El Rey y Ana Pastor, este domingo en el Palacio de la Zarzuela, durante la firma del Real Decreto con el nombramiento de Rajoy como presidente del Gobierno - EFE

El entorno de Rajoy cree que podría haber un Gobierno con «grandes cambios»

En La Moncloa no descartan que se tiente a alguien de la sociedad civil

MadridActualizado:

Los primeros sorprendidos cuando Mariano Rajoy anunció que no desvelaría la formación de su Gobierno hasta el jueves por la tarde fueron los de su propio equipo. No se esperaban que el presidente se tomara cinco días de reflexión para hacer pública la formación del Ejecutivo, y eso ha hecho disparar no solo los rumores, sino también los nervios entre muchos de los que le rodean.

Hace días, cuando a Alberto Núñez Feijóo se le formuló una pregunta sobre los planes de Rajoy, contestó así: «Cómo voy a saber yo lo que va a hacer, si seguramente no lo sepa ni el cuello de su camisa». Y esa es la realidad: solo Rajoy sabe lo que tiene previsto hacer. «Se puede hablar, hablar mucho y acertar a veces, pero no saber», resumía alguien muy próximo al presidente, que conoce muy bien cómo se las gasta el político gallego a la hora de hacer nombramientos.

Pero esta realidad no impide que su entorno político más próximo intente descifrar, como muchos otros, lo que esconden los tiempos, casi siempre enigmáticos pero a menudo certeros, de Rajoy.

Sorpresa por los tiempos

En La Moncloa tenían todo preparado desde muchos días antes para que este domingo pasado Rajoy pudiera jurar su cargo ante el Rey y, esa misma tarde, anunciar su Gobierno. Desde 1996, siempre se había hecho así, al día siguiente de una investidura. En pleno debate durante esta semana, les quedó claro que ya no iba a ser el domingo, y muchos dieron por hecho que sería hoy, lunes, cuando se formara Gobierno en España. También se equivocaron. Por eso, cuando Rajoy salió al pasillo del Congreso el sábado pasadas las ocho y media de la tarde, ya investido presidente, y afirmó que el jueves por la tarde anunciaría la composición de su Gobierno y el viernes los ministros tomarían posesión de sus carteras, la sorpresa fue mayúscula incluso en La Moncloa.

«Nos ha sorprendido a todos», reconocen fuentes del entorno del presidente del Gobierno. Los cinco días de reflexión les lleva a pensar que no va a ser un Ejecutivo tan «continuista» como se podía creer hasta hace poco. Al contrario, sospechan que Rajoy puede estar meditando una estructura de Gobierno y de áreas de gestión diferente a la actual, y que, en definitiva, quiere introducir «grandes cambios».

La razón de fondo hay que buscarla en la legislatura que se abre a partir de ahora, radicalmente distinta a la que Rajoy tenía por delante en diciembre de 2011, cuando llegó a La Moncloa por primera vez. Entonces contaba con una mayoría absoluta holgada en el Parlamento y manos libres para acometer las reformas que consideró necesarias con el objetivo de hacer frente a la crisis. Ahora tiene un Gobierno en minoría, en el que tendrá que ganarse los apoyos día a día, y en el que de entrada cuenta con el rechazo mayoritario de la Cámara. La abstención de 68 diputados del PSOE no confunde al Gobierno: los socialistas están en la oposición dispuestos a ponérselo difícil.

Mano tendida

En el entorno del presidente del Gobierno van más allá, y piensan que si Rajoy se toma estos días antes de anunciar su Ejecutivo es porque podría intentar tantear a alguien con un peso específico. No descartan que sea un independiente de la sociedad civil, o incluso que haga un último intento con alguien próximo a Ciudadanos, lo que enviaría un mensaje de mano tendida y de plena disposición a cumplir el acuerdo firmado con el partido de Albert Rivera, hasta sus últimas consecuencias.

Rajoy ha insistido en un mensaje a lo largo de todo el debate de investidura que es relevante: la estabilidad es «responsabilidad de todos». «Hoy trazamos el camino del futuro, de ese futuro del que, a falta de mayoría, nos hace a todos responsables. A todos nos compete asegurar para España no solo el instrumento de gobierno que precisa, sino su capacidad, que es tanto como decir su eficacia», advirtió el sábado durante su intervención en el Congreso.

Mucho más que un guiño

Su disposición al diálogo y al acuerdo quedó clara en el discurso del miércoles, en el que presentó su programa de Gobierno. En su debate con el PSOE, brindó a este partido la paralización de las reválidas como gesto de acercamiento y, en definitiva, de su voluntad de buscar puntos de encuentro para alcanzar un pacto por la Educación. En La Moncloa sostienen que fue más que un guiño, fue todo una declaración de intenciones, y no será la única que se formule.

Rajoy, advierten, quiere realmente involucrar a todos los partidos constitucionalistas en la tarea que hay por delante, y en la formación del nuevo Gobierno podría haber un mensaje nítido en esa dirección.

Hasta ahora, Rajoy no ha querido dar una sola pista sobre lo que tiene en mente para su nuevo Ejecutivo. En sus últimas comparecencias, el líder del PP insistió en que cuando tenga una decisión tomada el primero al que se lo comunicará será el Rey. Mientras tanto, no se lo dirá «a nadie». Ni siquiera quiso explicar si ve motivos para introducir grandes modificaciones en el que ha sido su Gobierno hasta este momento. El sábado por la tarde, a su llegada al Congreso antes de la votación definitiva, se le preguntó si tenía decidido ya su Ejecutivo, y contestó con un «sí, sí...», que sonó más irónico que otra cosa.

Gobierno «parlamentario»

La nueva situación política exige un Gobierno con un perfil muy determinado, según coinciden en señalar varias fuentes en La Moncloa. En primer lugar, debería ser un Gobierno «muy parlamentario», en el sentido más amplio de la expresión. La política se va a desarrollar sobre todo en el Parlamento, que puede convertirse en un muro de bloqueo para cualquier acción del Ejecutivo, o bien en el escenario de grandes acuerdos nacionales, como pretende Rajoy, según subrayó en el último debate. La acción parlamentaria de los grupos, pero también la cintura, la mano izquierda y la capacidad de negociación y de cesión del Gobierno serán determinantes. Eso sí, hay límites, como advirtió el presidente en el Congreso: está dispuesto a ceder, mejorar y corregir, pero no «a derribar lo construido» ni liquidar las reformas.

Ser un Gobierno «parlamentario» significa también que tendrá que estar dispuesto a comparecer a menudo. La oposición va a exigir la presencia del presidente y de los ministros en el Congreso sin pausa, y el PP no tendrá votos para frenarlo. En esa línea, los ministros deberán ser buenos parlamentarios y comunicadores, y no producir grandes rechazos. Se espera un Gobierno con un perfil muy político, porque es la hora de la política. «El Gobierno tendrá que ganar la batalla de la comunicación, no podrá permitirse los fallos que se produjeron en esta materia en la anterior legislatura», avisan desde dentro de La Moncloa. Si pierden votaciones, al menos tendrán que saber explicar las medidas a una «mayoría social».

Proyectos consensuados

El Ejecutivo deberá tener capacidad legislativa que concite mayorías. El proceso de diálogo se producirá, posiblemente, mucho antes de que los proyectos lleguen al Congreso. El diálogo tendrá que llevarse a cabo desde el primer minuto.

En el entorno del presidente del Ejecutivo esperan, pues un Gobierno que se mueva de forma ágil en esos tres terrenos: el diálogo y el acuerdo, el parlamentario y la comunicación. Algo que tendrá que equilibrarse con la gestión, «de poco sirve la política si no hay buena gestión». Por tanto, además de ser buenos políticos, los ministros deberán ser «buenos gestores», algo que fue, según consideran en La Moncloa, el «punto fuerte» del Gobierno saliente.