Novo Banco ha sido, y es, la mayor pesadilla financiera del país vecino desde 2014, aunque no la única
Novo Banco ha sido, y es, la mayor pesadilla financiera del país vecino desde 2014, aunque no la única - REUTERS

Novo Banco pide un rescate de 1.150 millones de euros al Estado portugués

La entidad acumula unas pérdidas de 5.000 millones de euros en los últimos cinco años

Corresponsal en Lisboa Actualizado: Guardar
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La sangría económica de Novo Banco, que hunde sus raíces en la bancarrota del extinto Espírito Santo, parece no tener fin. Las consecuencias de la nefasta gestión de Ricardo Salgado aún se dejan ver y ahora salen a la luz unas pérdidas de 1.150 millones de euros en el último año.

Esa es exactamente la cifra que reclama la entidad al Estado luso, a través del Fondo de Resolución, creado con el beneplácito del Banco de Portugal para intentar paliar la maltrecha situación del sector al otro lado de la frontera. Pero pasan los años y el panorama no mejora. Más bien al contrario.

Es la prueba de que el denominado «milagro portugués» no existe, en realidad, y las cuentas se basan en parámetros tan circunstanciales, aleatorios y volátiles que pueden saltar por los aires en cualquier momento.

De hecho, Novo Banco acumula unas pérdidas de 5.000 millones de euros a lo largo de los últimos cinco años y la apuesta para evitar un colapso del sistema en su conjunto le ha costado ya a Portugal 17.200 millones de euros.

Cansancio

Los ciudadanos del país vecino se muestran cansados de soportar el progresivo rescate, a razón de 1.800 euros por cabeza. Una contribución que exaspera a la población, sobre todo si tenemos en cuenta que el salario mínimo no pasa de 600 euros.

El principal comentarista político y económico en territorio luso, Marques Mendes, apunta su dedo acusador al ministro de Finanzas y presidente del Eurogrupo, el socialista Mário Centeno, de quien ha asegurado que «engañó a los portugueses» y ocultó los datos reales en relación a Novo Banco.

Se da la circunstancia de que la entidad fue vendida al fondo norteamericano Lone Star en un 75%, con una cláusula que establecía en 3.900 millones de euros el tope del dinero al que podía recurrir en las arcas del Estado en caso de necesidad. El otro 25% queda en manos del Fondo de Resolución, un consorcio integrado por otras entidades y gestionado por el Banco de Portugal

«Puede que sea legal, pero es profundamente inmoral», ha señalado Marques Mendes recogiendo el sentir de miles de portugueses. «Es mucho más cómodo echar mano del Fondo de Resolución que tratar de cobrar los créditos de difícil resolución», añade sin tapujos el expresidente del PSD, la formación conservadora que lidera la oposición.

Precedentes

Novo Banco ya precisó de una inyección de 792 millones de euros el año pasado, de modo que la suma con la petición actual totaliza más de 1.900 millones en dos años. La venta a Lone Star había sido autorizada por Bruselas, como opción más ventajosa para garantizar la viabilidad de la entidad financiera, que se fundó en 2014 con los activos saneados resultantes de la quiebra del Espírito Santo.

Pero, ¿en qué han quedado las palabras de la comisaria europea de Competencia, Margrethe Vestager? «Portugal decidió vender Novo Banco a un nuevo propietario privado, que va a proceder a su reestructuración con unos planes de gran envergadura. Es importante ahora que el nuevo propietario aplique sus planes de manera eficaz, para que el banco pueda apoyar a la economía portuguesa».

El montante de la adquisición quedó fijado en los 1.000 millones de euros a los que dio el visto bueno el Banco de Portugal. Una operación concluida muy por debajo de los 4.900 millones que hubo de poner sobre la mesa el Estado para evitar el colapso de la banca lusa cuando quebró el Espírito Santo.

Ha sido, y es, la mayor pesadilla financiera del país vecino desde 2014, aunque no la única (léanse Caixa Geral de Depósitos, Banif, BPI, Millennium BCP). Su vital importancia requirió la comparecencia del primer ministro, el socialista António Costa, a solo unas horas de cerrarse el tope para dar por zanjado un acuerdo y no alargar más la incertidumbre para los mercados.

Además de los 1.000 millones estipulados, la firma norteamericana se encargaría de efectuar inyecciones de capital por un valor global de otros 1.000 millones de euros. Pero no ha sido suficiente.

El Banco de Portugal, criticado por el Gobierno socialista a raíz de su papel, tuvo que salir al paso de la polémica creada con unas palabras tranquilizadoras: «Esto es un paso más en la estabilización del sector bancario nacional, para la cual es beneficiosa la diversificación de fuentes de financiación impulsada por la entrada de nuevos inversores. Este desarrollo permite también reforzar la credibilidad del sector gracias a este desenlace exitoso en un proceso de venta transparente, abierto y de alcance internacional a través del correspondiente concurso». A pesar de todo, Novo Banco no deja de tambalearse