Futbolistas chinos en su país
Futbolistas chinos en su país
Amaño de partidos

Tráfico de futbolistas asiáticos, el desconocido negocio de las mafias de amaños

España deportará a jugadores de Segunda B y Tercera división tras ser utilizados para intentar engañar a clubes chinos

El manual para colocar jugadores asiáticos en España

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La investigación del Real Valladolid-Valencia de la última jornada de Liga ha desempolvado la lacra de los amaños, un mal enraizado en el fútbol pero solo la punta del iceberg de los oscuros negocios que las mafias de este deporte manejan en España. Un entramado para el que es primordial tener un club como tapadera, especialmente en las categorías semiprofesionales, donde el abanico para ganar dinero fácil resulta más amplio. Equipos en los que el arreglo de partidos termina ligado al tráfico de futbolistas con una valía cuestionable para cualquier director deportivo que no esté dentro de la red. Jugadores que en numerosos casos, principalmente asiáticos pero también de otras nacionalidades, pagan miles de euros por entrar en España, muchos de manera fraudulenta, para formar parte de un conjunto de Segunda B, Tercera o incluso divisiones inferiores. Esta importación de futbolistas supone una lucrativa vía de financiación, y en algunos casos de blanqueo de dinero, a la que la Policía sigue la pista. Según ha sabido ABC, una reciente redada en el Levante peninsular ha provocado la detención de varios futbolistas extranjeros que se encuentran ahora en un Centro de Internamiento de Extranjeros a la espera de ser deportados.

Para las mafias del fútbol, comprar un club es la vía más segura para establecer una base de operaciones que facilite la puesta en marcha de una serie de negocios irregulares interconectados que proporcionan grandes sumas a lo largo de una temporada. La fórmula para adquirir la propiedad se ajusta al mismo patrón y se inicia cuando intermediarios llaman a la puerta de entidades gestionadas por un grupo reducido de socios y sin deudas excesivas, preferiblemente de pequeñas localidades y con escaso apoyo social para que la formalización de la compra se cierre con el menor ruido mediático posible.

Tres tipos de «marquetas»

Asegurado el control de la junta directiva,  las organizaciones comienzan a desplegar sus operaciones, en primer lugar con la «marqueta», término italiano que hace referencia a la llegada de jugadores financiados desde el país de origen para ser «mostrados» y puestos en el escaparate. Estos «fichajes» de conveniencia encierran fines diferentes a los futbolísticos.

Las mafias, según explica a ABC una persona que ha participado en este tipo de operaciones, utilizan tres tipos diferentes de «marqueta». La primera, la más segura, es la contratación de futbolistas que viajan financiados desde su país de origen por familiares o fondos de inversión. Dinero que sirve a los compradores para afrontar el pago por la adquisición del club. Con el paso del tiempo, el objetivo será terminar introduciendo a muchos de estos chicos en los amaños de los partidos de su propio equipo.

Estas mafias son avariciosas por naturaleza y existe un segundo tipo de «marqueta» más evolucionada y arriesgada, donde ya es necesario contar con una infraestructura más compleja y en la que disponer de la propiedad de un club resulta primordial. Los futbolistas contratados en esta fase, controlados previamente por estas organizaciones, son fichados expresamente para participar en los amaños. Cuentan con la confianza de sus jefes y aquí entra en escena la presencia de los «pisos patera» de los que informó ABC hace unos días, viviendas en las que se agrupa a todo tipo de futbolistas.

A través de la convivencia diaria en estos pisos, los «infiltrados» obtienen información de la vida privada de sus compañeros que sus jefes pueden utilizar en un momento determinado para intentar captarlos con el objetivo de seguir ampliando los miembros de su red de amaños. Una tela de araña de podredumbre. Una vez dentro de la organización y ya acabada la temporada, las mafias distribuyen a los jugadores por otros clubes, lo que multiplica las opciones de arreglar resultados de partidos. Es el momento en el que los futbolistas entran a formar parte, según la jerga empleada por estas organizaciones, de «la movida» (término argentino de las apuestas).

La ambición de las mafias no se detiene y buscan nuevas vías para ganar dinero fácil. El tráfico de futbolistas, especialmente a través de Asia, es ahora un próspero negocio aunque estas organizaciones empezaron a desarrollarlo hace unos años. Surgió así el tercer tipo de «marqueta»: la contratación de jugadores, sin importar su nivel técnico, para promocionarlos y posteriormente venderlos. En este escenario surgen las «promotoras», empresas dedicadas a captar jóvenes en países como China. Un negocio para las mafias que, con la ayuda del club que dominan, gozan de cobertura para introducir fraudulentamente jugadores extranjeros.

En el fútbol chino, pasar por un campeonato tan reputado como el español abre muchas puertas a la hora de regresar y encontrar un equipo. Por ello son cada vez más las «promesas» que desembolsan cuantiosas cantidades por su estancia en un conjunto de Segunda B o Tercera división. No todo el dinero entra en España por los conductos reglamentarios y los investigadores policiales, según ha confirmado este periódico, están siguiendo la pista a sobres repletos de dinero salidos de un conocido polígono empresarial de Madrid con elevada presencia china.

Un plazo de 90 días

Esta creciente importación de futbolistas ha abierto otra vía de investigación, en este caso de la Brigada de Extranjería, al detectar clubes que hacen un uso desmedido de «cartas de invitación», documento que permite que un español o un residente legal solicite el acogimiento de un extranjero por un período no superior a 90 días con el compromiso de hacerse cargo de él. Tiempo suficiente para que las mafias, que pagan una cantidad a sus clubes por cada «carta de invitación» que presentan, hagan la esperada «foto» en España a los jugadores antes de revenderlos por un gran pellizco. Un negocio ahora vigilado que ha provocado que cinco futbolistas de un club del Levante español hayan sido trasladados al Centro de Internamiento de Extranjeros a la espera de ser deportados