos para negociar a su favor con las formaciones constitucionalistas en Madrid sin necesidad de suavizar el discurso con el que avivaba el fervor soberanista de su militancia. Con la etiqueta de víctima de una España a la que no dudó en repudiar, el expresidente del PNV vendió su apoyo a los Gobiernos de Felipe González y José María Aznar a cambio de mejoras en el autogobierno vasco y el Concierto Económico.

Acercamiento a ETA

La sintonía con el gabinete de Aznar se apagó a raíz del llamado «Pacto de Lizarra», suscrito en 1998 por el PNV y otras fuerzas de índole nacionalista, con el que se abrió paso a un proceso de negociación incondicional con los terroristas a cambio de un alto el fuego que apenas se alargó durante un año. No fue el primer contacto de Arzalluz con la banda terrorista, frente a la que mostró una actitud ambigua a lo largo de su trayectoria política.

Su acercamiento a los postulados etarras constituye uno de los puntos más lóbregos de Arzalluz, que deja para la hemeroteca una larga lista de declaraciones tan polémicas como hirientes para las víctimas de la banda. «Me pregunto si lo que molesta de ETA es el tiro o la finalidad», o «No creemos que sea bueno para Euskal Herria que ETA sea derrotada» son tan solo algunos ejemplos del controvertido carácter del nacionalista, que tampoco dudó a la hora de azuzar a su partido contra los políticos de Madrid, en especial contra Aznar, a quien definía como un «tocho» dispuesto a instaurar «un régimen igual que el de Franco pero sin armas».

Su animadversión hacia la clase política era extensible al resto de la población: «En una Euskadi independiente, los españoles serían tratados como a los alemanes en Mallorca», llegó a decir en una entrevista Arzalluz, que defendía la existencia de una «Euskal Herria» con «raíces propias» e identificables «desde la prehistoria».

Un «gigante abertzale»

La muerte de Arzalluz sorprendió a los principales líderes del PNV en Madrid, donde este jueves el lendakari declaró como testigo en el juicio por el «procés». Desde la capital española, Iñigo Urkullu ensalzó al expresidente nacionalista, un «maestro de la política, militante y dirigente ejemplar» que ha dejado como legado su «pasión por Euskadi». Por su parte, el actual líder del partido, Andoni Ortuzar, destacó el «gran trabajo por la patria» de un «gigante abertzale» con el que estará siempre «en deuda».

A lo largo de la tarde, responsables políticos de diversos partidos se rindieron a la figura de Arzalluz. Entre ellos, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que desde las redes sociales alabó la «figura histórica» del nacionalista.