Un hombre camina junto a una sucursal de Novo Banco en Lisboa
Un hombre camina junto a una sucursal de Novo Banco en Lisboa - Reuters

Así se gestó la presencia de Novo Banco en Venezuela

La entidad portuguesa, heredera del extinto Espírito Santo, financiaba desde 2010 a Petróleos de Venezuela, pero ahora un 75% de su propiedad está en manos del fondo estadounidense Lone Star

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El portugués Novo Banco, que heredó los activos saneados del extinto Banco Espírito Santo cuando cayó en bancarrota en 2014, es la entidad quefrenó el intento de transferencia millonaria (1.054 millones de euros) ordenada por Nicolás Maduro hacia Uruguay. Pero se da la paradoja de que actualmente solo el 25% de la firma permanece en manos del Estado luso, pues el restante 75% fue adquirido por el fondo norteamericano de capital riesgo Lone Star meses atrás.

De manera que la maniobra del dictador venezolano estaba condenada al fracaso ya que la Administración Trump rechaza de pleno cualquier posibilidad de financiación para el régimen bolivariano, incluso aunque sea de manera colateral.

Si Maduro se aferró a esta opción es porque pretendía pulsar las intenciones del Gobierno socialista de António Costa, sobre todo después de que sus socios comunistas expresaran su solidaridad con Caracas y en contra del opositor Juan Guaidó. Pero, finalmente, Portugal se sumó a la lista de países que reconoció a este último como presidente legítimo de Venezuela. En consecuencia, el aislamiento internacional de Maduro avanza en progresión geométrica.

Sus diatribas desesperadas y la encrucijada de difícil salida en la que se encuentra le llevaron a denunciar hace unos días que Lisboa «había secuestrado 30 millones de euros pertenecientes al pueblo venezolano y destinados a una red pública de autobuses», pero todo indica que se trataba de una estrategia destinada a tapar la realidad de utilizar Novo Banco como garante para una fuga económica de alta cuantía.

La voz de alarma saltó cuando el diputado y presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, Carlos Paparoni, denunció los movimientos urdidos por Maduro y solicitó al Ejecutivo portugués la protección de los activos venezolanos.

La presencia de Novo Banco en la antigua colonia española prolongaba la de su entidad de origen, el Espíritu Santo, que se instaló en Caracas en 2010 con el objetivo de financiar a la empresa estatal Petróleos de Venezuela.

Pero, hace menos de un año, la sucursal venezolana de la firma lusa fue vendida a la sociedad local Bancamiga, una transacción en la que intervino un bufete de abogados de alto nivel, al cual solía encomendarse el régimen de Maduro.

Desde 2017, unos 18.000 empleados bancarios han huido de Venezuela. Una clara muestra de que la emigración laboral va en aumento en ese conflictivo rincón de Sudamérica.

Los vínculos portugueses con Venezuela se personifican en los 300.000 ciudadanos lusodescendientes que venían residiendo en el país sudamericano, aunque el éxodo no ha hecho más que multiplicarse en tiempos recientes.